Enley es una legaltech nacida en Barcelona que ofrece servicios legales 100% en línea y que ha hecho de la automatización y el uso de la IA un motor de aceleración de su negocio, por ahora, extendido por España y México. Un equipo de casi 100 personas -entre abogados colegiados, procuradores, asesores fiscales y laborales, y perfiles tecnológicos- cubre la mayor parte de las necesidades legales, tanto de personas como de pequeñas y medianas empresas.

Se les identifica por la gestión de divorcios y separaciones o testamentos y herencias, pero también son especialistas en la Ley de Segunda Oportunidad y la constitución de sociedades -modificamos sus estatutos o llevan la contabilidad diaria de una empresa a través de la división de gestoría-. "Nuestra intención es que los clientes encuentren cubierta con nosotros casi cualquier necesidad legal con la que se encontrarán a lo largo de su vida", manifiesta Robert Brufau, consejero delegado de la legaltech.

Todo el proceso comienza cuando el cliente rellena un formulario de contacto con Enley y, a partir de ahí, todo el flujo se gestiona digitalmente, siempre acompañado de abogados especializados. Con esta fórmula, la firma supera los 20.000 clientes al año y más de 5.000 clientes suscritos en España; y genera un negocio en España de 5 millones de euros —con datos de 2025— que espera incrementar a 7 millones a cierre de 2026. México todavía es testimonial, pero Enley tiene la vista puesta en Latinoamérica y en otros mercados como Chile, Uruguay, Argentina y Colombia.

"Latinoamérica es un territorio natural por el idioma, también las necesidades jurídicas son parecidas y, en muchos mercados, el acceso a los servicios legales es todavía más precario que en España. Ahora mismo nuestra prioridad es consolidar México y asegurarnos de que el modelo escala bien antes de abrir demasiados frentes a la vez. Seguimos explorando otros mercados, pero sin precipitarnos", explica Brufau en declaraciones a ON ECONOMIA.

La empresa fue constituida en 2020 por Guillermo Briones Bori, Juan Pablo Viaplana Armengol y Jordi Biosca Palau, fundadores también del despacho de abogados BPV Abogados. En aquel momento, entre los tres poseían más del 80% de la firma, una división que se ha ido modificando con los años y con las sucesivas rondas de financiación que han realizado para afrontar la expansión. La compañía ha acumulado más de 5 millones de euros en financiación desde su fundación.

Los servicios legales son un producto más

Los impulsores de la legaltech optaron por un nuevo modelo de ofrecer servicios legales. El modelo de Enley parte de una idea bastante clara: dejar de tratar cada caso como algo aislado y empezar a estructurar los servicios legales como productos. Venían de un negocio fundamentado en la contratación de un abogado que gestionaba el trámite. Actualmente, "el cliente contrata el trámite y Enley asigna un abogado que lo pueda tramitar. Parece algo pequeño, pero no lo es, implica cambiar el flujo de todo un sector, mover el foco y hacer un producto de algo que nunca se había 'industrializado'", dice Brufau.

A la vez, el equipo de la compañía intenta, "gracias al gran volumen de clientes que gestionamos, no reaccionar a los problemas, sino anticiparlos", porque "con la cantidad de procesos que manejamos, podemos analizar y encontrar patrones. Sabemos dónde pueden y suelen aparecer los problemas y cómo resolverlos", insiste el consejero delegado. En opinión de Brufau, "esta previsión tiene un efecto directo en el coste y en la calidad del servicio, porque podemos ser mejores y a un precio menor. Un despacho tradicional se tiene que guardar un margen para posibles imprevistos, porque cada caso es una incógnita. Nosotros no, hemos probado el proceso tantas veces que sabemos que, siguiendo los mismos pasos, llegamos al mismo resultado. No hay ningún imprevisto que aprovisionar, porque no lo hay".

El equipo responsable de la 'legaltech' Enley

La IA nunca sustituirá a un abogado, pero hace divorcios

De las áreas que abarcan los profesionales de Enley, la segunda oportunidad y los divorcios se llevan una gran parte de las tareas. Avalan el funcionamiento de la Ley de Segunda Oportunidad que, teniendo en cuenta la situación actual de saturación de los juzgados, se puede decir que "funciona muy bien", destacan desde la firma. Ponen de ejemplo que han tenido "exoneraciones tramitadas en un plazo de 2-3 meses y, aunque no es habitual, tampoco lo es que se nos alarguen los expedientes más allá de un año". Pero constatan que "lo más importante en este procedimiento es cumplir los requisitos, sobre todo ahora, que el Tribunal Supremo ha endurecido el acceso a la ley".

El área de divorcios, por su parte, es uno de los servicios en los que el nivel de automatización es mayor. De hecho, "nuestros abogados pueden llevar simultáneamente alrededor de 300 expedientes, mientras que en un despacho tradicional llevan unos 50-80 casos", asegura Brufau. Esta multitud de expedientes responde a un proceso muy determinado. Un formulario muy completo y muy preciso en el que se pide toda la información a los cónyuges. La IA toma toda esta información e indicaciones y genera un modelo de convenio regulador que "el abogado revisa, no redacta". Todas las modificaciones siguen este mismo modelo: los cónyuges indican qué quieren cambiar, la IA lo introduce y el abogado lo revisa. "Esto agiliza muchísimo el proceso y así hemos conseguido tramitar el 4% de los divorcios de mutuo acuerdo de España".

"Nunca me fiaría de ChatGPT para redactar un contrato de compraventa"

No obstante, Brufau hace una clara advertencia: "En Enley, la IA nunca sustituye el criterio jurídico del abogado". La IA no puede ir libre, debe estar siempre supervisada y limitada a procesos que no requieren ningún criterio legal; este es el lugar de los abogados y es insustituible, recuerda este profesional. "Hay tareas para las que la IA sí que puede ser un reto peligroso, pero igual que nunca podrá sustituir a un médico, tampoco podrá sustituir a un abogado. Las consecuencias de fiarse de una inteligencia artificial en estos asuntos son mucho mayores que el coste de acudir a un abogado profesional que, aunque se ayude de ella, siempre aporta su criterio, experiencia y formación. Yo, sin duda, no me fiaría de ChatGPT para redactarme un contrato de compraventa", manifiesta el responsable de Enley.

Por lo tanto, la IA es una herramienta más de todo el proceso que se destina a rellenar documentos y modelos, recopilar información, detectar incongruencias o errores, hacer seguimiento de plazos, o sirve como prevención ante posibles problemas futuros, planteándonos escenarios posibles con el fin de evitarlos. También se adelanta a posibles necesidades que pueda tener el cliente.