Cargando...

Un nuevo estudio publicado en la revista científica Icarus por investigadores del Instituto de Ciencias Planetarias y la Universidad de Dakota del Norte sugiere que Ariel, una de las principales lunas heladas de Urano, albergó en el pasado un océano subterráneo de hasta 170 kilómetros de profundidad. Esta masa de agua interior supera con creces los límites de los océanos terrestres, cuya profundidad media en la fosa de las Marianas no alcanza los 11 kilómetros.

Ariel es la cuarta luna más grande del sistema de Urano y la más brillante de sus satélites. Con un diámetro de 1.159 kilómetros, presenta una superficie caracterizada por una compleja red de fosas tectónicas, cañones y llanuras de criovulcanismo.

Criovulcanismo y calentamiento por mareas gravitacionales

El análisis liderado por el investigador Caleb Strom y el científico sénior Alex Patthoff combina la cartografía morfológica con modelos de simulación orbital para explicar la coexistencia de craterización antigua con regiones llanas de origen reciente:

  • Estructuras de criovulcanismo: La presencia de llanuras suavizadas sugiere que mezclas de hielo de agua, amoníaco y otros volátiles afloraron desde el interior en estado líquido o semifluido, reemplazando la lava de magma convencional.

  • Resonancia de marea e hiper-excentricidad: El modelo propone que Ariel tuvo una excentricidad orbital de 0,04 (frente a su órbita casi circular actual). Durante este periodo, la atracción gravitatoria ejercida por Urano deformó y flexionó la masa de la luna de manera continuada, generando un calentamiento por fricción interna cuatro veces superior al que experimenta hoy la luna Europa en Júpiter. Esta tensión mecánica provocó la fracturación masiva de la corteza helada.

¿Cuál es el pasado de la luna Ariel de Urano? Foto: NASA/JPL-Caltech/PSI/Mikayla Kelley/Peter Buhler

Evidencias de mundos oceánicos en el sistema de Urano

Esta investigación constituye el segundo hallazgo relevante del equipo en el sistema de Urano, tras identificar el año pasado indicios de un océano subsuperficial similar en Miranda. Las conclusiones sugieren que los satélites de los planetas gigantes helados pudieron albergar de forma extendida líquidos bajo sus capas de hielo. Sin embargo, las observaciones actuales presentan una limitación metodológica: la sonda Voyager 2 solo fotografió los hemisferios sur de estas lunas durante su sobrevuelo en 1986.

Los autores señalan que, para confirmar la duración de estos océanos y validar la existencia de las crestas tectónicas en los hemisferios norte, será imprescindible el envío de una misión orbital dedicada a Urano (Urano Orbiter and Probe), considerada una prioridad por la comunidad astrofísica internacional. Solo el tiempo indicará si es posible hacerla nuevamente con el propósito de revelar los misterios sin resolver. El estudio sobre Ariel en la revista Icarus aporta evidencias teóricas sobre la existencia de un océano subterráneo de 170 km de profundidad en la luna de Urano, respaldando la hipótesis de que las fuerzas de marea gravitacionales mantuvieron agua líquida en los confines del sistema solar.