El presidente de la patronal española CEOE, Antonio Garamendi, ha sido reelegido este jueves en la presidencia para un tercer mandato, después de que eliminara la limitación de dos mandatos. La elección se ha producido en la Asamblea Electoral de la organización, celebrada en Madrid y en la que el resultado era más que previsible después de que nadie osara presentarse contra el directivo vasco.

A diferencia de hace cuatro años, cuando algunas organizaciones, como la catalana Foment del Treball, se mostraron contrarias a su reelección, esta vez sí que ha contado con el apoyo de todas las grandes patronales adheridas a la CEOE, empezando por Foment, pero también de la madrileña CEIM, de la vasca Confebask, los autónomos de ATA, la industrial Confemetal y la de la distribución Asedas, entre otras.

Foment es la patronal más grande de las socias de la CEOE y, por lo tanto, es la que tiene más votos, y Josep Sánchez Llibre ya dejó claro cuando se convocaron las elecciones que está al lado de Garamendi. Hasta el 21 de octubre no se conocerá el organigrama de la confederación, pero Sánchez Llibre mantendrá la vicepresidencia.

No es previsible que Sánchez Llibre se ocupe de las relaciones con las Cortes españolas, como se ha rumoreado, cosa que ya había hecho en el primer mandato de Garamendi, según han detallado fuentes cercanas al empresario del Maresme. Las mismas fuentes recuerdan, sin embargo, que como Foment ya tiene un papel interlocutor con grupos políticos y de lobby, que sirvió, por ejemplo, para influir en el rechazo del Congreso a la jornada laboral de 37,5 horas, que Junts tumbó.

Los retos de Garamendi

Garamendi es presidente de la CEOE desde 2018, cuando sustituyó al catalán Joan Rosell, que no se presentó a la reelección después de agotar los dos mandatos. En estos ocho años, que han coincidido con el Gobierno de Pedro Sánchez, primero con Podemos y después con Sumar, los empresarios se han encontrado con muchas políticas que les han ido a la contra.

En el aspecto laboral, con Yolanda Díaz como bestia negra, se ha encontrado con una reforma laboral, el intento de rebaja de la jornada laboral y varias subidas del salario mínimo interprofesional (SMI) hasta los 1.221 euros mensuales en catorce pagas. En otros campos, también se han encontrado con un incremento de la presión fiscal –bautizado por Sánchez Llibre como un “infierno fiscal”, expresión que ha hecho fortuna y que utilizan ya muchos empresarios– que ha puesto en pie de guerra a todo el mundo empresarial.

En este nuevo mandato, tiene todavía algunas asignaturas pendientes. Debe enfrentarse a la reforma del registro horario, la de los pluses salariales, los requisitos de más información en el ámbito laboral de las empresas y una nueva subida del salario mínimo. En el ámbito de la negociación colectiva con los sindicatos, tiene pendiente un nuevo acuerdo interconfederal con CCOO y la UGT, que sienta las bases de las negociaciones de los convenios sectoriales de cara a los próximos años.

Los empresarios también se encuentran ante retos y dificultades que están denunciando y que no se resuelven, por lo que seguirán siendo caballos de batalla. Uno es el crecimiento del absentismo, en el que no encuentran la complicidad de los sindicatos ni de la ministra de Seguridad Social, Elma Saiz. También lamentan la fuga de talento, el exceso de burocracia, la baja productividad y las dificultades para el crecimiento de las empresas.