En el Reino Unido se ha popularizado una estrategia sencilla para evitar las compras impulsivas y, así, ahorrarse un dinero: la llaman la “regla de los 30 días”. Consiste en dejar pasar este plazo de tiempo para comprobar si aún se desea un determinado artículo, aunque, a menudo, a cabo de dos días ya se ha cambiado de opinión y no interesa lo más mínimo. También hay aplicaciones que ayudan a controlar los impulsos e, incluso, algunas ingresan dinero en una cuenta de ahorro cada vez que uno sucumbe a los antojos.
La idea que hay de tras de la regla de los 30 días es la de practicar un gasto consciente y darse tiempo para pensar si, realmente, uno quiere ese nuevo par de zapatos, el bolso de lujo o el último gadget tecnológico.
El diario The Sun preguntó a especialistas sobre finanzas personales que avalaron este método. En declaraciones a este medio británico, Rajan Lakhani, portavoz de Plum, una aplicación que permite controlar estos gastos, indicó que se podrían ahorrar miles de euros anuales con la regla de los 30 días. Advierte que las pequeñas compras impulsivas pueden parecer irrisorias, pero si se suman todas pueden suponer una pequeña fortuna a final de año. Una compra innecesaria de tan solo 20 euros al mes supone 240 euros anuales.
Su consejo es que, primero, se haga un presupuesto para gastos y, luego, que cada vez que se desee comprar algo que exceda del presupuesto marcado, es mejor anotarlo en la app en vez de salir corriendo a la tienda. Si al cabo de 30 días, aún se antoja ese artículo, pues se puede comprar sin problema. Rajan asegura que muchas personas terminan cambiando de opinión, descartando por completo un artículo o, incluso, olvidándose de su obsesión. Sencillamente, no lo necesitaban para nada.
Becca Stroud, experta en finanzas personales de Starling Bank, aseguró que “la regla de los 30 días es efectiva porque te obliga a hacer una pausa y reflexionar sobre si realmente quieres algo o simplemente querías hacer una 'compra de dopamina' en un determinado momento”. Incluso, Stroud apunta que no es necesaria una pausa de 30 días porque, a menudo, al cabo de 48 horas desaparece el antojo.
Los estrategas publicitarios son muy hábiles cuando se tata de empujar a los consumidores a compras impulsivas, especialmente cuando se les da el aliciente de precios rebajados, ventas flash, gangas o, incluso, se les advierte de que el producto escasea o que los stocks se están agotando.
Hay aplicaciones bancarias, como Plum, que mueven una cantidad de dinero a una cuenta de ahorro cada vez que se realiza una compra en un comercio minorista por puro placer. Así, se gasta, pero también se ahorra.
Detonantes emocionales
Existen otros métodos eficaces para fomentar un consumo más consciente. El primer paso es reconocer los detonantes emocionales. Muchas personas compran por estrés, aburrimiento o ansiedad. Identificar estas emociones permite buscar alternativas, como salir a caminar, hablar con alguien o practicar una actividad relajante antes que ir de compras.
Otro método es planificar las compras con antelación. Hacer una lista y ceñirse a ella reduce la probabilidad de adquirir productos innecesarios. Del mismo modo, establecer un presupuesto mensual ayuda a poner límites.
Hay quien considera la regla de los 30 días excesiva porque con 24 o 48 horas se puede llegar a las mismas conclusiones. Consiste en esperar uno o dos días antes de realizar una compra no esencial. Este tiempo permite reflexionar con calma y, en muchos casos, el deseo inicial desaparece.
Reducir la exposición a estímulos comerciales también puede ser de ayuda. Evitar pasear sin rumbo por tiendas, darse de baja de correos promocionales o limitar el tiempo en redes sociales puede disminuir la tentación. Asimismo, pagar en efectivo en lugar de usar tarjetas de crédito ayuda a ser más consciente del gasto.
Por último, es útil definir objetivos financieros claros, como ahorrar para un viaje o un fondo de emergencia. En conjunto, estos métodos no buscan eliminar el placer de comprar, sino transformarlo en una decisión más racional.
