El Banco Central Europeo (BCE) mantiene la apuesta por contener la inflación sin sobreactuar ante el nuevo choque energético provocado por el conflicto en Oriente Medio. Su presidenta, Christine Lagarde, ha defendido este lunes que una respuesta "medida" de la política monetaria es la vía adecuada para evitar que el encarecimiento de la energía acabe arraigando en la inflación europea.
Ante el Comité de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo, Lagarde ha justificado la última subida de los tipos de interés aprobada por el BCE y ha subrayado que el banco central no reacciona automáticamente a los movimientos de los precios energéticos. "No reaccionamos a los precios de la energía, sino que reaccionamos si observamos riesgos de que los precios más elevados de la energía acaben integrándose en la inflación", ha indicado.
El BCE vigila especialmente si el encarecimiento del petróleo y otros costes energéticos acaban trasladándose a salarios, servicios y expectativas de inflación. De momento, Lagarde asegura que este proceso no se está produciendo.
Las nuevas previsiones del BCE apuntan a una inflación más elevada de lo que se esperaba hace unos meses, especialmente en 2027 y 2028. El principal factor detrás de este deterioro de las perspectivas son los precios de la energía. A pesar de ello, Lagarde ha destacado que todavía no hay evidencias de que el choque energético se esté consolidando en forma de una espiral entre precios y salarios. Esta es una de las principales variables que el BCE tendrá en cuenta de cara a futuras respuestas.
La política monetaria deberá tener en cuenta también la evolución de la economía. Lagarde ha señalado que el crecimiento europeo ha mostrado resistencia, pero ha advertido que el aumento de los tipos de interés a largo plazo desde la última reunión del BCE acabará presionando a la baja la actividad. "Aunque el choque es demasiado importante para ignorarlo, consideramos adecuada una respuesta medida para mantener la inflación bajo control", ha concluido.
El mensaje deja así abierta la puerta a mantener una política monetaria restrictiva si las presiones inflacionistas se intensifican, pero también evita anticipar nuevas actuaciones mientras no haya evidencias de que el encarecimiento de la energía se esté trasladando de manera persistente al resto de la economía.
Más inversión europea en IA
La presidenta del BCE ha puesto el foco en otro de los grandes retos de la economía europea: la inteligencia artificial. Lagarde considera que Europa debe acelerar la inversión en esta tecnología para reducir la distancia con Estados Unidos y convertir la IA en un motor de productividad.
"La IA es una fuerza transformadora". A su parecer, la tecnología puede alterar los procesos productivos, los modelos de negocio y la estructura de la economía en los próximos años.
El impacto sobre la productividad tiene, además, una dimensión monetaria. Una economía más productiva puede producir a un coste inferior y contribuir a moderar las presiones inflacionistas a largo plazo. Pero Europa parte con desventaja en inversión. Lagarde ha reclamado más capital para innovación, capacidad informática, centros de datos y energía, y ha defendido instrumentos como InvestAI y el Scaleup Europe Fund para movilizar recursos privados y públicos.
Lagarde también ha reclamado reducir la fragmentación del mercado único y acelerar el paso de la investigación al negocio. El objetivo es que la IA no quede restringida a las grandes tecnológicas, sino que se extienda al conjunto del tejido empresarial europeo. "La difusión, por sí sola, no es suficiente. Las empresas también deben utilizar la IA de manera profunda y efectiva". Para conseguirlo, Lagarde considera necesario reforzar las capacidades europeas en los segmentos estratégicos de la cadena de valor de la IA e invertir en la recualificación de los trabajadores. "La incertidumbre no es una razón para no actuar", ha concluido.
