Josep Maria ‘Tatxo’ Benet Ferran (Lleida, 1957) preside FemCAT, una fundación de empresarios que este 10 de noviembre celebrará un foro con el objetivo de hacer que “las cosas pasen”. Un año después de abandonar la presidencia de Mediapro, se dedica de lleno al activismo empresarial y a sus negocios particulares, sin ninguna intención de saltar al primer plano de la política, a pesar de que ha recibido propuestas. Pero esto no le impide opinar sobre la política, las elecciones, los votantes, la huelga general o de las administraciones públicas. Critica el exceso de “cortoplacismo” y la falta de “visión estratégica”.

Ha liderado un gigante audiovisual como Mediapro, ha resucitado Ona Llibres, ha creado empresas en diversos campos –incluido el agrícola–, ha montado una colección de arte, preside una organización empresarial... ¿qué le queda por hacer y qué quiere hacer ahora?
No soy una persona que se planifique la vida. La vida la voy asumiendo a medida que va llegando. Por lo tanto, mi planificación llega hasta la presidencia de FemCAT, que es lo que estoy haciendo. Llevo 10 meses y me quedan 14, de modo que estaré enfocado en esto, aparte de mis negocios particulares. Realmente, me siento muy implicado con FemCAT, con muchas ganas, porque es un lugar desde el que puedes ayudar a que las cosas mejoren. Yo vengo del mundo de la empresa, donde estás acostumbrado a que los resultados sean casi inmediatos. Esto no es lo que buscamos en FemCAT, sino hacer un país mejor a largo plazo. Hacemos cosas ahora para que el país sea mejor dentro de unos años, porque hay demasiado cortoplacismo y muy poca visión estratégica.

¿No le gustaría entrar en política?
Pues no te digo que no, pero también te digo que no voy a entrar. De hecho, me lo insinuaron, me lo propusieron, y seré sincero porque no tengo por qué esconderlo: no lo hubiera visto con malos ojos por una razón, creo que es muy fácil quejarse de la política y de los políticos y cuando tienes la oportunidad de implicarte, decir que no. Eso es muy fácil. Pero dije que no por circunstancias familiares. Tienes que tener presente tu entorno. Creo que es un deber de todos los catalanes ayudar, con todo lo que podamos, a nuestro país. Y si yo hubiera podido ayudar a mi país desde este campo, lo habría hecho. Pero yo quiero mucho a mi familia.

¿Mantiene contacto con Mediapro?
No mantengo contacto. Tengo gente conocida, tengo amigos, pero creo que cuando uno se va de un sitio debe ser muy respetuoso con la gente que se queda y no debe interferir. Debe dejar que la gente haga su camino. Y, obviamente, yo estoy a su disposición para cualquier cosa que pueda hacer, y me he ofrecido, desinteresadamente.

¿Se podría plantear volver a la producción audiovisual algún día?, ¿ha firmado un contrato de no competencia con Mediapro?
Sí, tengo un contrato de no competencia que, sinceramente, no tengo ni idea de cuándo acaba. No sé si acaba de aquí a un año o de aquí a un año y medio, no lo sé. Y tampoco sé cuál es el nivel de no competencia porque no me lo he mirado, no lo he estudiado, esta es la verdad. Como decía, yo tengo una filosofía de la vida por la cual voy asumiendo las cosas como vienen. Y, en estos momentos, meterme en el mundo audiovisual —esto sería volver a montar otro Mediapro—, seguramente no sería capaz porque no tengo la edad ni las ganas.

¿Mantiene el contacto con Jaume Roures? ¿Ya no tienen ningún negocio juntos?
No, no tengo contacto. Tampoco tenemos negocios.

Pero, con Gerard Romy [también cofundador de Mediapro] mantiene la relación..
Con Gerard Romy tengo una buena amistad, sí. Lo volví a contratar como asesor de Mediapro [mientras estuvo en la compañía].

¿Qué se debería hacer desde Catalunya para tener más presencia en el ecosistema audiovisual internacional?
Sobre qué se puede hacer para que el sector audiovisual catalán no pierda fuelle, al contrario, lo gane, lo primero que haría sería cuidar a Mediapro, que es un fenómeno muy singular y muy extraño: que la principal empresa audiovisual española y una de las primeras de Europa, por no decir la primera, esté en Catalunya, pues es un hecho muy extraño, que no tiene ningún tipo de sentido. O sea, que Mediapro sea no sé cuántas veces más grande que la segunda productora audiovisual española y que esté en Barcelona, donde prácticamente no hay negocio audiovisual –más allá del que hacen las productoras y Televisió de Catalunya–, pues es un hecho muy extraño. Por eso había mucha gente que no se lo creía, que no se lo explicaba o que se pensaba que Mediapro chupaba de TV3, cuando TV3 era una parte muy pequeña del negocio. Nuestro negocio estaba en todo el mundo –en Argentina, Brasil, México, Chile, Francia, Italia, Portugal, en Madrid...–, ahí es donde teníamos nosotros el gran negocio y, obviamente, también teníamos una parte pequeña del negocio aquí en Catalunya. Además, nosotros teníamos una concepción del audiovisual muy singular, que no la tenía nadie ni en España ni en Europa, que es mucho más amplia: no es solo hacer series o hacer partidos de fútbol, es todo aquello que implica enviar señales audiovisuales desde un emisor a un receptor. Y teníamos departamentos de inteligencia artificial. Era una empresa muy dinámica. Entonces, yo ayudaría a Mediapro a que se mantuviera como ahora.

¿Hay peligro de que Mediapro se vaya de Barcelona?
No, creo que no. Yo ya no tengo capacidad de decisión, dependerá de la gente que la gestione, pero espero que no, que no se marche de aquí.

¿La administración catalana debería hacer algo para convencerlos?
Es difícil decirlo. Creo que la administración debe tener una política que haga que, no solo Mediapro, sino todas las empresas que están en Catalunya se sientan cómodas aquí y no tengan tentaciones de irse. En este campo, la administración puede hacer muchas cosas. Alguien puede pensar que hablamos de regalar cosas o de hacer trajes a medida: no, sencillamente, es no poner trabas cuando alguien quiere crear riqueza. Y esto no solo sirve para Mediapro, sirve para cualquier empresa que esté en Catalunya o se quiera instalar. Catalunya tiene un montón de empresas que son extraordinarias. Ahora que estoy en FemCAT, una de las cosas más inspiradoras es precisamente conocer este tejido empresarial tan variado y tan diverso. Y esto lo tenemos que cuidar.

Ahora que menciona a FemCAT, cuando presentó el foro que han convocado para el 10 de noviembre en el Palau de la Música, dijo que era la hora de actuar y de hacer que “las cosas pasen”. ¿Qué tienen que hacer los empresarios para hacer que las cosas pasen?
No los empresarios, son las empresas las que hacen que, realmente, las cosas pasen. Y la empresa la forman los directivos, los trabajadores, los proveedores, sus clientes. Muchas veces se intenta denigrar a la empresa porque parece que sea sinónimo del capitalista. No, no, una empresa es, básicamente, la gente que trabaja en ella. Pueden ser ejecutivos, trabajadores, quien sea, pero también sus clientes y proveedores. Las empresas son especialistas en hacer que las cosas pasen y que pasen con eficacia y con rentabilidad. La administración y la sociedad deberían tomar nota de cómo esto funciona. Es decir, la empresa no es un enemigo, todo lo contrario: la empresa es un referente. Y muchas consiguen cosas extraordinarias, como Grífols, que son líderes mundiales, como Mediapro –modestia aparte–, Fluidra, BonÀrea y tantas empresas catalanas que lideran y que consiguen que las cosas pasen. Pues deberíamos ser capaces de que en nuestro país las cosas también pasaran con la misma eficiencia. Y repito, cuando digo empresa no me refiero al empresario capitalista, sino al conjunto de personas que forman una empresa.

También ha dicho que la economía catalana está sobrediagnosticada, como lo está el país. ¿Qué hay que hacer para transformar estos diagnósticos en decisiones?, ¿quién no está haciendo el trabajo?
Eso es muy difícil de decir. Creo que sabemos lo que nos pasa, pero no sabemos cómo hacerle frente. Y una de las cosas que nos pasa es que miramos a corto plazo. El populismo hace que cada vez miremos las cosas más a corto plazo: se resume en que ‘si me piden que haga esto, lo hago’, a pesar de que a largo plazo será negativo. Todo lo que se está haciendo con la vivienda es un ejemplo clarísimo de esta política cortoplacista. Aprueban decretos, así se tranquiliza a los que protestan, sin embargo, a largo plazo, es malo, como se está demostrando porque hace 8 años que hacen decretos de este tipo y la situación cada vez es peor. Pero no quiero centrarlo solo en la vivienda. En general, tenemos esta política a corto plazo. No podemos dar soluciones a todo ahora, tenemos que sentar las bases para dar soluciones a largo plazo, soluciones viables y duraderas. Y el otro problema que tenemos es que hemos creado un aparato burocrático que no está enfocado a hacer aquello que se le demanda.

Tatxo Benet, presidente de FemCAT, que celebrará su XIV Foro este 10 de noviembre / Foto: Montse Giralt

¿Qué quiere decir con esto?
Por ejemplo, cuando la administración tiene una demanda para hacer una carretera o para conceder licencias de urbanización, el objetivo del funcionario de turno no es la carretera o las licencias, sino que se cumpla toda una serie de requisitos. Por lo tanto, si uno de estos requisitos no se cumple, él no dará permiso. La carretera no se habrá hecho, pero la estructura burocrática habrá cumplido con su función. Esto es lo que no puede ser. Es decir, el objetivo que todos debemos tener —todos nosotros como ciudadanos, los empresarios, los trabajadores, los funcionarios— es que las cosas se hagan. Y que si hay un problema, se solucione.

Por lo tanto, ¿la burocracia de la administración es uno de los grandes frenos del crecimiento económico?
Con el tema de la vivienda, no tengo ninguna duda. El exceso de burocratismo, el exceso de demandas que le hacen a cualquier persona que tiene la iniciativa de crear o promocionar un grupo de viviendas. Hemos llegado a un punto que estamos culpabilizando a la persona que tiene la solución del problema, es decir, aquella que es capaz –porque sabe cómo hacerlo y es su negocio– de construir pisos y ponerlos para alquilar. Si lo culpabilizamos del problema, sin ser el culpable, no se pondrá a hacer pisos de alquiler porque dirá: 'oye, meto mi dinero en otra cosa'.

¿Toda la culpa es de la administración?
La administración es un concepto muy, muy y muy grande. Todo el mundo dice que ahora tenemos políticos tan malos y que, antes, los teníamos tan buenos. Ponen de ejemplo a Felipe González, Miquel Roca, Kennedy, Helmut Kohl, Mitterrand..., todo el mundo los tiene en un pedestal. Leí un artículo, no recuerdo si del Financial Times o del Wall Street Journal, que decía que esto es un fenómeno que ocurre en todo el mundo y apuntaba que la culpa no es que los políticos de hoy sean peores que los de antes, sino que la culpa es de nosotros, de los ciudadanos, que somos diferentes a como éramos antes y tenemos unas exigencias que antes no teníamos. Carlos Solchaga [ministro de Industria, 1982-1985, y después de Economía, 1985-1993] hizo una reconversión industrial, al cerrar altos hornos y navieras que costaban miles y miles de millones al Estado. ¿Podría cerrarlos ahora? Seguramente ahora no lo podría hacer porque habría una reacción tremenda. Entonces, ¿no somos nosotros, la sociedad, los que somos menos tolerantes con los políticos y les estamos exigiendo resultados más inmediatos? ¿No somos capaces de decir: 'escucha, yo ya acepto que durante un tiempo esto vaya mal, pero tráeme un plan que, de verdad, funcione a largo o medio plazo'?

Pero las formaciones políticas no piensan a largo plazo...
Lo que me pregunto es: ¿no piensan porque ellos tienen una deformación, digamos genética, o no piensan porque nosotros, los votantes, no queremos que piensen a largo plazo, sino a corto plazo porque queremos que nos arreglen el problema ahora mismo? Esta es la clave de la cuestión. Seguramente la respuesta está en un punto intermedio, pero una buena parte de la culpa también es nuestra, de los ciudadanos.

¿Entre los empresarios hay más preocupación por el 29N que por las elecciones anteriores?
En cada elección ha habido preocupación por saber qué pasaría. Con esta, se puede pasar de un gobierno de izquierda que, además, está sostenido por unos partidos de extrema izquierda, a un gobierno de derecha, con el apoyo de un partido de extrema derecha. Sería un cambio muy importante del péndulo. A ver qué pasa. En realidad, la sociedad no es tan pendular como nos la pensamos. Hay unos estereotipos: ser liberal o querer la economía de mercado es de derechas, mientras que defender el matrimonio homosexual o la eutanasia es de izquierdas. Pero hay mucha gente a la que le gustan cosas consideradas de derechas y, en otros aspectos, de izquierdas. Por lo tanto, ante unas elecciones, ¿qué votarán? Pues, por aquello que, en aquel momento, les preocupe más. Si lo que les preocupa más es la vivienda y les gustan más las recetas de la izquierda en esto, votarán por la izquierda aunque su pensamiento sea de derechas en algunas cosas. Y si lo que les preocupa más es la seguridad, quizás voten a la derecha a pesar de las políticas sociales de la izquierda.

Tatxo Benet, periodista, directivo, empresario y actual presidente de FemCAT / Foto: Montse Giralt

¿FemCAT qué tiene que decir?
Volviendo a lo que decíamos antes del largo plazo, por eso es tan importante una organización como FemCAT, una fundación de empresarios que tuvo el acierto de surgir hace 20 años para pensar a largo plazo. Pensamos, con optimismo, qué podemos hacer para que Catalunya sea el mejor país del mundo. No nos dedicamos a dar servicios a nuestros socios, somos la expresión más pura de aquella frase de John F. Kennedy: 'No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país'. Esto es FemCAT químicamente puro. No pienses en qué FemCAT puede hacer por ti, piensa en lo que tú puedes hacer por FemCAT. Y extrapolándolo, no pienses en lo que Catalunya puede hacer por ti, piensa en lo que tú puedes hacer por Catalunya a través de FemCAT. Esta idea ha sido válida durante 20 años y sigue siendo muy necesaria.

¿Y qué están haciendo en este momento?
Lo que hacemos es un trabajo bastante sordo, muy low profile, de impulsar programas para que los chicos en las escuelas sepan qué es el mundo de la empresa, programas que lleven el mundo de la universidad a la empresa, impulsar grados universitarios. Hacemos muchas cosas, pero no queremos protagonismo, no tenemos egos. Decimos que hacer cosas sin egos es una manera de hacerlas femcatiana.

¿Qué les diría a los sindicatos que han convocado la huelga general?
Es una huelga general un poco extraña, ¿no?, porque es una huelga general contra la oposición, ¿no? Supongo que es una huelga general contra los que votaron en contra de los decretos [de vivienda], si no, no lo entiendo. Creo que es una huelga general que se montó en un momento en que había un impacto emocional muy grande por una noticia. Ahora tenemos el impacto emocional del accidente [ferroviario en Toledo]. Vivimos en un mundo de impactos emocionales que gestionan el día a día en lugar de pensar a largo plazo. Es obvio que tenemos que tener un impacto emocional por algo como esto, pero lo que no tenemos que hacer es ponernos a legislar bajo el efecto de este impacto y tomar decisiones inmediatas. Tenemos que dejar que las víctimas tengan su duelo, curar a los heridos, aclarar qué es lo que ha pasado. Y, con tranquilidad, tomar las medidas para que esto no vuelva a ocurrir nunca más.