La atención a las personas en situación de dependencia está viviendo uno de los mayores cambios desde la aprobación de la Ley 39/2006 de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia. Dos décadas después de su entrada en vigor, el Gobierno ha impulsado una reforma con la que pretende adaptar el sistema a las necesidades actuales de las personas dependientes, sus familias y quienes se encargan de sus cuidados.

Tras su aprobación en el Congreso de los Diputados el pasado martes 14 de julio de 2026, la reforma de las leyes de dependencia y discapacidad afronta ahora su tramitación en el Senado. Además, ya ha sido convalidado el Real Decreto-ley 17/2026, que incrementa la financiación del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD). La reforma busca adaptar el sistema a las nuevas necesidades derivadas del envejecimiento de la población, reforzando la atención domiciliaria, ampliando derechos, reduciendo la burocracia y garantizando una financiación estatal del 50 % del sistema.

La reforma supone "un paso decisivo para consolidar un sistema mucho más fuerte, más humano y más justo". Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el 21,1 % de la población española tiene actualmente 65 años o más y, si se mantienen las tendencias demográficas actuales, uno de cada tres españoles superará esa edad en 2076, alcanzando el 30,9 % de la población.

El proyecto aprobado por el Congreso y remitido al Senado el pasado 20 de julio amplía el concepto tradicional de cuidador y reconoce que los cuidados no siempre proceden de un marido, una esposa, un hijo o una hermana. También pueden venir de un amigo o de una pareja, aunque no haya papeles de por medio. Es un cambio importante para las personas que viven en pareja sin estar casadas, pero también para amigos que han decidido envejecer juntos, personas allegadas que comparten vivienda o nuevas fórmulas de convivencia como el cohousing. Pero ser reconocido como cuidador dentro del sistema de Dependencia no convierte automáticamente a nadie en pareja de hecho, heredero ni beneficiario de una pensión de viudedad. Las pensiones y la dependencia caminan por senderos diferentes.

Este progresivo envejecimiento, unido al incremento de enfermedades neurodegenerativas, situaciones de discapacidad y pérdida de autonomía, está aumentando la presión sobre el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) y refuerza la necesidad de adaptar el modelo de cuidados a las nuevas necesidades sociales. A ello se suma otro problema conocido por muchas familias: los largos tiempos de espera para acceder a las ayudas. Con el objetivo de mejorar esta situación, el Gobierno ha aprobado una inversión de 6.200 millones de euros hasta 2027 destinada a reforzar la financiación del sistema, agilizar la tramitación de los expedientes y ampliar los servicios de atención.

Además de incrementar la financiación, la reforma incorpora por primera vez en la propia ley la obligación de que la Administración General del Estado asuma el 50 % del coste del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia, una reivindicación histórica de las comunidades autónomas y de las entidades sociales. Entre las previsiones del Ejecutivo destaca la reducción de las listas de espera en torno a un 47 % antes de finales de 2027, aunque la velocidad de implantación dependerá de la gestión de cada comunidad autónoma.

Afectaciones directas

La reforma incorpora varias novedades que afectan directamente tanto a las personas dependientes como a quienes se encargan de sus cuidados. Los principales cambios son:

  • Mayor financiación del Sistema para la Dependencia.
  • Refuerzo del servicio de ayuda a domicilio.
  • Ampliación de la figura del cuidador no profesional.
  • Mayor flexibilidad para compatibilizar prestaciones y servicios.
  • Reconocimiento automático del 33 % de discapacidad para determinados grados de dependencia.
  • Impulso a la permanencia de las personas dependientes en su domicilio.
  • En los siguientes apartados analizamos cada una de estas novedades.

La ayuda a domicilio amplía las funciones de los cuidadores

Una de las modificaciones más relevantes afecta al propio concepto de ayuda a domicilio. Hasta ahora, este servicio estaba centrado principalmente en la atención personal y doméstica, como la higiene, la alimentación o el apoyo en la movilidad.

¿Qué nuevas tareas podrán realizar los cuidadores?

Además de los cuidados habituales, la ayuda a domicilio podrá incluir actuaciones como:

  • Acompañamiento a consultas médicas.
  • Recogida de medicamentos en la farmacia.
  • Ayuda para realizar la compra.
  • Apoyo en gestiones cotidianas.
  • Acompañamiento para favorecer la participación social y prevenir el aislamiento.
  • El objetivo es ofrecer una atención más integral que favorezca la autonomía y permita a la persona permanecer en su hogar durante más tiempo.

Se amplía la figura del cuidador no profesional

Otro de los cambios más relevantes de la reforma es la flexibilización de la figura del cuidador no profesional. Hasta ahora, la prestación económica para cuidados en el entorno familiar estaba pensada, principalmente, para familiares de la persona dependiente que convivieran con ella y asumieran sus cuidados habituales. Con la reforma, el objetivo es adaptar esta realidad a los nuevos modelos familiares y sociales.