La ciencia biomédica y la inteligencia artificial han sellado una de las colaboraciones más ambiciosas de los últimos años. La organización científica Biohub, impulsada por Mark Zuckerberg, y su esposa, Priscilla Chan, ha anunciado una alianza con el gobierno de Estados Unidos, Google y diversas instituciones científicas para invertir 1.800 millones de dólares en el desarrollo de modelos de inteligencia artificial capaces de predecir cómo funcionan las células humanas y qué efectos tienen en ellas las enfermedades y los tratamientos. El anuncio no es un gesto simbólico ni una declaración de intenciones. Se trata de un compromiso financiero concreto, con aportaciones repartidas entre el sector público y el privado, y con un objetivo que sus impulsores consideran que puede transformar la manera en que se hace investigación médica en las próximas décadas.
El concepto que hay detrás del proyecto es el de una "célula virtual". La idea consiste en crear un modelo digital que reproduzca el funcionamiento de una célula humana con suficiente fidelidad para que los investigadores puedan hacer experimentos en ella sin necesidad de trabajar con células reales en un laboratorio. Esto quiere decir que, antes de probar un fármaco o de estudiar los efectos de una enfermedad sobre un tejido concreto, los científicos podrían simularlo en un entorno digital y ver qué pasaría. La ventaja es evidente: ahorraría tiempo, reduciría costes y permitiría descartar hipótesis poco prometedoras antes de dedicarles recursos materiales y humanos.
Los responsables de Biohub, sin embargo, han sido cuidadosos a la hora de matizar el alcance de la iniciativa. No se trata de que ya exista una célula virtual capaz de sustituir los experimentos reales, sino de construir los datos, las tecnologías y los modelos necesarios para que esto sea posible en el futuro. Es, en cierta manera, la diferencia entre tener el plano de un edificio y tener el edificio construido. El objetivo último, según el comunicado difundido por la organización, es "acelerar la investigación de enfermedades y el desarrollo de nuevos medicamentos". Una formulación que, a pesar de ser genérica, conecta con una necesidad real del sector farmacéutico y biomédico: la lentitud y el coste elevado que conlleva llevar un fármaco desde la idea inicial hasta el mercado.
Cómo se reparte el dinero
La inversión total anunciada es de 1.800 millones de dólares, pero no todos provienen de la misma fuente ni se destinan a las mismas funciones. El Departamento de Energía de Estados Unidos aportará más de 500 millones de dólares a lo largo de cinco años para investigación, medición y computación. Se trata de una contribución significativa que refleja el interés del gobierno estadounidense por posicionarse en un ámbito que considera estratégico. Los Institutos Nacionales de Salud no aportarán dinero nuevo directamente, pero pondrán a disposición del proyecto conjunto de datos biomédicos que se han desarrollado con más de 500 millones de dólares de inversión federal previa. Esta aportación es igualmente valiosa, porque los datos son la materia prima con la que se entrenan los modelos de inteligencia artificial.
En cuanto al sector privado, Google DeepMind, Isomorphic Labs y Meta aportarán conjuntamente unos 300 millones de dólares. Estas compañías no solo contribuyen económicamente, sino que también aportan su experiencia en el desarrollo de modelos de IA y en su aplicación a problemas científicos complejos. Biohub, que coordina la iniciativa, trabajará estrechamente con los organismos de salud para reunir y estandarizar grandes cantidades de datos biológicos que puedan utilizarse para entrenar estos modelos. Además, desarrollará tecnologías para medir e interpretar el comportamiento de las células a una escala mucho mayor que la disponible actualmente.