El gobierno chino ha anunciado la prohibición del acuerdo mediante el cual Meta pretendía adquirir la plataforma china de inteligencia artificial Manus por un importe cercano a los 1.700 millones de euros. La decisión ha sido comunicada a través de un breve comunicado colgado en la web de la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, el principal órgano de planificación económica del país asiático. En el texto, el organismo indica que ha “prohibido la inversión extranjera” en Manus y que “ha exigido a las partes implicadas” que cancelen la operación. El acuerdo, que se había anunciado a finales del mes de diciembre, constituye un caso poco habitual en el contexto de las tensas relaciones económicas entre Pekín y Washington.
Que una firma norteamericana adquiriera una tecnológica china en pleno conflicto comercial ya despertó sospechas entre los reguladores asiáticos. La resolución definitiva ha sido divulgada por el departamento encargado de investigar la seguridad de las inversiones extranjeras, que se ha limitado a justificar la medida “de acuerdo con las leyes y normativas” vigentes en el país, sin ofrecer detalles adicionales sobre los motivos concretos de la denegación. La prohibición actual no ha llegado por sorpresa.
A principios del mes de enero, la administración china ya había anunciado que “evaluaría e investigaría” el encaje de la operación en el marco legal que regula los controles a la venta al extranjero de tecnología y la inversión exterior. En aquel momento, el portavoz del Ministerio de Comercio, He Yadong, advirtió explícitamente que “las empresas que lleven a cabo inversiones en el exterior, exporten tecnología, transfieran datos o acuerden fusiones y adquisiciones transfronterizas deben cumplir con las leyes chinas y seguir los procedimientos legales”. Estas declaraciones ya apuntaban que Pekín no permitiría que una empresa estratégica en el ámbito de la inteligencia artificial cambiara de manos sin un control exhaustivo.
La mudanza de Manus a Singapur
Las investigaciones de Pekín contra Manus han estado estrechamente vinculadas al hecho de que la compañía decidió trasladar su sede a Singapur antes de materializar la venta de la plataforma a Meta, propietario de redes como Facebook, Instagram o WhatsApp, todas ellas prohibidas en territorio chino. Este cambio de domicilio social despertó las alarmas de los reguladores, que veían en el movimiento una posible maniobra para eludir la jurisdicción china y facilitar la entrada de capital exterior en un sector considerado sensible.
Fuentes cercanas al caso señalan que la salida de Manus de China se produjo, precisamente, a causa de las restricciones impuestas por Estados Unidos a la inversión en tecnológicas asiáticas. El objetivo declarado de la compañía era alejarse de las redes de los reguladores de ambos países, inmersos en una constante guerra de limitaciones y represalias desde el inicio de la guerra comercial.
Este tipo de medidas no son nuevas en China. Las autoridades de Pekín ya emplearon investigaciones similares para frustrar la venta forzada de TikTok durante el primer mandato de Donald Trump en Estados Unidos, entre los años 2017 y 2021. En aquella ocasión, la compañía matriz china ByteDance logró mantener el control de la popular aplicación de vídeos cortos después de una larga batalla legal y diplomática. Ahora, con Manus, el patrón se repite: una empresa emergente china, con tecnología puntera en inteligencia artificial, intenta abrirse camino en los mercados globales y acaba siendo objeto de deseo de un gigante estadounidense, pero el visto bueno de Pekín resulta finalmente negativo.
Una ronda de financiación que llamó la atención
Hay que recordar que el cambio de sede de Manus a Singapur se llevó a cabo después de una ronda de financiación liderada por la firma de inversión americana Benchmark. Este movimiento financiero fue interpretado por algunos analistas como un primer paso hacia la internacionalización de la plataforma, pero también como una tentativa de reducir la exposición a las regulaciones chinas. En los últimos años, diversas empresas tecnológicas chinas en fase de expansión global, el caso más conocido es el de la plataforma de moda ultrarrápida Shein, han optado por trasladar su sede a Singapur con el objetivo declarado de minimizar los riesgos geopolíticos de continuar operando desde el gigante asiático. Esta tendencia, sin embargo, no ha pasado desapercibida en Pekín, que teme que estos traslados se conviertan precisamente en una fórmula para escapar de la supervisión de sus organismos reguladores.
Manus irrumpió en el panorama internacional de la inteligencia artificial el año pasado, después del estallido de DeepSeek, otro modelo chino que revolucionó el sector. La plataforma lanzó en marzo de 2024 una versión preliminar de su asistente, accesible solo con invitación. Este asistente fue presentado como un agente de IA de uso general, con la capacidad de ejecutar tareas complejas con un número menor de instrucciones que los chatbots convencionales. Aquel lanzamiento generó una gran expectación entre los expertos, que vieron en Manus un potencial competidor de las principales plataformas norteamericanas. Ahora, con el veto a la adquisición por parte de Meta, el futuro de la empresa queda en el aire, aunque todo apunta a que continuará operando desde Singapur bajo control chino, pero sin la inyección de capital y el apoyo tecnológico del conglomerado de Mark Zuckerberg.