Los medios económicos norteamericanos utilizan el término ‘HALO’ o ‘efecto HALO’ para referirse a una incipiente y creciente tendencia en las inversiones en bolsa: la apuesta por empresas que la evolución de la inteligencia artificial (IA) no pueda dejar obsoletas. Se trata de compañías con activos físicos y, entre las mencionadas, está desde Caterpillar (maquinaria pesada), John Deere (maquinaria agrícola), Wallmart (supermercados) a la cadena de restauración McDonald's.

Josh Brown, director ejecutivo de la consultora de inversiones Ritholtz Wealth Management, acuñó el término HALO (acrónimo inglés de la expresión Heavy Assets, Low Obsolescence, que significa activos pesados, baja obsolescencia) para referirse a las empresas que no pueden verse afectadas por la evolución de la IA o por cambios disruptivos de software. Para explicar el efecto HALO, comparó la trayectoria en la bolsa de Wall Street de la agencia de viajes online Expedia y de la aerolínea Delta Air, dos compañías del sector del turismo: durante mucho tiempo, sus cotizaciones han ido en la misma dirección, pero, en el último año, Delta ganó más de un 13% en bolsa, mientras Expedia se quedó estable. La explicación es que Delta posee aviones, que son activos físicos, mientras que Expedia podría correr el riesgo de verse superada por cambios tecnológicos disruptivos.

El término HALO, acuñado por Brown, una cara conocida de los canales económicos norteamericanos (ver la imagen de debajo), podría ser una simple ocurrencia, pero Goldman Sachs lo ha acabado de popularizar. Hace unos días, este banco de inversión presentó el índice “Todo menos IA” que, como indica su nombre, permite a los inversores apostar por una larga serie de valores en un único paquete, en el cual no hay nada de IA.

Josh Brown halo CNBC
Josh Brown, en una intevención en el canal económico CNBC / Youtube

En una nota reciente, Guillaume Jaisson y Peter Oppenheimer, analistas de Goldman Sachs, sitúan en qué sectores están los activos HALO: infraestructuras de transporte, oleoductos, servicios públicos, maquinaria crítica... Apuntan que “los mercados están recompensando la capacidad, las redes, la infraestructura y la complejidad de la ingeniería: activos costosos de replicar y menos expuestos a la obsolescencia tecnológica”. Recuerdan que hay planes de inversión masivos en IA, que plantean riesgos de disrupción en empresas basadas en un software o en servicios de tecnologías de la información (TI).

Volviendo al acrónimo HALO, por un lado significa ‘heavy assets’ (activos pesados), que identifican con empresas con una base significativa de activos físicos, infraestructuras u operaciones tangibles; y por el otro, ‘low obsolescence’ (baja obsolescencia), que son los productos o servicios difícilmente reemplazables y que no pueden quedar supados mediante un simple software de IA.

Las empresas HALO están sobre todo en el sector de las energías o las utilities (por ejemplo, redes eléctricas, oleoductos...), transporte y logística (aerolíneas, compañías navieras, infraestructuras...), bienes duraderos (fabricantes de máquinas o equipos industriales, materiales...) o negocios con demanda (que requieran presencia física en tiendas). La clave es que no se pueda reemplazar su valor con un modelo de IA o un algoritmo.