El Índice de Precios de Consumo (IPC) aumentó en julio hasta el 3,5% interanual, tres décimas más que en junio, y alcanzó así el nivel más elevado desde mayo de 2024. Según los datos avanzados publicados este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la evolución de los precios continúa marcada por el impacto de la crisis energética derivada de la guerra en Irán, que ha presionado al alza el coste de los carburantes y de la electricidad.
Con este resultado, la inflación encadena cinco meses consecutivos por encima del umbral del 3% y registra su valor más alto en más de dos años. El aumento de los precios energéticos continúa siendo el principal factor explicativo de la subida, en un contexto internacional caracterizado por la volatilidad de los mercados energéticos y las tensiones geopolíticas en Oriente Próximo.
El INE señala que el incremento de los precios de los combustibles y lubricantes para vehículos particulares, así como de la electricidad, ha sido superior al registrado durante el mismo mes del año pasado. Esta diferencia respecto a la base de comparación de julio de 2024 ha contribuido de manera decisiva a la aceleración de la tasa general de la inflación.
A pesar de este repunte, el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa defiende que las medidas desplegadas por el Gobierno español para hacer frente a las consecuencias económicas del conflicto en Irán continúan teniendo un efecto moderador sobre los precios. Según el departamento, el Plan de Respuesta ante el impacto de la guerra ha contribuido a reducir la inflación en aproximadamente un punto porcentual de media durante los últimos meses.
El Ejecutivo sostiene que estas actuaciones han amortiguado más del 60% del aumento de precios atribuible al choque externo provocado por la guerra, especialmente en el ámbito energético. Entre las medidas vigentes destacan los descuentos aplicados a los carburantes, que continúan operativos con el objetivo de limitar el impacto del encarecimiento del petróleo sobre los hogares y las empresas.
En cuanto a la inflación subyacente —que excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos para ofrecer una visión más estable de la evolución de los precios—, esta también mostró una ligera aceleración. La tasa subió una décima respecto a junio y se situó en el 3%, un nivel que evidencia que las tensiones inflacionistas continúan presentes más allá de los componentes más volátiles.
En términos mensuales, el IPC aumentó un 0,2% en julio respecto a junio. Aunque se trata de un incremento inferior al registrado el mes anterior, cuando los precios avanzaron un 0,6%, el dato confirma una tendencia de crecimiento sostenido. De hecho, la inflación mensual acumula ya seis meses consecutivos de subidas.
Paralelamente, el Índice de Precios de Consumo Armonizado (IPCA), el indicador utilizado para comparar la evolución de los precios entre los países de la zona euro, elevó su tasa interanual hasta el 3,8%, dos décimas más que en junio. En este caso, la variación mensual fue negativa, del 0,1%.
El INE estima igualmente que la inflación subyacente armonizada se situó en el 3,4% durante el séptimo mes del año. Los datos definitivos del IPC correspondientes a julio se publicarán el próximo 13 de agosto, momento en que se podrá confirmar el alcance del actual repunte inflacionista y su incidencia sobre la economía española durante la segunda mitad del año.