Libros, material escolar, uniformes, comedor… La vuelta al cole, o en general, la cuesta de septiembre, se convierte en una de las épocas de mayor gasto del año. Según la OCU, el coste medio estimado para el conjunto de España rozará los 2.500 euros por hijo, una cifra que comparten desde la Asociación de Usuarios Financieros en España (Asufin) donde advierten que suele ser un momento de aumento de gasto con tarjeta. Sin embargo, pagar con crédito o revolving supone el doble de caro que pedir un préstamo.
Un préstamo personal, concedido por el banco, tiene una TAE media del 9,16%, mientras que una tarjeta de crédito se sitúa en el 18% y una tarjeta revolving alcanza el 23%, según los datos de Asufin. Es decir, financiar los mismos gastos con una tarjeta de crédito puede resultar prácticamente el doble de caro que hacerlo mediante un préstamo personal. En el caso de una revolving, el coste se dispara todavía más.
La diferencia cobra especial importancia este año porque las familias llegan a septiembre después de un verano muy caro que también ha supuesto un esfuerzo para sus finanzas. Durante julio, el 17% de los préstamos solicitados se destinó a viajes y vacaciones, convirtiéndose en el segundo motivo más habitual para pedir financiación.
La vuelta al cole no se limita a comprar unos cuantos libros. En pocas semanas se acumulan numerosos pagos: matrícula, material, ropa o uniformes, comedor, transporte y actividades extraescolares. A esto se suman gastos habituales como llenar de nuevo la nevera o los costes asociados a volver al trabajo y desplazarse. El resultado es un fuerte desembolso concentrado en muy poco tiempo. El coste medio, que en 2025 ya superó los 2.300 euros por hijo, se acercará este año a los 2.500 euros.
Y el problema no es únicamente cuánto cuesta la vuelta al cole, sino cómo se paga cuando el dinero no llega. La financiación tampoco llega a septiembre en su mejor momento. Después de dos años de descensos, el crédito al consumo ha vuelto a encarecerse. La TAE media de los préstamos al consumo se sitúa en el 10,06%, mientras que los préstamos preconcedidos alcanzan el 11,60%.
Por eso, comparar antes de financiar resulta especialmente importante, destaca la Asociación. Una tarjeta puede parecer la opción más sencilla: ya está contratada, no hay que solicitar un nuevo préstamo y basta con aplazar el pago. Pero esa comodidad puede salir cara. La diferencia es todavía mayor con las tarjetas revolving, en las que el pago aplazado puede convertirse en una deuda que se prolonga durante meses o incluso años si las cuotas son demasiado bajas.
Los números invitan a pensárselo dos veces. Con una TAE del 18%, una tarjeta de crédito cuesta prácticamente el doble que un préstamo personal con una TAE media del 9,16%. Y si se trata de una revolving, el 23% hace que la diferencia sea aún mayor.
Más familias necesitan liquidez
Los datos del barómetro de julio muestran que las finanzas familiares llegan tensionadas al inicio del curso. La necesidad de liquidez representa el 20,10% de las solicitudes de préstamo, mientras que la refinanciación de deudas supone otro 16,30%. Entre ambas razones concentran más de un tercio de las solicitudes, un 36,40%.
También aumenta el peso de los préstamos destinados a estudios, que ya representan el 14,20%, cuatro décimas más que un año antes. Es decir, aproximadamente uno de cada siete préstamos solicitados tiene como finalidad financiar formación.
La recomendación para las familias es sencilla: antes de financiar la vuelta al cole, conviene calcular cuánto dinero entra y cuánto sale cada mes, valorar si el gasto puede aplazarse y comparar el coste total de las distintas opciones, concluye Asufin.
