La noche del miércoles fue tensa para el sistema eléctrico español. El operador del sistema, Red Eléctrica, tuvo que interrumpir el suministro eléctrico a la gran industria en un momento de máxima demanda, coincidiendo con el partido de semifinales del Mundial que enfrentaba a Inglaterra y Argentina por un puesto en la final contra España. La decisión se tomó cuando la demanda alcanzaba casi 39.000 MW, una cifra que refleja el impacto combinado del uso intensivo de climatización a causa de la ola de calor y la masiva conexión de televisores y aparatos electrónicos para seguir el partido. El operador tuvo que reducir en tan solo una hora la producción de los ciclos combinados, pasando de 15.000 MW a 13.000 MW, para garantizar la estabilidad del sistema y evitar un colapso generalizado.
Este episodio pone de manifiesto la fragilidad del sistema en situaciones de máxima exigencia, cuando la demanda eléctrica se dispara por el efecto de dos variables que actúan en la misma dirección: una ola de calor que dispara el uso de aire acondicionado y el impacto de un evento masivo que concentra el consumo en una franja horaria muy concreta. La medida adoptada por Red Eléctrica, que afecta a las grandes empresas industriales, es un recurso extremo que el operador activa cuando la generación disponible no puede cubrir la demanda y el margen de maniobra se agota. Sin este corte, el sistema habría podido sufrir fluctuaciones de tensión o incluso apagones en amplias zonas del territorio.
Catalunya vive una jornada de máxima exigencia
Paralelamente, en Catalunya la demanda eléctrica también alcanzó cifras de récord durante la jornada del miércoles. Según los datos facilitados por Endesa, la punta de consumo se situó en 8.119 MW, superando ampliamente el máximo registrado durante el verano de 2025, que quedó en 7.384 MW. Este incremento, cercano al 10% en términos interanuales, sitúa la demanda catalana en su nivel más elevado de 2026 y se convierte en la tercera punta de la serie histórica del territorio, solo por detrás de los máximos absolutos alcanzados en 2006 (8.305 MW) y en 2010 (8.150 MW).
El registro se produjo a las tres de la tarde, una hora en que el sol debería estar en su punto más alto y la generación fotovoltaica, en teoría, a su máximo rendimiento. Pero el miércoles no fue un día cualquiera: la nubosidad generalizada que cubrió todo el territorio catalán limitó gravemente la aportación de las placas solares, justo en el momento en que la demanda se disparaba por el uso masivo de sistemas de climatización. La falta de radiación solar dejó la red sin uno de los apoyos que en días claros alivia la presión sobre el sistema, y la consecuencia fue una punta de consumo que puso a prueba la infraestructura eléctrica.
El autoconsumo fotovoltaico suaviza el impacto del calor sobre la red
A pesar de las cifras, el impacto de la ola de calor sobre la red eléctrica podría haber sido aún más agresivo si no fuera por la creciente implantación del autoconsumo fotovoltaico. Cada vez más hogares y empresas disponen de placas solares en los tejados, que en días de sol generan parte de la electricidad que consumen sin tener que tomarla de la red. Este autoconsumo, que alivia la demanda en las horas centrales del día, se ha convertido en un factor de resiliencia para el sistema, especialmente en episodios de calor extremo.
El pasado miércoles, sin embargo, la nubosidad generalizada redujo la eficacia de estos sistemas, de modo que el efecto mitigador del autoconsumo fue menor de lo que habría sido en un día soleado. Aun así, sin esta infraestructura distribuida, los picos de demanda sobre la red habrían sido previsiblemente más elevados, y la situación podría haber derivado en medidas aún más drásticas por parte de Red Eléctrica. La compañía subraya que el impacto sobre la red es inferior al que se podría esperar teniendo en cuenta la intensidad de las temperaturas, precisamente gracias al papel del autoconsumo.
La demarcación de Barcelona concentra el grueso del crecimiento de la demanda
Desde una perspectiva territorial, el incremento de la demanda en Catalunya no se distribuye de manera uniforme. El área de Barcelona concentra buena parte del crecimiento observado respecto al año anterior, mientras que en el resto del territorio la evolución se mantiene más estable y moderada. Esta asimetría se explica por la concentración de población y actividad económica en la capital y su área metropolitana, donde la densidad de viviendas y oficios hace que el uso de climatización sea más intensivo. También podría influir una penetración relativamente menor del autoconsumo fotovoltaico en entornos densamente urbanizados, donde las cubiertas disponibles para instalaciones solares son más escasas que en zonas suburbanas o rurales.
Los episodios de calor extremo, que los meteorólogos vinculan a las tendencias de cambio climático, están poniendo a prueba la infraestructura eléctrica con una frecuencia creciente. La combinación de temperaturas elevadas y nubosidad inesperada, como la del miércoles, genera escenarios de máxima complejidad para los gestores de la red, que deben conjugar la generación renovable, el almacenamiento y, en última instancia, los cortes de suministro a la industria para garantizar que la luz llegue a los hogares y a los servicios esenciales. El episodio del miércoles es un recordatorio de que el sistema, a pesar de su robustez, opera en un equilibrio cada vez más ajustado.