Fitch ha elevado la calificación de Aena a largo plazo de la actual A a A+. El mismo movimiento se ha aplicado al programa de deuda sénior no garantizada de la compañía, que también pasa a situarse en este nivel superior. Al mismo tiempo, la agencia ha confirmado la calificación a corto plazo en F1, y ha mantenido la perspectiva estable. No se trata de un cambio menor. En el argot de las calificadoras de crédito, pasar de una A a una A+ implica que la entidad es percibida como menos arriesgada para los inversores, lo que, en la práctica, se traduce en un acceso más favorable a los mercados de financiación y en un coste de la deuda potencialmente más bajo. Para una empresa que afronta un ciclo inversor de gran magnitud, este reconocimiento llega en un momento especialmente oportuno.

Los motivos que han llevado a Fitch a tomar esta decisión son diversos y se retroalimentan entre sí. Por un lado, está el crecimiento sostenido del tráfico que el operador ha registrado en los últimos años. Por otro, la mejora de sus indicadores financieros y la confianza que genera el nuevo marco regulador que se ha empezado a desplegar. Si hay un elemento que explica el ascenso de Aena en la calificación de Fitch, este es la evolución del tráfico aéreo. El informe de la agencia subraya que el crecimiento sostenido de pasajeros en los últimos ejercicios ha permitido a la compañía consolidar unos ingresos recurrentes y mejorar de manera apreciable su rentabilidad.

Esta evolución no se ha producido solo en el ámbito estrictamente aeronáutico, es decir, en las tasas que las aerolíneas pagan por operar en los aeropuertos. También se ha notado, y mucho, en el segmento no aeronáutico: los locales comerciales, la restauración, el aparcamiento, la publicidad y toda una serie de servicios que generan ingresos adicionales y que tienen márgenes a menudo más elevados que la actividad regulada. Fitch describe este comportamiento como un "sólido desempeño" operativo, una expresión que en el lenguaje de las calificadoras equivale a decir que la empresa ha sabido convertir el aumento de volumen en resultados tangibles y sostenibles en el tiempo. No se trata solo de recibir más pasajeros, sino de monetizarlos mejor y de aprovechar la capacidad instalada para generar más valor.

Otro de los elementos que la agencia ha tenido en cuenta es la evolución de la deuda. Según el escenario de calificación que maneja Fitch, el apalancamiento neto de Aena se situará, de media, en 1,9 veces durante el periodo comprendido entre 2026 y 2030. Esta cifra es coherente con una calificación A+. En términos sencillos, un apalancamiento de 1,9 veces significa que la deuda neta de la compañía equivale, aproximadamente, a 1,9 veces su beneficio operativo antes de amortizaciones.

Se trata de un nivel que los analistas consideran saludable para una empresa de infraestructuras, caracterizada por unos flujos de caja estables y previsibles. El hecho de que Fitch proyecte esta ratio para un periodo de cinco años indica que la agencia confía en la capacidad de Aena de generar suficientes recursos para hacer frente a sus obligaciones financieras incluso en un contexto de inversiones elevadas. Esta confianza es, precisamente, lo que sostiene la mejora de la calificación. Uno de los factores que ha contribuido a esta mejora es la aprobación del nuevo marco regulador, conocido como DORA III. Según Fitch, esta aprobación aumenta la visibilidad sobre los flujos de caja de Aena, lo que reduce la incertidumbre que habitualmente rodea a las empresas reguladas.