Son de esas cosas que a veces no se entienden respecto a la aviación, pero nos deja ver la importancia de los protocolos al momento de que suceda prácticamente cualquier cosa. Cuando son sucesos de las características como las que trataremos a continuación, al instante se piensa en el momento en el que la seguridad se volvió prioritaria, ese ataque terrorista de septiembre de 2001 en Nueva York.
Un vuelo entre Newark, Nueva Jersey, hacia el Aeropuerto Internacional de Palma de Mallorca tuvo un problema considerando que se pudo haber tratado de una amenaza; terminó como un disgusto de dimensiones superiores. Un dispositivo Bluetooth que tenía un nombre inadecuado disparó las alarmas en el vuelo, causando que tuviera que regresar al aeropuerto de origen a poco tiempo de haber despegado.
El Bluetooth de un dispositivo móvil obligó al vuelo 236 de United Airlines a regresar
Podría pensarse que fue una táctica para hacer un intento de bluesnarfing, la capacidad de poder acceder a dispositivos de otros usuarios, pero no tenía nada que ver con ello. El problema fue el nombre que tenía ese dispositivo que tenía el Bluetooth activado. Lo que se hizo en primera instancia fue apagar las conexiones Bluetooth; el piloto exigió a los pasajeros realizar tal acción. No se especificaron los motivos, simplemente fue una solicitud, a la cual parece que no se le tomó seriedad.
Se quedaron activas varias, incluyendo la del inconveniente. Un dispositivo tenía el nombre bomb (bomba), el cual fue el causante del problema. Se descubrió que se trataba de un altavoz Bluetooth, el mismo que fue cambiado de nombre para causar esta broma tan pesada e innecesaria. Esto pasó justo cuando la aerolínea ha implementado una norma para darle la bienvenida a dispositivos Bluetooth como auriculares para utilizarlos para ver los vídeos en los vuelos sin ser molesto para otros pasajeros.

Lo que sucedió a continuación fue prevenir y salvaguardar la integridad de todos los usuarios del vuelo; se le ordenó a la aeronave regresar al aeropuerto de Newark. En este caso, las autoridades federales arribaron en cuanto aterrizaron para revisar a los pasajeros y el interior. Pudieron localizar cuál era el objeto de peligro; un adolescente tenía el altavoz Bluetooth con ese nombre. Afortunadamente, el vuelo pudo retomarse aterrizando con un evidente retraso sin tener otro problema en el vuelo.
Es un problema verdadero el hecho de que cierto tipo de personas hagan este tipo de cosas; alarmar a la gente de esta forma es un hecho que no tiene ninguna clase de sentido común. El equipo de United Airlines supo tomar el caso con bastante cautela para evitar cualquier comportamiento asociado a lo que representaba esa posible amenaza. Deseamos que ninguna circunstancia de este tipo vuelva a afectar a un vuelo en el futuro.