Amazon: rompiendo el consenso sobre los centros de datos desde dentro

- Antoni Olivé
- Barcelona. Miércoles, 29 de julio de 2026. 05:30
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La gigafactoría de IA de Móra la Nova dispondrá de cien mil chips para entrenar y ejecutar modelos avanzados de IA. A diferencia de los centros de datos convencionales, que son instalaciones que alojan webs y proporcionan servicios de computación y almacenamiento, las gigafactorías tienen una enorme capacidad de cálculo y están especializadas en la computación avanzada de IA. Para situarnos, en EE. UU. hay una gigafactoría en funcionamiento y una decena de infraestructuras en construcción. En cambio, hay unos cuatro mil centros de datos operativos.
La Unión Europea invertirá 20.000 millones de euros en la construcción de cinco gigafactorías. España y Portugal han presentado una propuesta conjunta para invertir 5.000 en la gigafactoría de Móra la Nova a través de un consorcio público-privado formado por Telefónica (15,67%), ACS (15,67%), Banco Santander (15,67%), Multiverse Computing (4%), el Estado (48%) y la Generalitat (1%), una distribución que da a los socios privados la mayoría accionarial.
En el anuncio de la propuesta, que debe aprobar la UE, los medios de comunicación han transmitido el optimismo de los responsables políticos; algunos han sugerido que la gigafactoría se construirá igualmente aunque la UE no apueste por la candidatura ibérica. Los mismos medios evidencian que existe un consenso monolítico sobre las bondades de la infraestructura. En las noticias se minimiza el consumo de electricidad y de agua; de electricidad, porque la demanda energética ya está cubierta; de agua, porque la instalación dispondrá de un circuito cerrado de refrigeración. También se sugiere que la gigafactoría creará los puestos de trabajo que se perderán con el cierre de la central nuclear de Ascó. Hay que ir a medios alternativos y críticos para darnos cuenta de que no todo es un camino de rosas. Estos medios recogen advertencias sobre el elevado consumo de energía y agua de la instalación formuladas por grupos ecologistas y expertos en inteligencia artificial. Algunos académicos han explicado que cada una de las gigafactorías europeas consumirá 150 megavatios, el equivalente al consumo de 350.000 hogares, y que estos centros pueden saturar la red eléctrica, provocar cortes en el suministro de luz y disparar el precio de la electricidad. En cuanto al consumo de agua para refrigerar los procesadores, los investigadores apuntan que será el equivalente al consumo de 20.000 hogares. Finalmente, los grupos ecologistas se preguntan adónde irá a parar el agua calentada durante el proceso de refrigeración, y afirman que verterla al río tendría consecuencias sobre la flora y la fauna.
La presentación de la candidatura ha coincidido en el tiempo con una noticia sorprendente. Amazon Employees for Climate Justice es un grupo independiente de empleados de Amazon preocupados por el impacto de las nuevas tecnologías sobre el clima. Cinco trabajadores afiliados al grupo manifestaron ante el Ayuntamiento de Seattle, la sede central de Amazon, que el municipio debería regular los centros de datos y limitar su crecimiento. Su testimonio puso al gigante tecnológico en la incómoda posición de tener que responder a críticas públicas de empleados suyos sobre los centros de datos y la inteligencia artificial. Amazon informó a los trabajadores que deberían afrontar medidas disciplinarias e incluso un posible despido. Pero en EE. UU. esto no es tan sencillo porque la reacción de la empresa podría constituir un acto de intimidación que podría haber violado las protecciones de la ciudad de Seattle contra la discriminación por creencias políticas, de modo que las represalias de Amazon podrían considerarse ilegales y punibles. De hecho, el grupo ya ha presentado una denuncia en nombre de estos trabajadores en la Oficina de Derechos Civiles de la ciudad. No es aceptable que las empresas puedan decidir qué pueden decir y qué no pueden decir sus empleados. Los empleados de una empresa tienen derecho a expresarse políticamente aunque sus manifestaciones sean contrarias a los intereses de la empresa. Y es irrelevante si el empleado habla como ciudadano o como empleado. Aparte de estas consideraciones, el episodio sugiere que hay que romper el consenso monolítico sobre las bondades de los centros de datos y ser transparentes respecto a las consecuencias de su desarrollo. Es necesario un debate sobre estas consecuencias, que quizás nos llevaría a cuestionarnos si como sociedad estamos dispuestos a alargar la vida de las centrales nucleares o a vivir permanentemente con las restricciones de los episodios de sequía a cambio de poder hacerle preguntas a la IA.