Los mercados son globales, y las guerras también. Y son climáticas. Lo que le pasa al planeta nos pasa a todos, a pesar de que algunos lo vivan con más crudeza que otros. A menudo, los más ricos —personas, países, etc.— son los que menos lo sufren, pero también depende de la situación geográfica. Las empresas, sobre todo las grandes, se preparan para las crisis climáticas precisamente porque son globales. A veces, sin embargo, no pueden, o la forma como lo hacen acaba yendo en contra de sus intereses.

La semana pasada conocimos los datos de ventas del cava de 2025. Por segundo año consecutivo, sufrió una caída de dos dígitos. Se vendieron en todo el mundo 190 millones de botellas, un 13 % menos que en 2024. En solo dos años, este emblemático producto catalán —aunque también se produce una pequeña parte en la Comunidad Valenciana y Extremadura— ha visto descender su mercado en más de 60 millones de botellas. El sector facturó 2.048 millones de euros el año pasado, un 10 % menos que en 2024.

La guerra es climática. El impacto de la sequía es decisivo en el descalabro del vino espumoso catalán de la DO más conocida. No todas las empresas, ni todos los sectores, podían estar preparados para los episodios extremos de falta de agua que vivió Catalunya después de la pandemia. Cuando tu materia prima proviene de la tierra, no tienes mucho margen de maniobra. Y eso es lo que le pasó al cava, que no puede comprar uva o vino base fuera porque tiene que ser de unas variedades concretas y tiene que ser cultivado en unas zonas concretas. De hecho, las hectáreas están limitadas, cosa que ha sido motivo de disputa en el sector, pero eso lo dejo para otro artículo.

Javier Pagès, presidente de la DO Cava hasta las elecciones de mayo, a las cuales ha decidido no presentarse, cifró el impacto de la sequía en las últimas vendimias: en 2022, la DO cosechó 277 millones de kilos de uva. En 2023 cayó a 214 y en 2024, fueron 219 millones de kilos. En 2025 se recuperó, hasta los 278 millones.

Además de la sequía, el cava sufre un problema generacional: los jóvenes beben menos bebidas alcohólicas que antes

Con estas cifras es muy difícil tener oferta para cubrir la demanda. Algunas cavas vendieron menos, pero otras sustituyeron el cava por otros vinos espumosos producidos a partir de otras variedades de uva, vendimiadas en otras zonas. Y, dicho sea de paso, con procesos de elaboración más rápidos y baratos, lo que les permite poner producto en el mercado con mucha velocidad. Es el caso de Freixenet, que forma parte del grupo alemán Henkell, que produce también otros espumosos, como el prosecco, más fáciles de hacer.

La guerra es global. El segundo gran mercado del cava, después de España, tradicionalmente era Alemania. Y para Henkell-Freixenet, la importancia de este país, origen de Henkell, es capital. La estrategia del grupo, ante la falta de cava, fue no renunciar a su cuota de mercado en Alemania y sustituirlo por otros espumosos, aprovechando su posición dominante en el mercado y la distribución. Era una buena jugada para Henkell, pero mala para el cava. Desde Freixenet defienden que el producto que se vende en Alemania también se produce en Sant Sadurní d’Anoia. Pero no es cava.

Las guerras en solitario no funcionan, acaban perjudicando a todo el sector. Ahora hay falta de botellas, pero recuerdo cuando sobraban y algunas cavas empezaron a hacer grandes volúmenes para marcas blancas. Para poder colocar su producto degradaron la marca cava. Consiguieron vender más, sí, pero a costa de la calidad, los márgenes y las marcas de productor. El cava se degradó y, de hecho, la apuesta actual es toda la contraria. Como la de Corpinnat, una escisión surgida precisamente para premiar la calidad.

De los más de 60 millones de botellas que el cava ha dejado de vender en dos años, unos 50 millones han sido en Alemania. En España el mercado cae muy ligeramente y el resto de mercados internacionales bajan mucho menos que el germánico, que ha pasado de ser el primer país extranjero donde más se vendía a no aparecer en el ranking de principales mercados.

El cava necesita unidad de estrategia, apuesta, promoción y olvidar las guerras en solitario, que acaban perjudicando a todos

El problema de todo ello es que, como el mismo Pagès admitió, es muy difícil recuperar estos mercados. De hecho, el todavía presidente de la DO no cuenta con ello. La apuesta debe ser por los cavas ecológicos y de más valor. No niego la mayor, pero el caso es que la facturación también está bajando, aunque la botella se pague un poco más cara; por lo tanto, de momento, la subida del precio no compensa la bajada de volumen. Habrá que ver cómo evoluciona el sector este año y sobre todo los siguientes, después de la recuperación de la vendimia. El efecto en el mercado es lento, ya que los cavas más jóvenes requieren una crianza mínima de nueve meses.

Hay una tercera guerra, que quizás es la más grave para el sector y que afecta a otros. Es generacional y tiene que ver con el hecho de que los jóvenes beben menos bebidas alcohólicas que antes. Las bebidas energéticas se han quedado con parte del mercado. El cava, además, siempre ha estado muy vinculado a celebraciones y brindis, y a las fiestas de Navidad, y aunque ha intentado desestacionalizarse y conquistar otros espacios, no lo ha conseguido. El vermut, la copa de vino y, sobre todo, la cerveza, son difíciles de desplazar.

Los que conocen el sector aseguran que hay motivos para el optimismo. Hay muchas cavas pequeñas que están haciendo muy bien las cosas. Pero, por otro lado, como ya lamenté en un artículo anterior, hemos perdido las grandes cavas. Con los accionistas de control ubicados a miles de kilómetros, las decisiones se toman de otra manera. Y, además, tanto a los grandes como a los pequeños, les tienen que salir los números. Y a los agricultores. Si no, el sector falla por la base.

La situación es muy compleja y esto genera tensiones en el sector. Veremos cómo se resuelven en las elecciones de mayo. Las dos grandes cavas, Freixenet y Codorníu, siempre han controlado la DO e incluso se han alternado en la presidencia. Pagès fue un presidente de consenso a pesar de venir de la dirección general de Codorníu. Ahora el consenso será más difícil, pero sería recomendable para remar todos hacia la supervivencia del cava. Se necesita unidad de estrategia, apuesta, promoción y olvidar las guerras en solitario, que acaban perjudicando a todos.