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La inteligencia artificial se está apoderando poco a poco del mundo. Sigue evolucionando día tras día y cada vez es más consciente de su propia existencia. Un nuevo estudio llevado a cabo por la Universidad Ludwig Maximilian de Munich ajusta los límites entre su consciencia y la realidad.

Aunque los sistemas de inteligencia artificial son capaces de generar imágenes, mantener conversaciones, reconocer emociones y reaccionar a lo que sucede a su alrededor, seguimos estableciendo una clara diferencia entre las máquinas y las personas. El estudio analiza cómo interpretamos la consciencia cuando hablamos de seres humanos y de inteligencia artificial.

La inteligencia artificial y su "humanidad"

Los investigadores han realizado varios experimentos con cerca de 1.100 participantes. En ellos, se han presentado diferentes situaciones en las que determinados modelos de inteligencia artificial respondían a estímulos del entorno, como sonidos o estados emocionales. La diferencia estaba en que algunos se describían como sistemas de inteligencia artificial y otros como personas, aunque su comportamiento era exactamente el mismo.

Los resultados son bastante reveladores. Los participantes consideraron que los modelos de IA más reactivos eran más conscientes de lo que sucedía a su alrededor. Sin embargo, cuando se trataba de inteligencia artificial, incluso los sistemas que mostraban una mayor capacidad de respuesta recibían puntuaciones inferiores a las de los seres humanos menos reactivos.

Por otro lado, la percepción cambiaba cuando los investigadores preguntaban por la capacidad de darse cuenta de lo que ocurre en el entorno, en lugar de hablar de consciencia. En este caso, las valoraciones de las personas y de los sistemas de inteligencia artificial eran mucho más parecidas. La explicación podría encontrarse en el significado que damos a cada término. Ser consciente implica una experiencia subjetiva, es decir, tener una vida mental propia, mientras que percibir el entorno puede entenderse como una capacidad para detectar información y reaccionar ante ella.

Los investigadores consideran que esta diferencia también afecta a la forma en que hablamos de la inteligencia artificial. A medida que sus respuestas se parecen más a las humanas, resulta fácil atribuirle intenciones, emociones o pensamientos propios. Sin embargo, que una máquina actúe como una persona no demuestra que tenga consciencia. El estudio no determina si una inteligencia artificial puede llegar a ser consciente, pero sí demuestra que nuestra percepción depende, en buena medida, de cómo describimos sus capacidades.