La OCDE ha revisado al alza las perspectivas de crecimiento para la economía española para los próximos años. En concreto, el organismo ha fijado el incremento del producto interior bruto para 2026 en el 2,6%, cuatro décimas más que las previsiones anteriores, y en el 1,8% para 2027, una décima más. Estas cifras reflejan una mejora de las expectativas, que se sitúa por encima de la media de otros países desarrollados. Sin embargo, la OCDE ha lanzado una advertencia sobre la evolución de los precios.
El organismo ha elevado la tasa de inflación hasta el 3,7% para 2026, cuatro décimas por encima de las previsiones de junio, y hasta el 3,4% para 2027, lo que supone un incremento de medio punto respecto a las estimaciones anteriores. La OCDE ha señalado que el crecimiento global se moderó en el primer semestre de 2026, aunque se mantuvo "sólido" en muchos países a pesar de los efectos adversos del conflicto en Oriente Medio. La guerra de Irán se posiciona como el elemento de incertidumbre más elevada para las perspectivas económicas globales en los próximos meses, mientras los precios de la energía continúan presionando los mercados.
Esta incertidumbre geopolítica afecta a las previsiones de crecimiento de muchas economías y obliga a los gobiernos y a los bancos centrales a mantener una actitud prudente. La situación en Oriente Medio es un factor que puede alterar las expectativas y condicionar las decisiones de política económica en los próximos meses. En su informe de previsiones económicas, la OCDE también ha alertado de que la rentabilidad de la inversión en inteligencia artificial podría "decepcionar o tardar más" de lo previsto en materializarse. Esta circunstancia podría desencadenar un "cambio brusco en el sentimiento de los inversores" y reducir sus aportaciones económicas, con un efecto que se trasladaría a industrias asociadas a la IA, como la ingeniería o la construcción.
El informe asegura que los beneficios económicos de los desarrolladores deben aumentar "rápidamente" para poder cumplir con las "expectativas" de los socios capitalistas. Sin embargo, el organismo ha detallado que se prevé un impacto positivo en la economía mundial si se incrementa la inversión y la producción tecnológica. Esta dualidad entre riesgos y oportunidades es uno de los elementos centrales del análisis de la OCDE sobre el papel de la inteligencia artificial en la economía global.
Cuellos de botella y ciberseguridad
En el estudio económico publicado este miércoles, la OCDE ha subrayado que la rentabilidad de las inversiones también se podría ver alterada si "emergieran cuellos de botella" en el suministro eléctrico o en el de los semiconductores avanzados. Estos factores podrían limitar la capacidad de desplegar la tecnología a gran escala y frenar el crecimiento del sector. Además, entre los otros riesgos, la entidad con sede en París destaca la seguridad o la dependencia de los desarrolladores de estructuras de financiación cada vez "más complejas". En el primer caso, la OCDE ha alertado de las amenazas a la ciberseguridad. Estas, según el informe, podrían acabar "reduciendo el desarrollo" de la tecnología, o incluso, "la adopción" por parte de los usuarios.
A pesar de los riesgos, la OCDE destaca que también hay "beneficios" en el desarrollo de la inteligencia artificial. Uno es que una actividad robusta relacionada con la tecnología podría "fortalecer" el crecimiento económico hasta 2027. De hecho, el organismo cree que podría haber un "crecimiento más fuerte de lo previsto" si se acaban adoptando de manera "más rápida" las tecnologías de inteligencia artificial. El impulso de la IA y de la producción de tecnologías relacionadas podría fortalecer la actividad económica global a "corto plazo" y derivar en ganancias de productividad "sustanciales" una vez que se haya integrado eficazmente. Esta visión positiva contrasta con las advertencias sobre la posible decepción de la rentabilidad y pone de manifiesto la complejidad de las previsiones económicas en un sector en plena transformación.