Los últimos datos de la III Encuesta Funcas sobre Inteligencia Artificial, realizada en diciembre de 2025, dibujan un escenario de consolidación explosiva y adopción ciudadana masiva de esta tecnología. El porcentaje de ciudadanos que declaran utilizar ChatGPT a menudo ha pasado del 14% en 2024 al 28% en 2025, una cifra que implica una duplicación en solo doce meses. Este salto no es más que la continuación de una curva de difusión vertiginosa, ya que el año anterior el uso frecuente ya se había triplicado (pasando del 4% al 14% entre 2023 y 2024).
La trayectoria es clara: lo que comenzó como una herramienta experimental se ha convertido en una utilidad accesible para casi un tercio de la población adulta. Uno de los descubrimientos más significativos de la encuesta es la desaparición de la brecha de género que se había observado en las dos ediciones precedentes. En 2024, mientras un 16% de los hombres utilizaba ChatGPT con frecuencia, solo lo hacía un 11% de las mujeres. Hoy, este desequilibrio se ha esfumado: el 27% de los hombres y el 28% de las mujeres lo usan regularmente.
El crecimiento, aunque generalizado en todos los grupos de edad y en ambos sexos, ha sido especialmente notable entre las mujeres de mayor edad, un colectivo que tradicionalmente podría haber mostrado más reticencias con las tecnologías de ruptura. La imagen de usuario de la IA ya no es exclusivamente masculina ni joven, sino que refleja la sociedad en su diversidad. Entre los menores de 45 años, la penetración es aún más espectacular: cuatro de cada diez (40%) utilizan alguna herramienta de IA cada día, integrándola en sus flujos de trabajo, estudios o actividades de ocio.
Un ecosistema emergente
Aunque ChatGPT sigue siendo el líder indiscutible en el ecosistema de la IA, otras herramientas empiezan a encontrar su espacio, aunque con una adopción muy inferior. En uso frecuente, Gemini llega al 11% de los encuestados, y Copilot al 6%. Otras alternativas como Perplexity, Grok o Claude permanecen, por el momento, en un terreno de prueba para usuarios más especializados, con porcentajes inferiores al 2%. Esta diversificación indica que el mercado empieza a segmentarse, con los usuarios buscando la herramienta más adecuada para tareas específicas. Sin embargo, el panorama no es completamente homogéneo.
Como señala María Miyar, directora de Estudios Sociales de Funcas, "una parte relevante de la población permanece al margen de estas tecnologías". Las cifras lo confirman: un 21% de los entrevistados declara no haber utilizado nunca ninguna de las herramientas de IA sobre las que se les preguntaba. Asimismo, casi un tercio (31%) solo ha probado una, mientras que la otra mitad del espectro ya ha experimentado con varias: un 23% ha utilizado dos, un 15% tres y un 9% cuatro o más.
Otro frente de expansión pendiente es el del modelo de negocio. Solo un 12% de los usuarios de IA actualmente tiene una suscripción de pago (un 3% adicional la tuvo y la canceló). Aquí sí persiste una ligera diferencia de género: el 14% de los hombres usuarios paga por estos servicios, frente a un 9% de las mujeres. Preguntados sobre las posibles consecuencias de la IA en su propia vida en un horizonte de cinco años, los españoles mantienen una actitud consistente y cautelosamente optimista. El grupo mayoritario (45%) cree que el impacto será muy o bastante positivo, una cifra idéntica a la del año anterior. Esta visión supera con claridad tanto a los que anticipan un cambio negativo de la misma magnitud (25%) como a los que prevén pocos efectos o ninguno (31%).
Esta esperanza en el futuro tecnológico no se traduce, sin embargo, en un deseo de desregular para ganar competitividad. A pesar de que persiste la percepción de que Europa va rezagada en la carrera global de la IA (encabezada por China y seguida por Estados Unidos), no aumenta el apoyo a relajar la estricta regulación europea (el Reglamento de IA) para favorecer la innovación. Una mayoría robusta del 60% se muestra poco o nada de acuerdo con esta posibilidad, mientras que un 40% estaría muy o bastante de acuerdo.
La IA como herramienta imprescindible dentro del aula
Quizás la conclusión social más potente de la encuesta es el consenso casi unánime sobre la necesidad de integrar la IA en el sistema educativo. Un 80% de los encuestados se muestra favorable a dedicar más tiempo en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO) a impartir formación sobre inteligencia artificial. Solo un 20% cree que la enseñanza actual es suficiente.
El debate se traslada después a qué espacio curricular debería ceder lugar. Entre los partidarios de aumentar la formación, un 39% se inclina por ampliar el horario lectivo global, evitando que una materia pierda peso. Entre los que optarían por restar tiempo de otras asignaturas, las más señaladas son las relacionadas con las artes (música, 17%; formación artística, 12%), la educación física (7%) o la religión (7%).
"La ciudadanía parece convencida de la importancia de estas herramientas para el futuro de los jóvenes, como se deduce de la amplia demanda social de más formación al respecto en la educación obligatoria. Es decir, la IA empieza a percibirse como una dimensión necesaria de la alfabetización actual y futura", apunta Miyar. En definitiva, la inteligencia artificial en España ha superado el punto de inflexión.
Ya no es una promesa futurista ni una curiosidad de laboratorio, sino una realidad cotidiana en expansión que ha logrado un uso equitativo entre géneros y ha generado una demanda social clara: educar a las nuevas generaciones no solo para utilizarla, sino para comprenderla, criticarla e integrarla de manera ética y productiva en la construcción de su propio futuro.
