La factura fiscal depende de decisiones empresariales que se deben tomar de manera proactiva durante el año, teniendo en cuenta el impacto fiscal en el resultado del año. Aunque el cierre fiscal llegará a finales de año, finales de agosto y principios de septiembre son fechas especialmente relevantes para revisar la planificación fiscal. Todavía se pueden hacer ajustes en noviembre y diciembre, pero muchas de las decisiones con mayor impacto se deben activar antes.

"El error más caro es tratar la fiscalidad como algo a partir de diciembre. La planificación real empieza en enero y se revisa cada trimestre, coincidiendo con los acuerdos. Con visibilidad continua del resultado, las decisiones de invertir, contratar o financiar se toman con margen", explica Álvaro Pascual, CEO y cofundador de Quantax. La digitalización de la Administración Tributaria, el aumento de los sistemas de control y un entorno regulador cada vez más complejo reducen el margen de improvisación. Desde ON ECONOMIA, proponemos cinco acciones antes de cerrar, siempre dependiendo de la situación de cada empresa y de los requisitos establecidos por la normativa.

1. Avanzar gastos e inversiones deducibles. Si se espera un beneficio, puede ser aconsejable adelantar a diciembre las compras necesarias para la actividad, como equipamiento, software, formación o materiales, para reducir la base imponible para el año en curso. La clave es que son gastos reales, vinculados a la actividad y debidamente justificados.

2. Revisar la amortización y evaluar el alquiler. Las pymes pueden beneficiarse, cuando sea apropiado, de mecanismos acelerados de amortización o de libertad de amortización para determinados nuevos activos. Además, estructurar una inversión mediante el alquiler puede permitir deducir la carga financiera y anticipar la amortización, combinando eficiencia fiscal y preservación en efectivo.

3. Revisa todas las deducciones disponibles. Es recomendable revisar los incentivos estatales y regionales aplicables, incluyendo los vinculados a la I+D+i, la inversión en empresas recientemente creadas, la contratación, planes de pensiones de la empresa o donaciones. No identificar una deducción aplicable a tiempo puede comportar un pago superior al necesario.

4. Planificar la remuneración de los socios y directores y la distribución del resultado. En las empresas, decidir antes de cerrar el equilibrio entre remuneración, dividendos y reservas puede modificar significativamente la tributación conjunta del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y el Impuesto sobre Sociedades. Analizarlo previamente permite elegir la alternativa más eficiente dentro del marco legal.

5. Ajustar el IVA de saldo antes del cuarto trimestre. La revisión del IVA de entrada pendiente de deducción, las transacciones intracomunitarias y, en su caso, el criterio de caja ayuda a evitar anticipos de IVA innecesarios y reduce el riesgo de liquidaciones incorrectas que después son más difíciles de corregir.

La evolución de la fiscalidad hacia modelos más digitalizados de la Agencia Tributaria implica que la revisión debe abandonarse a finales de año. "El 90% de las oportunidades de ahorro fiscal solo existen si actúas antes del 31 de diciembre. Quienes llegan a la declaración sin haber planificado ya no optimizan, solo pagan su parte. La fiscalidad no se gestiona, se decide, y las decisiones tienen un plazo", concluye Francisco de las Heras, director financiero y cofundador de Quantax.