Uno de los telescopios espaciales más famosos, el James Webb, ha realizado un descubrimiento que ha dejado atónita a toda la comunidad científica. Un exoplaneta denominado Kepler-51d que se ha caracterizado por estar en la constelación de Cisne y que está envuelto en condiciones raras.
Lo cubre una intensa neblina densa que oculta prácticamente su origen, de acuerdo a lo publicado por el Astronomical Journal, vía Discover Magazine. En astronomía, lo definen como un planeta superinflado y se caracteriza por ser el más frío y menos pesado. A su alrededor existen otros planetas similares al tamaño de Saturno, pero no tienen tanto peso como nuestra Tierra. ¿Qué hay detrás de este descubrimiento?
A 2.615 años luz de la Tierra, el Kepler-51d es un hallazgo raro por su composición y surgimiento
La investigadora que lidera dicho estudio, Jessica Libby-Roberts de la Universidad Estatal de Pensilvania en los Estados Unidos, se refiere a una comparación para entenderlo. Un exoplaneta como si se tratara de un algodón de azúcar, pero cósmico. Sus núcleos son diminutos y están envueltos en atmósferas colosales. No tiene un núcleo denso y logra orbitar cerca de su estrella. Pensaban que tenían elementos como el hidrógeno y el helio; en este caso pudieron detectar a la estrella cercana para esperar a que el planeta pasara. Al absorber algunos colores, sus gases dejan una huella de cómo se componen originalmente. La sorpresa es que no pudieron ver absolutamente nada, ya que tiene una capa de bruma tan espesa como si se tratara de un muro.

El equipo de científicos se propuso analizarlo desde la perspectiva de los anillos y que pudieran estar inclinados. Eso podría producir el bloqueo de la luz y, por ende, tener un cuerpo mucho más grande y ligero de lo que es. Los cálculos no eran los correctos y es por eso que se ha descartado esa idea. Buscarán investigarlo más a fondo; el problema es que el James Webb, al ser uno de los mejores telescopios, no ofreció garantías. ¿Qué instrumento podrán emplear para esta misión? El telescopio Hubble ya había hecho su primer intento, pero la visión infrarroja del más potente podría dar otro análisis, cosa que ya ha quedado atrás.