El azul turquesa que baña las islas de Maldivas nunca se olvida. Desde el aire, las vistas al Índico, los bancos de arena blanca y las pequeñas islas cubiertas de vegetación anticipan el paraíso. Al llegar, el paisaje vuelve a sorprender con sus villas sobre el agua, el arrecife a pocos metros de la orilla, los peces de colores y hasta los pequeños tiburones que se acercan a la playa. Todo parece formar parte de una postal.

Pero Maldivas es mucho más que su agua y sus islas. Son también los hoteles que han convertido a estas pequeñas islas en destinos capaces de ofrecer experiencias únicas y, sobre todo, las personas que trabajan cada día para hacerlas posibles. Atmosphere Core sabe mucho de eso. Es una de las grandes cadenas hoteleras del país, con nueve resorts en funcionamiento y un nuevo establecimiento previsto para 2027.

La compañía abrió su primer hotel en Maldivas en 2013 y hoy emplea aproximadamente a 3.300 personas en sus resorts, convirtiéndose en uno de los grandes empleadores del país. Su apuesta pasa por crear experiencias diferentes en cada isla, pero con una idea común: que el entorno natural no sea simplemente el escenario, sino una parte esencial del viaje.

Para conocer de cerca cómo se traduce esa apuesta, viajamos a dos de sus resorts: Oblu Select Sangeli, donde el océano y los arrecifes forman parte de la experiencia desde que se llega, y Raaya by Atmosphere, el resort más reciente de la compañía en Maldivas, donde la naturaleza se combina con una amplia propuesta de aventura, deporte y gastronomía. Dos islas, dos formas de vivir el paraíso y una misma compañía detrás.

Oblu Select Sangeli: las villas flotan sobre un arrecife lleno de vida

El viaje a Oblu Select Sangeli comienza en el aeropuerto de Velana. Desde allí, una lancha rápida conduce hasta la isla en unos 50 minutos. Y la llegada ya ofrece una primera muestra de esa particular forma de entender la hospitalidad: cuando llega al embarcadero, buena parte del equipo sale a recibir a los huéspedes. Es un detalle sencillo, pero marca la diferencia. También lo hace otro pequeño gesto que se repite en sus resorts, sobre la cama de sus villas y water villas espera un mensaje de bienvenida elaborado con hojas de palmera, una decoración efímera que conecta el alojamiento con el entorno.

Sangeli abrió sus puertas en 2018 y cuenta con 137 villas, repartidas entre la playa y el océano. Hay 60 villas y suites en la parte terrestre con acceso a playa privada y otras 77 sobre el agua. Estas últimas permiten experimentar una de las imágenes más reconocibles de Maldivas: despertar literalmente sobre el Índico y poder lanzarse desde la propia villa al agua.

Y aquí aparece uno de los grandes atractivos del resort. No hace falta embarcarse durante horas para descubrir la vida marina. A pocos metros de la orilla aparecen peces de colores, tortugas, rayas y pequeños tiburones. Para quienes disfrutan del snorkel, el arrecife está prácticamente debajo de la habitación. La experiencia continúa en tierra. Uno de los lugares más especiales es The Courtyard, su restaurante buffet de servicio continuo situado frente a la playa. Comer allí, con el mar a escasos metros y el horizonte abierto delante, resume bastante bien la filosofía de Sangeli: la gastronomía, el alojamiento y el paisaje forman parte de una misma experiencia.

The Courtyard Main Restaurant

También hay espacio para la aventura y el descanso. El resort ofrece un tobogán con caída al mar, gimnasio con vistas al mar, spa y deportes acuáticos como buceo, snorkel, kayak o pesca tradicional al atardecer. Subirse a la embarcación cuando empieza a caer el sol permite contemplar una de esas escenas que parecen hechas para una postal: el océano cambiando de color mientras se intenta pescar en mitad del Índico. Aquí, más de 330 personas trabajan para hacer posible todo ello.

Raaya: una isla para perderse

Si Sangeli representa la experiencia del océano a pequeña escala, Raaya by Atmosphere amplía el concepto. Es el resort más reciente de Atmosphere Core en Maldivas, abrió en julio de 2024 y se alcanza en unos 45 minutos de hidroavión desde el aeropuerto internacional de Velana. Aquí la llegada cambia por completo. Tras el vuelo, el hidroavión aterriza en un entorno que vuelve a recordar que, en Maldivas, el trayecto forma parte del destino. Y, una vez más, el equipo espera para recibir a los viajeros.

Raaya cuenta con 167 villas, 106 de ellas en la playa, 60 sobre el agua y una residencia. Pero quizá lo más llamativo es la cantidad de posibilidades que ofrece la isla para quienes no quieren limitarse a descansar. Se puede recorrer en bicicleta, practicar kayak, dar un paseo en moto de agua, asistir a un taller de pintura o pasar buena parte del día en su zona deportiva, con propuestas como minigolf, billar o practicar juegos de mesa.

Una de las experiencias más singulares del viaje es el concepto “De la cosecha a la mesa”, en Seb’s Farm, que permite acercarse al huerto y escoger productos frescos de temporada, para después poder disfrutarlos en una cena privada elaborada por los chefs y acompañada de vinos seleccionados. Del jardín al plato, literalmente.

RAAYA by Atmosphere Seb's Farm

También aquí el arrecife vuelve a estar muy cerca. El nombre del hotel ya deja ver la facilidad que hay para observar rayas, además de tortugas, peces de colores y pequeños tiburones que pueden observarse en las aguas próximas a la isla o un crucero al atardecer. El océano no es una excursión, sino que forma parte de la vida cotidiana del resort.

El negocio detrás del paraíso

Las dos islas muestran dos maneras diferentes de entender una estancia en Maldivas, pero también permiten ver la dimensión que ha alcanzado el turismo en el país. La estancia media en los resorts maldivos ronda los cuatro o cinco días y el perfil del visitante es cada vez más diverso, con una presencia destacada de mercados europeos y asiáticos. Para los viajeros españoles, las lunas de miel siguen teniendo un peso importante, aunque Maldivas ya no es únicamente un destino para parejas, ahora familias, grupos de amigos y viajeros atraídos por el buceo, el snorkel o la aventura encuentran también su espacio.

Y quizá ahí esté una de las claves de este pequeño país formado por más de 1.200 islas, agrupadas en 26 atolones, de las que alrededor de 200 están habitadas y un centenar funcionan como islas-resort privadas. El modelo turístico de Maldivas depende en buena medida de estos establecimientos, que no solo gestionan el alojamiento, sino que generan empleo, actividad y toda una infraestructura de servicios alrededor de cada isla.

Sangeli y Raaya son dos ejemplos de cómo funciona este modelo. Dos resorts diferentes, con propuestas adaptadas a cada isla, pero con un mismo objetivo: aprovechar el entorno natural como principal atractivo y convertirlo en una experiencia turística completa. Detrás de las villas sobre el agua, los restaurantes, las actividades o los arrecifes accesibles desde la propia orilla, hay una industria hotelera que se ha convertido en una pieza esencial de la economía de Maldivas.

Tras 13 años en Maldivas, Atmosphere Core continúa su expansión internacional con nuevas aperturas en Europa y Asia. La cadena ha desembarcado recientemente en Italia con Borgo Monchiero Heritage by Atmosphere, en la región de Piamonte, y mantiene a India como uno de sus principales mercados de crecimiento, con nuevas propiedades previstas en destinos como Coorg, Jaipur y Kufri en 2027. Además, la compañía sigue ampliando su presencia en otros destinos asiáticos, con próximos proyectos en Sri Lanka y Nepal.