A lo largo de los últimos meses, hemos dedicado este espacio a reflexionar sobre la relación entre inteligencia artificial (IA) y el tercer sector. Hemos abarcado muchos temas diferentes… IA inclusiva: cómo esta puede ayudarnos a reaccionar ante emergencias humanitarias o medioambientales o cómo podemos hacer que sea más eficiente y que siempre reme a favor del impacto social. Nuestro objetivo siempre ha sido entender cómo la tecnología puede ponerse al servicio de las personas y de las causas. En este sentido, hay una cuestión que aparece con más frecuencia en nuestras conversaciones del día a día y que nos apetece compartir con vosotros: ¿qué va a ocurrir ahora que en muchas ocasiones ya no somos capaces de distinguir qué es real y qué no?
Puede parecer una pregunta cuya respuesta no nos interpele tanto como nos imaginamos, pero hoy en día ya existen herramientas capaces de generar imágenes, vídeos y voces con un nivel de realismo que, en muchos casos, resulta difícil de detectar. Y sí. Lo que hace no mucho podría parecer ciencia ficción o algo imposible, hoy puede hacerlo prácticamente cualquier persona. En este contexto, muchas veces el debate suele centrarse en la parte política, la desinformación o los riesgos de seguridad; debates sin duda necesarios. Pero la experiencia que nos otorga formar parte del día a día de cientos de ONG hace que nos surja otra reflexión: ¿cómo afectará esta nueva realidad a la confianza sobre la que se construye gran parte de la acción social?
Las organizaciones sociales llevan décadas trabajando para acercar realidades complejas a la ciudadanía. Tradicionalmente, lo han hecho explicando proyectos concretos a través de diferentes canales y, en definitiva, visibilizando las situaciones que suceden lejos de nuestro entorno cotidiano. Gracias a ese esfuerzo, millones de personas han podido comprender problemas que de otro modo les resultarían invisibles. Está claro que la capacidad de generar empatía ha sido siempre una herramienta fundamental para movilizar el apoyo. Una foto, un video o un testimonio pueden ayudarnos a comprender una realidad mejor que cualquier dato o estadística. Pero hoy en día, cada vez es más habitual preguntarse si un contenido ha sido manipulado, generado artificialmente o sacado de contexto, una duda que antes aparecía de forma puntual y ahora forma parte del proceso por el cual consumimos información.
Cada vez más personas observan una imagen impactante o un vídeo sorprendente preguntándose si son reales. La capacidad de la inteligencia artificial para generar contenidos verosímiles está transformando nuestra relación con la información y haciendo que la confianza deje de ser automática para convertirse en algo que necesita demostrarse constantemente. En este nuevo contexto, las organizaciones sociales tienen un gran desafío, ya que gran parte de su capacidad para movilizar apoyo se basa en acercar realidades complejas a la ciudadanía. Pero si la autenticidad de los contenidos empieza a ponerse en cuestión, la confianza deja de depender únicamente del mensaje.
Por eso, es posible que en los próximos años cobren aún más importancia aspectos como la capacidad de verificar el origen de determinados contenidos, no porque las ONG hayan dejado de ser fiables, sino porque el entorno digital exige nuevas formas de generar confianza. De hecho, algunas organizaciones ya están empezando a replantearse cómo comunicar sus proyectos. Si hasta ahora una fotografía podía ser suficiente para ilustrar una realidad, en el futuro probablemente será necesario acompañarla de más contexto, más información y más mecanismos que permitan entender de dónde procede y cómo ha sido obtenida. Esto no significa desconfiar de todo, sino asumir que la confianza ya no se construye únicamente a través de lo que vemos, sino también a través de la capacidad de demostrarlo.
Este cambio puede suponer una carga adicional para muchas entidades sociales, especialmente para las más pequeñas, que ya operan con recursos limitados. Sin embargo, también representa una oportunidad para reforzar una práctica que el tercer sector conoce bien: la transparencia. Explicar mejor los proyectos, mostrar cómo se gestionan los recursos y acercar el impacto de manera rigurosa puede convertirse en un factor diferencial en un entorno donde la credibilidad será más importante que nunca. Paradójicamente, la propia inteligencia artificial puede ayudar a responder a este reto, ya que, del mismo modo que permite crear imágenes o vídeos artificiales, también puede utilizarse para detectar manipulaciones.
En definitiva, con este artículo queremos reflexionar sobre la relación de confianza que existe entre las organizaciones y la sociedad, una relación que se ha construido con tiempo, coherencia y ejercicios constantes de transparencia, y que constituye uno de los activos más valiosos para cualquier entidad social. La pregunta de fondo no es si podremos seguir confiando en las imágenes o en los vídeos que vemos, sino en qué elementos basaremos esa confianza en el futuro. Durante años hemos asociado la evidencia a aquello que podíamos observar directamente. Hoy empezamos a descubrir que la confianza depende cada vez más de quién comparte la información, de cómo la verifica y de la coherencia que demuestra a lo largo del tiempo.
Probablemente la inteligencia artificial seguirá evolucionando y seguramente veremos herramientas cada vez más sofisticadas y difíciles de distinguir de la realidad. Pero también esperamos ver cómo organizaciones, empresas y ciudadanos desarrollan nuevas formas de verificar la información que reciben. Porque probablemente uno de los grandes desafíos que tenemos desde el tercer sector es aprender a generar confianza en un entorno donde las imágenes ya no son suficientes.
Tribuna IA
Cuando ya no sabemos qué es real
Llega la Tribuna IA, a cargo de Tania Quintero (Worldcoo)
- Tania Quintero
- Barcelona. Jueves, 18 de junio de 2026. 05:30
- Tiempo de lectura: 3 minutos