La inflación de la eurozona se moderó en junio hasta el 2,9%, cuatro décimas menos que el mes anterior. El descenso es significativo y da argumentos a quien defiende no acelerar más el ritmo de subidas. El precio del Brent, además, ronda los 85 dólares por barril, lejos de los máximos que llegó a tocar en los meses previos. Esto ha hecho que, a ojos de muchos analistas, la urgencia por subir tipos se haya diluido. Como señala Ulrike Kastens, economista sénior de DWS, "después de la subida de los tipos de interés en junio, es probable que el BCE se tome un respiro en julio. No hay urgencia para actuar". Kastens recuerda que las expectativas de inflación se mantienen bien ancladas y que la tendencia a la baja probablemente continuará en julio.

Cristina Gavín Moreno, responsable de Renta Fija en Ibercaja, comparte esta visión. Según el alto cargo de la entidad bancaria, "es todavía pronto para sacar conclusiones sobre el impacto que el endurecimiento monetario ha tenido sobre la economía europea", por lo que lo más probable es que el Consejo de Gobierno opte por una pausa en el proceso de subidas. Pero la analista de DWS añade un matiz importante: "El verdadero riesgo, sin embargo, es que la inflación aumente de nuevo en otoño, ya que la última escalada en Oriente Medio puede volver a alimentar los precios de la energía". Y es aquí donde las cosas se complican. La región del estrecho de Ormuz, por donde transita una parte importante del petróleo mundial, vuelve a ser un foco de tensión. Y los precios de la energía, como ya se ha visto en los últimos años, tienen una capacidad enorme de desestabilizar las previsiones de inflación.

Carsten Brzeski, director global de macroeconomía de ING, afirma que hace apenas unas semanas, la reunión del BCE del 23 de julio parecía un mero trámite, la última parada antes de las vacaciones de verano. Sin embargo, la nueva escalada en Oriente Medio y el repunte de los precios de la energía han vuelto a cambiar el panorama". Brzeski apunta que, en lugar de entrar gradualmente en modo vacaciones y aplazar cualquier decisión hasta después del verano, algunos funcionarios del BCE podrían estar inclinados a presionar por una nueva subida de tipos.

Otros escenarios

Aunque el escenario más probable es el de la pausa, desde ING no descartan completamente una subida "sorpresa" en la reunión de este jueves. Sería un movimiento inesperado que descolocaría a los mercados, pero que tiene sentido si el objetivo es enviar un mensaje de firmeza ante la incertidumbre geopolítica. La historia reciente del BCE demuestra que no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones controvertidas, y la amenaza de una nueva escalada de la inflación podría ser el detonante. Más allá de lo que ocurra este jueves, todos los ojos ya están puestos en la reunión de septiembre. La mayoría de analistas coinciden en que será entonces cuando el BCE tomará decisiones relevantes sobre el futuro de la política monetaria. Y la clave, una vez más, será la evolución del conflicto en Oriente Medio.

El analista de Ibercaja considera que el escenario adverso que se dibuja en los últimos días, con la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos y el Irán y su efecto sobre los precios de la energía, "parecen abocar a nuevas tensiones en la evolución de la inflación, y nos lleva a anticipar una nueva subida en el tipo de intervención para la reunión de septiembre". Esta subida dejaría la facilidad de depósito en el 2,50% después del verano. Desde ING, además, se apunta un argumento interesante: el BCE no se conformará con una única subida de tipos este año, porque esto podría interpretarse como una "subida de pánico". Si el banco central solo sube una vez, podría dar la sensación de que se ha precipitado. En cambio, una segunda subida reforzaría la idea de que la medida es necesaria para alcanzar el escenario de inflación deseado.

Brzeski lo explica así: "Si el BCE se limita a una única subida, podría interpretarse como una 'subida de pánico', lo que suscitaría críticas por precipitarse. Una segunda subida de tipos podría, por supuesto, agravar un error de política monetaria. Pero, siguiendo la misma lógica del BCE, reforzaría la idea de que esta subida es necesaria para alcanzar el escenario de inflación base". No todo el mundo, sin embargo, ve clara la necesidad de una nueva subida. Desde DWS, Kastens recuerda que "no es necesaria una orientación de política monetaria verdaderamente restrictiva, ya que la evolución económica actual no apunta a presiones salariales significativas ni a un poder de fijación de precios relevante por parte de las empresas". En otras palabras: los salarios no están subiendo de manera descontrolada y las empresas no están trasladando grandes incrementos de precios a los consumidores, por lo que el actual nivel de tipos podría ser suficiente.