En Australia, impusieron medidas restrictivas a los menores respecto a las redes sociales. Un análisis publicado por BMJ indica que no se ha logrado reducir el uso de estas en adolescentes. Es un estudio que evidencia que la restricción principal no está funcionando. De una encuesta realizada a 408 adolescentes de entre 12 y 17 años, se les preguntó sobre sus hábitos justo antes de que las leyes entraran en marcha y se les encuestó tres meses después.
Dentro de las preguntas, se indagó para saber si se sometieron a algunos controles de verificación y si los habían evitado de alguna manera. Más del 85% de los menores de 16 años indicó que usaron plataformas cubiertas por la ley, la mayoría en sus cuentas propias. El uso diario se mantuvo entre adolescentes de 12 y 13 años, disminuyó poco entre los 14 y 15 años y aumentó a partir de los 16 años. Prácticamente, la ley australiana impide usar las redes sociales más populares. ¿Qué es lo que pasó en el camino?
No existe una verificación de edad fiable por parte de las plataformas
Dos tercios de los encuestados tuvieron problemas con la verificación de edad y la evadieron de forma muy fácil. La autodeclaración de edad ingresando una fecha de nacimiento falsa; algunos no pudieron y tuvieron que tomarse una selfie. Otros adolescentes fueron más astutos y utilizaron cuentas falsas o prestadas. Los resultados se mostraron consistentes tras hacer un análisis de sensibilidad extra, por lo que la información obtenida será útil para orientar tanto las leyes como la perfección que se busca respecto a la salud y bienestar futuro.

Una de las expertas en el tema, la Dra. Amrit Kaur Purba, explicó que los resultados brindan señales tempranas que se pueden considerar valiosas. Por ejemplo, se puede distinguir la eficacia de una política de su implementación siendo fundamental. Si se elude y evita cumplir, es difícil evaluar su verdadero potencial. Se concluyó finalmente que se necesita una evaluación a un largo plazo mucho mayor y que los controles actuales de verificación son subóptimos.
El problema es que la preocupación por el daño que pueden causar las redes sociales a los adolescentes va en aumento y no existe ninguna evidencia de que pueda disminuirse pronto. Los gobiernos de todo el mundo están tratando de hacer algunas leyes que puedan contribuir, pero las plataformas no están poniendo de su parte. BMJ indica que se tienen que examinar varios factores, desde la fidelidad de la implementación, la migración de plataformas y más resultados que vayan más a fondo y no solo respecto a la salud mental. Para poder asegurarse de que se están mitigando los impactos, es necesario tener un seguimiento sistémico de cómo se adaptan los adolescentes y de las consecuencias que podrán surgir con el tiempo.