En los últimos tiempos, las familias españolas manifiestan reiteradamente que sufren un aumento sostenido en el coste de la vida. Evidencian que su cesta de la compra no deja de subir por unos u otros motivos: la pandemia, el estrangulamiento de las cadenas de suministro, el alza de los precios de la energía y las primeras materias, los diferentes conflictos bélicos, o la guerra comercial. El resultado siempre es el mismo: incremento de precios y deterioro de la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, haciendo que la positiva evolución de la economía general no se traslade completamente a las economías domésticas. En otras palabras, a pesar de que se pueda patentizar una evolución dinámica en términos macroeconómicos, la percepción de las familias es negativa, dado que el aumento de los precios ha deteriorado su poder adquisitivo. Esta sensación se ha extendido a toda la sociedad, convirtiéndose en uno de sus principales problemas y afectando de diversas formas: cambio en las pautas de consumo, incidencia sobre el ahorro y la deuda, repercusión sobre determinados componentes personales de gasto (vivienda, turismo, cultura…)...

El Índice de Confianza del Consumidor, que elabora el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), permite evaluar y hacer un seguimiento de las familias en este sentido. El informe del mes de junio patentiza que a un 15,9% de los hogares les resulta difícil llegar a final de mes, teniendo que recurrir a los ahorros o al endeudamiento, y un 28,4% llega justo, mientras que una tercera parte de ellas afirma que su situación económica ha empeorado en los últimos seis meses. De estas, un 59,9% lo explica por el alza continuada de los precios/inflación y un 17,4% por el aumento del gasto familiar. Por otro lado, un 28,0% de los que responden al CIS considera que la situación económica de su hogar empeorará de aquí a seis meses, en un 54,9% de los casos por la subida continuada de los precios/inflación y en un 16,9% por el incremento del gasto familiar. De hecho, un 62,3% de los participantes en la encuesta cree que los precios crecerán durante el año que viene más que en el último ejercicio.

Cabe decir que actualmente la cesta de la compra de los hogares españoles está configurada, según orden de importancia, por los capítulos de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles, de alimentos y bebidas no alcohólicas, de transporte, y de restaurantes y servicios de alojamiento. Según datos de 2025 de la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), del Instituto Nacional de Estadística (INE), estos apartados absorben, respectivamente, un 33,2%, un 16,0%, un 11,4% y un 9,3% del gasto familiar total, en conjunto un 69,9%.

Llegado este punto, resulta interesante analizar qué bienes y servicios podrían estar explicando esta relativa sensación de encarecimiento continuado de la cesta de la compra familiar y del consiguiente deterioro de las cuentas familiares. El Índice de Precios al Consumo (IPC), del Instituto Nacional de Estadística (INE), es claro al respecto: desde finales de 2020 los precios en general han crecido acumuladamente un 26,1%, con picos importantes desde finales de 2021 a principios de 2023 (máximo de un 10,8% en julio de 2022), pero con una subida interanual media de un 2,8% cada mes desde diciembre de 2024. Por su parte, en la zona euro entre finales de 2020 y julio de este año, la inflación acumulada ha crecido de manera global un 22,5%.

La inflación sigue siendo una de las principales preocupaciones que condicionan la situación económica de las familias

Según grupos de gasto, el de los alimentos y bebidas no alcohólicas ha sido el más inflacionario de todos en el periodo diciembre 2020-julio 2026, con un alza agregada del IPC de un 37,4%, seguido por los capítulos de los restaurantes y servicios de alojamiento, de la vivienda, agua, electricidad, gas y otros, y del transporte (subidas respectivas de un 33,7%, de un 30,8% y de un 29,3%). Por el contrario, los menos inflacionarios han sido los grupos de vestimenta y calzado, y de información y comunicaciones. Cabe decir que mientras que la subida de precios en el caso de los alimentos y bebidas no alcohólicas se ha distribuido más o menos proporcionalmente a lo largo del periodo considerado, la relativa a los restaurantes y servicios de alojamiento se ha concentrado en los últimos años, una vez superada totalmente la pandemia covid-19, y las correspondientes a la vivienda, agua, electricidad, gas y otros, y al transporte se han concentrado entre los años 2020 y 2022, arrastradas básicamente por el aumento de los precios energéticos (electricidad, petróleo, gas, carburantes…).

Detalladamente, se puede apuntar que, dentro del grupo de alimentos y bebidas no alcohólicas, los productos que muestran un aumento más elevado de los precios en el periodo diciembre 2020-julio 2026 son las bayas frescas (frutos rojos) y los huevos, con subidas acumuladas de un 114,2% y de un 93,0%, respectivamente. Les siguen los precios de los zumos de frutas y hortalizas, de los aceites vegetales y del chocolate, cacao y productos derivados, con incrementos del 60-65%, así como de los preparados de marisco, de las patatas y otros tubérculos, de la manteca y otros aceites y grasas derivados de la leche, y de la leche entera, con alzas de un 50-55%. Algunos de estos han experimentado los mayores incrementos de precios en años más recientes: huevos, zumos, chocolate y cacao, preparados de marisco o patatas. De hecho, de las 57 categorías de alimentos y bebidas no alcohólicas que configuran la cesta de la compra con la que se elabora el IPC, un total de 48, un 84,2%, han experimentado entre diciembre de 2020 y julio de 2026 incrementos de precios superiores a la media general de la economía, y en algunos casos mucho más elevados, cosa que ayuda a explicar por qué la inflación se sufre especialmente en la vida cotidiana de los hogares. Una parte importante de los alimentos y bebidas no alcohólicas que registran aumentos de precios importantes son productos básicos de la dieta española y tienen un peso específico destacado en la cesta de la compra familiar, como por ejemplo los huevos, los aceites, el chocolate, las patatas, la mantequilla, la leche, la harina, el café, los cítricos, el pan, las hortalizas, la fruta o las legumbres. No obstante, se puede apuntar que durante el 2026 el IPC del grupo de los alimentos y bebidas no alcohólicas ha experimentado una moderación destacada, subiendo un 0,6% entre diciembre de 2025 y julio de 2026, por debajo del 2,6% de media general. Sin embargo, no debemos perder de vista que un alimento o una bebida no alcohólica que a finales de 2020 costaba de media 100 hoy vale 137,4, y esta situación es todavía peor en muchos casos concretos. Por lo tanto, a pesar de que la presión sobre los precios de algunos componentes de la cesta de la compra parece disminuir, los precios acumulados siguen siendo elevados, y esto genera la sensación de que la evolución de la economía no es tan positiva como revelan los datos generales.

Del resto de capítulos, cabe destacar las subidas específicas de precios experimentadas durante el periodo diciembre 2020-julio 2026 por los hoteles, apartamentos y servicios de alojamiento similares y por los paquetes turísticos (125,3% y 59,8%, respectivamente), dentro del grupo de restaurantes y servicios de alojamiento, por los combustibles líquidos y por el gasóleo (109,9% y 50,0%, respectivamente), dentro del apartado del transporte, y por la joyería y relojes de pulsera (76,1%) y por el seguro relacionado con la salud (59,9%), en otros capítulos. Durante el año 2026 se deben reseñar, principalmente, las alzas de precios registradas en productos energéticos (combustibles líquidos, gasóleo, hidrocarburos licuados, gasolina y electricidad, por ejemplo), en hoteles, apartamentos y servicios de alojamiento, en paquetes turísticos, en transporte de pasajeros, y en seguros de salud y de decesos y accidentes.

En conclusión, el análisis anterior muestra que la inflación sigue siendo una de las principales preocupaciones que condicionan la situación económica de las familias. Aunque la evolución de la economía general puede ser positiva, esta realidad no se está trasladando íntegramente a los hogares, que siguen sufriendo un aumento del coste de la vida y un deterioro de su capacidad adquisitiva. Esta percepción queda reflejada en los datos de confianza de los consumidores y, especialmente, en el hecho de que una parte significativa de los hogares tiene dificultades para llegar a finales de mes, pero no se trata solo de una sensación, tal como confirma la evolución de los precios al consumo en general y, sobre todo, de los relativos específicamente a los alimentos y las bebidas no alcohólicas. La evolución de los precios de estos productos merece una atención especial, ya que afecta directamente a los gastos cotidianos de las familias y una parte relevante de ellos son bienes básicos, por lo que los hogares tienen menos posibilidades de reducir su consumo para compensar el encarecimiento. Además, el problema más importante no es únicamente que los precios sigan o no aumentando, sino que el nivel alcanzado después de varios años de inflación elevada permanece muy por encima del de hace un tiempo, y la actual moderación en ciertos grupos de gasto ayuda, pero no significa necesariamente que se recupere inmediatamente el poder adquisitivo del pasado. De hecho, hay que distinguir entre ritmo de crecimiento de los precios y nivel de precios. En definitiva, el reto es que la positiva evolución de los indicadores económicos se traduzca realmente en una mejora perceptible de la economía de los hogares, lo que pasaría por una recuperación —total o parcial— de la capacidad de compra, por ejemplo, vía menores precios o a través de rentas más altas.