Por el interés, te quiero Andrés. Si no quieres a Europa como el lugar natural donde España ha de estar, quiérela y defiéndela por interés. Esto es verdad en general, pero lo es aún más para el campo y los agricultores y ganaderos.

España goza de un sólido superávit comercial agroalimentario con la Unión Europea, su principal socio, alcanzando cifras récord en 2024 y manteniéndose fuertes en 2025, con balances que superan los 18.000 millones de euros.

Recordarlo es importante en estos momentos tan convulsos, en los cuales la propia existencia de Europa como “Unión Europea” está amenazada.

Los enemigos están, por supuesto, fuera. No hace falta insistir en el desprecio que el Presidente Trump, y más explícitamente aún el Vicepresidente Vance, tienen a una Europa unida que fuera capaz de existir y de ser otro polo mundial de atracción. Tampoco hace falta insistir en el cariño que el Presidente Putin nos tiene.

Si no quieres a Europa como el lugar natural donde España ha de estar, quiérela y defiéndela por interés

Pero los enemigos, en forma de caballo de Troya, también están dentro. Por pasiva, cuando por ejemplo nuestros dirigentes se van al rancho irlandés de Trump para aceptar la imposición de aranceles. Por activa, cuando (entre otros) Estados miembros se niegan a darle a Europa los medios de su política y cuando no entienden que la seguridad y la autonomía estratégica europea también pasa por su autonomía alimentaria.

No nos engañemos, cuando unos hablan de la “Europa de las naciones” están hablando de una Europa menos fuerte, lo que concretamente para nosotros significa que nos van a parar los camiones en las carreteras francesas.

De hecho, después de escribir este artículo, nos bloquearon las carreteras y, lo que es aún más también (e incomprensiblemente) nos las han bloqueado los nuestros disparando desde, en este caso Catalunya, contra otros agricultores del Estado y de la propia Catalunya.

Por esto España (y Portugal), países alejados del centro de Europa, de nuestros principales mercados, no podemos tener otro empeño que contribuir a construir y no a destruir, a apoyar cuando sea necesario y criticar cuando es legítimo, pero siempre con ánimo constructivo.

Los retos pendientes

Tenemos importantes retos pendientes. No creo que, en estos momentos, haya que insistir en los retos externos, existenciales incluso, con los que los europeos estamos confrontados. Por primera vez desde el año 1957, en el que se firmó del Tratado de Roma, la propia existencia de la construcción europea está puesta en entredicho.

En cuanto a los retos internos, y limitándome al campo económico en el que mi nivel de incompetencia es algo menor, el de la agricultura y el medio rural, podemos nombrar (sin ánimo de ser exhaustivo) la negociación presupuestaria; el futuro de la legislación medioambiental; la importancia de la letra “C” de “común” cuando hablamos de la Política Agraria europea; la evaluación de la Directiva europea de Prácticas Comerciales Desleales para revisar su utilidad e identificar mejoras por qué, no lo olvidemos, no hay agricultura verde en números rojos; las nuevas reglas del bienestar animal; la coherencia entre nuestras políticas y exigencias internas, y nuestra política comercial.

Por primera vez desde el año 1957, en el que se firmó del Tratado de Roma, la propia existencia de la construcción europea está puesta en entredicho

Es verdad que a veces nos lo ponen difícil, que nos dan ganas de mandarles todos a freír espárragos, ante tanta indecisión y tanto alejamiento de los principios fundadores tan bien recogidos en el Tratado europeo. Nos puede incluso llegar a apetecer que se acabe la fiesta.

Nos lo ponen difícil, pero hay que mandar callar a las tripas y pensar con la cabeza, con la mirada larga. 

El camino nos lo marca Josep Borrell (entre otros, y en buena compañía) cuando reclama “una soberanía estratégica europea ante la ruptura transatlántica”. Pero tenemos pendiente el convencer de que la soberanía estratégica europea también es autonomía alimentaria.

Europa es nuestro mercado; europeos son nuestros principales compradores y consumidores y la única posibilidad que tenemos los europeos de pintar algo en este mundo en el que rige la ley del más fuerte, es estando juntos.