OpenAI ha comunicado a sus inversores que sus ingresos anuales se situaban cerca de los 50.000 millones de dólares al cierre del mes de septiembre. Esta cifra es unos 20.000 millones inferior a la que se había difundido previamente. Los ingresos anuales expresan cuánto facturaría una empresa en doce meses si mantuviera el ritmo de ingresos utilizado como referencia. No equivalen, por tanto, a las ventas efectivamente obtenidas durante un ejercicio completo, sino que son una extrapolación de un rendimiento reciente. Esta medida es uno de los principales indicadores empleados para evaluar la demanda de inteligencia artificial y para comparar la evolución de OpenAI con la de su competidora Anthropic. En un sector donde las empresas todavía no son rentables y donde los inversores buscan justificar valoraciones muy elevadas.
El problema es que los ingresos anuales pueden ser engañosos, porque extrapolan el comportamiento de un solo mes o de un trimestre a todo un año. Además, como ha quedado demostrado en este caso, los diferentes métodos de cálculo pueden hacer que dos empresas del mismo sector presenten cifras difícilmente comparables. Según el Financial Times, la discrepancia se originó en los intentos de los propios inversores de OpenAI de comparar directamente sus cifras con las de Anthropic. La comparación, sin embargo, no era homogénea desde el punto de partida.
Anthropic incluye en su cálculo los ingresos procedentes de ventas a través de socios de servicios en la nube, como Amazon Web Services y Google Cloud. OpenAI, en cambio, no incorpora estos ingresos en su métrica. Cuando los inversores intentaron ajustar las cifras de OpenAI para expresarlas en términos comparables con las de Anthropic, obtuvieron una estimación de unos 40.000 millones de dólares en julio. Posteriormente, la compañía comunicó que esta magnitud había crecido más de un 70% desde ese mes, lo que llevó a publicar una estimación de unos 70.000 millones al cierre de septiembre. OpenAI no desmintió entonces este importe, apunta el diario, que asegura que la compañía, que no tiene obligación de divulgar periódicamente sus cuentas, ha declinado comentar la información.
Una cifra que cuestiona la valoración
La revelación de la cifra real de los ingresos anuales tiene implicaciones directas sobre la valoración que OpenAI pretende conseguir en su próxima ronda de financiación. La corrección de las cifras de ingresos llega en un momento en que OpenAI afronta unas necesidades de capital extraordinarias. La compañía ha comprometido cientos de miles de millones de dólares en capacidad de computación e infraestructuras, que financia mediante los ingresos de sus herramientas y las inversiones de sus socios. Entre sus principales apoyos figuran Nvidia, Microsoft y Amazon. La compañía prevé consumir cerca de 280.000 millones de dólares de caja hasta 2030, según proyecciones internas a las que ha tenido acceso el Financial Times. Los ingresos, aunque se espera que crezcan de manera significativa, todavía se encuentran lejos de cubrir esas necesidades.
OpenAI sigue en pérdidas y compite en un mercado cada vez más disputado, donde se encuentran Anthropic, Meta, Google y empresas de menor dimensión, principalmente chinas, que desarrollan modelos abiertos más baratos. La compañía presentó confidencialmente la documentación para una oferta pública inicial de acciones en junio, y se esperaba que debutara en bolsa este otoño. Sin embargo, ha aplazado esos planes ante la creciente preocupación por los riesgos de los sistemas de inteligencia artificial más potentes. Esta decisión se enmarca en un contexto de escrutinio más elevado sobre la seguridad y el impacto social de la inteligencia artificial, que ha llevado a algunas empresas del sector a reconsiderar sus calendarios de salida a bolsa.
La misma Anthropic, competidora directa de OpenAI, también se encuentra en preparativos para una eventual salida a bolsa, lo que añade presión sobre ambas compañías para demostrar la solidez de sus modelos de negocio. La corrección de las cifras de OpenAI tiene implicaciones que trascienden a la propia empresa. En un momento en que la inteligencia artificial ha generado unas expectativas extraordinarias en los mercados financieros, la confirmación de que los ingresos crecen a un ritmo inferior al que se había comunicado puede atemperar el entusiasmo de los inversores.
También pone de manifiesto la dificultad de medir con precisión el crecimiento de empresas que se encuentran en fases tempranas de su trayectoria comercial y que operan con modelos de negocio todavía en evolución. La falta de estándares comunes para calcular métricas como los ingresos anuales hace que las comparaciones entre compañías sean, en muchos casos, poco fiables.