El mercado laboral estatal se enfrenta a una década de profundas transformaciones a causa de la irrupción de la inteligencia artificial. Según un estudio elaborado por Funcas, el Estado podría perder más de 3,5 millones de puestos de trabajo entre 2025 y 2035. El informe, que analiza diferentes escenarios de penetración de esta tecnología, concluye que ni siquiera en el caso más optimista la creación de nuevos puestos de trabajo lograría compensar las destrucciones. El investigador Francisco Rodríguez-Fernández, autor del trabajo, advierte que el reto es inmediato y que las instituciones deben actuar sin demora para evitar un impacto social masivo.
El escenario más negativo que plantea el estudio prevé la desaparición de algo más de 3,5 millones de puestos de trabajo, mientras que solo se crearían alrededor de 1,6 millones de nuevas ocupaciones gracias al impulso de la inteligencia artificial. El resultado neto sería una pérdida aproximada de dos millones de puestos de trabajo, lo cual haría retroceder el mercado laboral español desde los actuales 22,5 millones de ocupados hasta una cifra ligeramente superior a los 20 millones. En escenarios aún más dramáticos, el número de ocupados podría caer hasta los 18,8 millones, un nivel que no se registraba desde hace más de una década.
La tesis principal del informe, que los autores consideran el más probable, apunta a una destrucción del empleo situada en una horquilla de entre 1,7 y 2,3 millones de puestos de trabajo brutos, mientras que la creación de nuevas ocupaciones se mantendría en unos 1,6 millones. Esto se traduciría en una pérdida neta de aproximadamente 400.000 puestos de trabajo en el mejor de los casos, lo cual situaría el empleo español en una horquilla de entre 20,5 y 22,1 millones de personas a diez años vista. Ninguno de los modelos analizados, ni siquiera el central, permite hablar de un saldo positivo neto.
El escenario optimista: una pérdida mínima, pero aún negativa
Incluso en el escenario más favorable, el balance es negativo. Según las proyecciones, se destruirían 700.000 puestos de trabajo brutos y se crearían 600.000, lo cual dejaría una pérdida neta de 100.000 empleos. En este caso, el mercado laboral se situaría en unos 22,1 millones de ocupados de aquí a una década, prácticamente el mismo nivel actual. El investigador destaca que esta horquilla de resultados refleja la incertidumbre considerable sobre la velocidad de adopción de la IA y la capacidad de las empresas y los trabajadores para adaptarse a ella.
El estudio identifica cuáles son los perfiles profesionales que corren más peligro. Los puestos de trabajo administrativos y los técnicos de nivel medio figuran en lo alto de la lista, por su alta exposición a la automatización basada en inteligencia artificial. Son ocupaciones que implican tareas repetitivas, procesamiento de datos y gestión documental, funciones que los sistemas de IA pueden realizar ya con una eficiencia igual o superior a la humana. Este colectivo representa un porcentaje significativo del mercado laboral español, lo cual explica las cifras de destrucción de empleo que maneja el estudio.
A pesar del panorama preocupante, el informe aporta algunos datos que relativizan el impacto a corto plazo. España se encuentra en una posición de exposición media-alta respecto a la media de la OCDE, con un 27,4% de los puestos de trabajo expuestos a la IA, por delante del 26% de la media. No obstante, el riesgo real de automatización es significativamente inferior a la media de los países desarrollados: un 5,9% frente al 12% de la media. El investigador advierte, sin embargo, que esto no debe interpretarse como una especie de inmunidad española, sino como un margen de maniobra para anticiparse a ella.
Uno de los argumentos centrales del estudio es que el momento actual puede ser una oportunidad. España llega a esta encrucijada tecnológica en un momento de máximo histórico de empleo, con más de 22,5 millones de personas trabajando. Según Rodríguez-Fernández, "el hecho de que España se encuentre en un máximo histórico de empleo en el momento en que se acelera la adopción de la IA ofrece una ventana de oportunidad para anticipar la transición desde una posición de fortaleza". El investigador defiende que la prioridad debería ser diseñar políticas activas de empleo orientadas específicamente a los grupos ocupacionales con mayor exposición al riesgo de sustitución.
Recalificación e incentivos a la contratación como soluciones
El estudio propone diversas medidas para mitigar el impacto. La primera es la recualificación de los trabajadores para que puedan desarrollar tareas completamente diferentes de las que hacen actualmente, aprovechando las nuevas oportunidades que abre la IA. La segunda es la implantación de incentivos a la contratación en nuevas ocupaciones vinculadas a la tecnología. El objetivo es que la reubicación de los trabajadores afectados sea tan rápida como sea posible para evitar que el paro estructural aumente de manera permanente. El informe admite, sin embargo, que el éxito de estas políticas dependerá de la velocidad de los procesos de formación y reasignación laboral.
El estudio concluye que el proceso de difusión tecnológica ha alcanzado una masa crítica y que los efectos sobre el empleo comenzarán a materializarse de manera perceptible en los próximos años. No obstante, Rodríguez-Fernández admite que la cuestión central continúa siendo una incógnita. La respuesta dependerá de variables como la velocidad de formación, la capacidad de reabsorción de los sectores emergentes y las decisiones políticas que se adopten. Lo que sí que está claro, según el investigador, es que el avance tecnológico es imparable y que es función de los gobiernos, en sus diferentes niveles, procurar que este proceso no acabe costando el sustento de millones de ciudadanos.