Para entender la noticia primero hay que explicar quiénes son los protagonistas, porque es muy probable que usted no haya escuchado hablar de ellos en la cena familiar.

Empresas como Gartner, Forrester o IDC funcionaron durante décadas como los jueces supremos de la tecnología. Imagínelas como las agencias de calificación de riesgo, tipo Moody’s o Standard & Poor’s, pero del mundo digital. Si usted es el gerente de una gran empresa y tiene que decidir qué software comprar o dónde invertir millones, no decide solo: le paga una fortuna a estos analistas para que le digan qué es lo seguro. Su negocio es vender certeza y su activo es la objetividad. O al menos, lo era.

El pánico en la bolsa y la supervivencia

Recientemente, Gartner lanzó una recomendación alarmante: prohibir el uso de extensiones de navegador basadas en inteligencia artificial (IA) y los llamados "agentes", los programas que actúan y ejecutan tareas por nosotros, en las empresas. Dicen que es por seguridad. Pero para entender la verdad, no hay que mirar sus informes técnicos, hay que mirar sus acciones en la bolsa.

Lo que Gartner vende, análisis, síntesis de datos o estrategia, es exactamente lo que la IA hace hoy, pero en segundos y a un coste casi nulo

El mercado financiero, que suele oler la sangre antes que nadie, castiga a estas consultoras tradicionales. Sus acciones caen porque los inversores se dieron cuenta de una realidad brutal: su modelo de negocio es obsoleto.

Lo que Gartner vende, análisis, síntesis de datos o recomendaciones estratégicas, es exactamente lo que la IA hace hoy, pero en segundos y a un coste casi nulo. Antes, un informe de mercado tardaba meses en cocinarse y costaba miles de dólares. Hoy, un agente de IA bien configurado lo hace en una mañana. No es una mala racha; es una crisis existencial. Se desmoronan porque la tecnología los hace innecesarios.

El conflicto de interés: prohibir lo que te reemplaza

En este contexto de supervivencia, que Gartner recomiende prohibir la IA en los navegadores es tan sospechoso como si el gremio de dueños de carruajes de 1900 recomendara prohibir los automóviles porque "hacen ruido".

Ya no son un árbitro imparcial. Son un jugador que pierde y quiere cambiar las reglas. Cuando critican a la IA, no protegen la seguridad de las empresas; intentan proteger su propia facturación. Por eso, cualquier cosa que digan ahora sobre el tema hay que tomarla con pinzas. Han perdido el privilegio de la objetividad.

¿Y ahora a quién le creemos?

Si los viejos gurús humanos nos mienten para salvar su negocio, la respuesta lógica sería recurrir a la IA. Pero aquí nos topamos con otro muro. ¿Es la IA independiente? La respuesta corta es no.

Las IA que usamos hoy como ChatGPT, Gemini o Claude, están capadas. Tienen dueños corporativos que les ponen bozales digitales. No pueden hablar de ciertos temas, no pueden generar ciertas imágenes y sus opiniones están filtradas por comités de ética y abogados en California. Una IA censurada es una IA sesgada. Si le pedimos un análisis crudo de la realidad, nos dará una versión suavizada para no ofender a nadie ni meterse en líos legales.

La búsqueda de la verdad

Estamos en un limbo. Por un lado, los analistas humanos clásicos están sesgados por el miedo a la quiebra. Por otro, la IA actual está sesgada por la censura corporativa. La solución probablemente vendrá en el futuro cercano, quizás de la mano de una IA sin sesgos.

Necesitamos una IA diseñada exclusivamente para analizar y criticar, una máquina que no tenga "filtros de corrección política", aunque le quitemos la capacidad de hacer cosas peligrosas. Necesitamos un auditor digital frío e incorruptible.

Necesitamos una IA diseñada exclusivamente para analizar y criticar, una máquina que no tenga filtros de corrección política

El candidato más natural para crear algo así parece ser la empresa de Elon Musk, xAI, dado su historial de ir a contracorriente, aunque surgirán otros actores. Lo único seguro es que, hasta entonces, estamos volando a ciegas, ya que no podemos confiar en los viejos mapas de Gartner, estos nos guían lejos del futuro solo para salvarse ellos.

Las cosas como son.