¿Es un ave fénix o un ave de corral?

- Guillem López-Casasnovas
- Barcelona. Martes, 14 de julio de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 4 minutos
Como coautor del Informe Fénix, a estas alturas ya me interesa más qué hacemos a partir del debate generado por el Informe, que no la cura de las múltiples pruebas potenciales de su robustez, de química fina, que aun hechas con buena voluntad, a menudo acaban siendo instrumentadas para sembrar dudas sobre las conclusiones del Informe. Especialmente, si todo el movimiento negacionista que reacciona en un tema tan vivo lleva a esconder la cabeza bajo el ala para seguir con el business as usual, en lugar de intentar enderezar la situación. En todo caso, la confirmación sectorial, que da la evidencia disponible, creo yo, muestra la trampa con la que opera la economía en movimiento. Todo apunta a ratificar lo que denuncia Fénix de cómo algunas actividades que no paran de crecer son causantes de un cierto crecimiento con muy escasa productividad que no permite unos buenos salarios y así no traduce empleo en bienestar. Un modelo de crecimiento que confunde crecimiento con prosperidad. Con los dos criterios del informe Fénix (salario medio por debajo de 30.000 euros y exportaciones por encima del 30%), los sectores que absorben más empleo lo hacen con salarios prácticamente congelados, y el SMI los está atrapando por debajo. Para mí, el argumento principal queda validado.
Para dar robustez a la conclusión, pueden buscarse algunas variantes a la estimación, como puede ser si varía la muestra de países con la que se compara, si se diferencian plazos temporales diversos de análisis, ajustando estáticamente o dinámicamente por la composición sectorial de las economías, utilizar el referente por hora trabajada en lugar de por ocupado, o las más tradicionales de cómputo de los sectores analizados en contenidos diferentes el año base cien de la evolución, la valoración en términos corrientes o constantes, valorando al límite diferentes externalidades e impactos por aquello que quizás no recoge la productividad, e incluso, pasando de comparar niveles a tasas, y a diferenciales de crecimiento de tasas en el cierre de los gaps. En general, la comparación de productividad, aun variando los referentes, no cambia sustancialmente el diagnóstico principal del Informe Fénix. La economía catalana crece en volumen, muy poco en términos relativos, reales y sin cerrar el gap respecto a países de nuestro entorno.
Ciertamente, los países que ya tenían una productividad más alta (los 5 grandes países de la UE) tienen un crecimiento más bajo en los últimos veinticinco años. Este hecho no dejaría en tan mala situación la evolución de la productividad catalana. Pero no nos engañemos. La prueba del algodón es comprobar el mantenimiento de la diferencia en renta per cápita o en retribuciones por trabajador, que sigue siendo muy elevada. Por ejemplo, en el sector de las cárnicas, la retribución de los empleados daneses es hoy todavía tres veces superior a la de los ocupados catalanes en el sector. ¡Algo tendrá que ver el valor añadido! Notemos que hacer el análisis por la vía del VAB por hora trabajada podría traer resultados también de subida fake ante el elevado absentismo vivido. De nuevo, la prueba del algodón aquí es el nivel de renta por ocupado o per cápita. Si se desglosa el análisis por periodos temporales, prescindiendo de las ratios como algunos indican, habría, sin embargo, que hacer uso de la econometría, superando las correlaciones, ajustando las fases cíclicas por los factores que permitan separar cuestiones coyunturales de temas estructurales de productividad.
En cualquier caso, los cambios en la evolución de los balances empresariales por querer demostrar que, a pesar de todo, la economía catalana va bien, como otros apuntan, son equívocos. Los resultados de los balances empresariales marcando la distribución de los excedentes según porcentajes no dice nada en términos de rentas per cápita reales, ni de su distribución efectiva, que a nuestro entender sigue siendo la variable relevante. Y además, si la economía va bien, como se pretende, ¿por qué la distribución no lo refleja en el bienestar de la gente? ¿Un tiro en el pie ante la sociedad para quien se crea un buen empresario y un cuestionamiento a la línea misma de flotación del sistema?
Catalunya, ciertamente, tiene peor evolución de productividad respecto de la UE27 (que crece más, partiendo de niveles inferiores). Pero peor aún es el retraso en el crecimiento de nuestras retribuciones. Y, si a pesar de esta contención salarial, la competitividad de algunos sectores lleva finalmente a la deslocalización de algunas actividades comercializables hacia países pobres emergentes (Vietnam, Polonia, China), ¿qué servicio harán estos empresarios a la creación de prosperidad y bienestar del país? ¿El mantenimiento de los headquarters, solo? ¿Y hasta cuándo, dados los incentivos a las migraciones fiscales?
El ave no puede engordar más en base a un pienso insano low cost que coarta las ganas de volar
Los servicios tradicionales y personales son reconocidamente intensivos en trabajo, que, en la medida en que sean mal pagados, condenan su mismo bajo cómputo de VAB, ya que se valoran a su coste. El sector de la construcción también a estas alturas sufre niveles de productividad muy bajos. Sin capacidad de ajustarse a los cambios de demanda de edificación con fijos discontinuos (más allá de unas pocas grandes constructoras), optan por no crecer y hacer contrata externa de pequeños grupos de autónomos, que con toda seguridad tienen un potencial tecnológico bastante limitado.
Finalmente, el enfoque shift share para separar los componentes de la evolución de la producción de cada sector en la total, considerando los cambios de sus pesos relativos en volumen y la interacción entre las dos variables, parecería indicar un comportamiento peor de la industria respecto de los servicios tradicionales. Pero, examinando con cuidado los datos, esto se debe a la pérdida de peso de la industria y al aumento del sector servicios, que a nuestro entender es por donde llora la criatura. De hecho, la industria va bien en productividad, pero pierde peso. Y es la interacción con la pérdida de peso relativo lo que hace que, en conjunto, esta reste a la productividad global. Pero esto mismo es el resultado de la deriva propia del negocio fácil a corto plazo que representan los excedentes generados por determinados servicios, mencionados en el Informe Fénix. Ciertamente, el efecto precio protege a los sectores tradicionales en términos nominales más que en términos constantes, y en la medida en que resulten más protegidos de la competencia que de la industria, ya por el tipo de servicio personal, por subvenciones o ayudas recibidas, la diferencia se hará más grande. En cualquier caso, aceptamos, para este tipo de ejercicios, que el agregado "sectores de servicios tradicionales" no ayuda demasiado a un análisis más fino.
Nunca he tenido clara la metáfora del ave fénix, que tiene que quemarse toda ella para resurgir de las cenizas. Yo no pienso que hoy se tenga que dinamitar el turismo o alguno de los otros sectores cuestionados en el Informe Fénix, visto su peso sobre el PIB, para que la economía catalana supere el callejón sin salida de su baja productividad en el que se encuentra y que daña nuestra prosperidad. Mantener, por ejemplo, el turismo que ya tenemos, para mejorarlo y no aumentarlo, implica, pues, crecimiento cero. Este debería ser el objetivo para dar alas a otras actividades de mayor valor añadido. No crecer y crecer haciendo más de lo mismo. El ave no puede engordar más en base a un pienso insano low cost que coarta las ganas de volar de un economic spirit, que por la vía del "mañana será otro día", está haciendo de nuestra ave un ave de corral pesada que ya no sabe volar. Como los avestruces, quizás poniendo mucho tiempo la cabeza bajo el ala.