La adopción generalizada de la inteligencia artificial en el ámbito laboral podría generar un impacto económico de hasta 142.000 millones de euros en España de cara a finales de esta década. Esta es la principal conclusión de un nuevo informe elaborado por el McKinsey Global Institute, titulado Agents, robots and us: How AI is reshaping work and skills in Europe, que analiza la transformación del mercado laboral en diez economías del continente. La consultora sitúa al país ante una ventana de oportunidad única para aumentar su productividad, siempre que sea capaz de gestionar adecuadamente la transición hacia un modelo de colaboración entre humanos y máquinas.
Según el documento, el impacto económico de esta transformación se dejará sentir con especial intensidad en tres sectores estratégicos: el comercio, la industria manufacturera y la administración pública. En estas áreas, el rediseño de las tareas cotidianas permitirá aprovechar al máximo el potencial de las tecnologías de automatización. El informe señala que el 59% de las horas trabajadas en España son técnicamente automatizables con la tecnología actualmente disponible. De ese porcentaje, un 44% corresponde a funciones cognitivas que podrían ser asumidas por los llamados "agentes" de software, mientras que el 15% restante afecta a tareas de carácter físico susceptibles de ser realizadas por robots.
La demanda de perfiles con fluidez en IA se multiplica
Paralelamente a esta transformación tecnológica, el mercado laboral español está experimentando un cambio acelerado en las competencias más buscadas por las empresas. El informe revela que, desde el año 2023, la demanda de trabajadores con capacidades prácticas para utilizar y supervisar sistemas de inteligencia artificial se ha multiplicado por cuatro. Este crecimiento supera ampliamente el registrado para las habilidades técnicas especializadas y pone de manifiesto que la IA está dejando de ser una herramienta reservada a perfiles altamente expertos para convertirse en una competencia transversal exigida en una gran variedad de sectores. Los perfiles más solicitados se concentran en las áreas de informática y matemáticas, seguidas de gestión y de operaciones comerciales y financieras.
A pesar del elevado grado de automatización previsto, el informe matiza que la mayor parte de las capacidades humanas actuales seguirán siendo relevantes en el nuevo entorno laboral. Concretamente, un 85% de las habilidades que hoy demandan las empresas españolas seguirán siendo necesarias en el futuro. Esta aparente paradoja se explica porque aproximadamente tres cuartas partes de las competencias se aplican en entornos híbridos, donde la inteligencia artificial complementa la intervención humana, pero no la sustituye. En este esquema, el talento humano se consolida como un filtro esencial para garantizar la calidad, la ética y el acierto en la toma de decisiones estratégicas.
Para McKinsey, el verdadero dividendo económico de esta transformación solo se materializará si las personas ocupan el centro del proceso. Esto implica priorizar la formación permanente y el desarrollo del pensamiento crítico, de manera que la automatización se convierta en un multiplicador del talento y del ingenio humano en lugar de una mera herramienta de sustitución. El objetivo, según la consultora, es reducir la carga operativa de muchos puestos de trabajo para que los profesionales puedan concentrarse en áreas de mayor valor añadido, como la creatividad, la resolución de problemas complejos y la inteligencia emocional, ámbitos en los que la ventaja humana sigue siendo diferencial.
Europa se enfrenta a una transformación sin precedentes
A escala europea, la oportunidad económica derivada de la automatización podría alcanzar los 1,9 billones de dólares en el año 2030. El informe introduce una distinción clave en cuanto al origen de este valor: el 82% provendrá de agentes de software, mientras que el 18% restante estará impulsado por la robótica física. Esta diferencia responde a la mayor escalabilidad de la inteligencia artificial generativa y de los agentes virtuales, que requieren una inversión en infraestructura significativamente menor que los sistemas robóticos industriales. Por primera vez, las profesiones de cuello blanco en sectores como las finanzas, la consultoría y la gestión se sitúan en el epicentro de la transformación, en un contexto marcado por el envejecimiento demográfico, que reducirá la fuerza laboral europea en los próximos años.
El informe advierte que una adopción más lenta de estas tecnologías limitaría el impacto económico a 1,1 billones de dólares y ampliaría la brecha de competitividad frente a Estados Unidos y China. Actualmente, nueve de cada diez empresas europeas ya han iniciado proyectos con inteligencia artificial, pero solo una proporción reducida está obteniendo beneficios significativos.
Según McKinsey, la principal limitación no es tecnológica, sino organizativa, dado que muchas compañías continúan centradas en automatizar tareas aisladas en lugar de rediseñar procesos completos. De cara al 2030, la consultora anticipa un cambio estructural en la actividad laboral por el cual el tiempo dedicado a la ejecución disminuirá en favor de funciones de supervisión y dirección. El éxito empresarial dependerá, pues, de la capacidad para liderar procesos de recapacitación a gran escala.
