El domingo se juega la final del Mundial de fútbol masculino de Estados Unidos, México y Canadá y la victoria se la juegan dos selecciones, las de España y Argentina. Pero si hay otra final, que une deportes y negocio, esta la juegan las marcas deportivas y las finalistas siempre son las multinacionales Nike y Adidas. Esta vez, y como ya viene siendo habitual en los últimos años, la compañía alemana gana a la estadounidense.

El fichaje de Michael Jordan en los años 80, que fue un antes y un después para Nike y la lanzó comercialmente, demostró que elegir bien las estrellas del deporte con las que se vinculan es clave para una marca de ropa deportiva. Durante años, la estadounidense no tenía rival. Quién no recuerda el mítico spot con la selección brasileña de Ronaldo en un aeropuerto en 1998, o el del bien contra el mal, previo a la Eurocopa de 1996. Tenían a Ronaldo, Figo, Ronaldinho...

Pero estos referentes quedan ya muy lejos y, aunque la marca del swoosh mantuvo el liderazgo muchos años después, y con aciertos, como la vinculación con el Barça, Adidas ha remontado. Los alemanes tuvieron claro que debían seguir la misma estrategia que su competidor, pero apuntando mejor, y lo consiguieron atando a un joven Leo Messi mucho antes de que se acabara convirtiendo en el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos. Recientemente, ha repetido acierto con Lamine Yamal.

Ambos, Messi y Lamine, son las estrellas que todo el mundo espera ver brillar este domingo en la final del Mundial, y ambos venden botas, camisetas y balones para la misma marca, Adidas. Toda la narrativa que rodea la tercera final de Messi, a 39 años y en su (más que probable) último partido en un mundial, y que se encuentre en un terreno de juego con su sucesor, en el Barça y quién sabe si en el fútbol mundial, probablemente por primera y última vez en partido oficial, Lamine Yamal, hace que la final no sea solo un partido de fútbol, sino también un gran anuncio de Adidas –y de la Masia–. Solo faltaba la reviralización de la fotografía de Messi bañando a un Lamine bebé para acabar de darle todavía más mística al partido y al momento en que ambos cracks se encuentren en el campo.

Ambos llevarán botas Adidas y, además, lucirán el logotipo de la marca alemana en el pecho, ya que patrocina a las dos selecciones, la argentina y la española. La goleada, por lo tanto, es clara. En las semifinales ya tenía ventaja, ya que Jude Bellingham también lleva Adidas, mientras que Nike tenía en Kylian Mbappé y la selección inglesa sus esperanzas, que se fundieron cuando fueron eliminados. El otro gran icono de Nike era Cristiano Ronaldo, que tuvo un papel más bien discreto.

Los resultados y la evolución en bolsa de Adidas y Nike

Todo esto puede parecer circunstancial, fruto de resultados difíciles de predecir —a nadie le habría extrañado que la final hubiera sido un Francia contra Inglaterra—, pero lo cierto es que, en cuanto a las marcas, detrás hay años de aciertos y buenas decisiones de Adidas. Solo hay que ver cómo la tratan los inversores: desde principios de año, sube más de un 9% en bolsa, y en los últimos seis meses, un 20%. Supone una gran recuperación, ya que el sector no pasaba por su mejor momento: si miramos los últimos cinco años, pierde un 40% de valor en bolsa.

Sus resultados de lo que llevamos de año muestran esta mejora. En el primer trimestre, la compañía alemana incrementó un 7% la facturación, hasta los 6.592 millones de euros, gracias sobre todo a los mercados internacionales, y ganó 482 millones de euros, un 12,6% más. En 2025 ya había crecido con fuerza, con unos ingresos cercanos a los 25.000 millones y un incremento del 75% de los beneficios, hasta los 1.340 millones.

Las cifras de Adidas todavía son modestas en comparación con las de Nike, una multinacional más grande, pero la estadounidense ve caer ingresos y beneficios. Con más de 46.000 millones de dólares facturados en el ejercicio 2025-2026, un 0,2% más, ganó 3.108 millones, un 3,5% menos. Eso sí, venía de un 2024-2025 negativo, en el que las ventas cayeron un 10% y los beneficios, un 44%.

Todo ello se ha notado en la bolsa, donde, cabe decir, todavía vale casi el doble que Adidas. Este año, el gigante estadounidense ha perdido casi un 30% del valor bursátil, mientras que en un año, un 39%. Su CEO, Elliot Hill, está haciendo una transformación de la empresa para que gane rentabilidad y eficiencia, conecte más con las generaciones más jóvenes y saque al mercado productos tecnológicamente más avanzados.