Cargando...

En el año 1877 la trayectoria de Marte hizo que el planeta rojo se acercase extraordinariamente a la Tierra, incentivando así su estudio científico. Se descubrieron, por ejemplo, los dos satélites de Marte, y, sobre todo, el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli cartografió con todo detalle la superficie del planeta rojo. Schiaparelli, que era director del Osservatorio Astronomico di Brera, en Milán, ya era un científico de prestigio reconocido por sus trabajos sobre la asociación entre las lluvias de meteoros y la cola de los cometas. Gracias a la proximidad de Marte, Schiaparelli pudo observar las diferentes zonas del planeta y ponerles nombre, una nomenclatura que se estableció como la oficial y todavía se utiliza hoy.

En su esmerada geografía de Marte, Schiaparelli incluyó lo que llamó, en italiano, canali, una especie de grandes depresiones de miles de kilómetros de largo y más de cien de ancho que bajaban en línea recta por la superficie de Marte. Ahora bien, en italiano, canali se utiliza tanto para accidentes geográficos naturales como para canales artificiales. En cambio, en inglés se diferencia entre channel para formaciones naturales y canal para construcciones humanas. En otras palabras, el canal italiano y el canal inglés son falsos amigos, términos de lenguas diferentes que tienen una semejanza formal, pero no semántica, lo que induce a veces a atribuirles erróneamente el mismo significado. Como era de temer, en la traducción inglesa del trabajo de Schiaparelli se utilizó canal para traducir el canal del italiano, lo que presuponía el origen artificial de las depresiones marcianas, aunque el astrónomo italiano afirmaba en su obra que eran estructuras naturales y que, de hecho, les puso nombres de ríos famosos.

Lowell tuvo mucho éxito con varios libros que planteaban que los canales de Marte servían para llevar agua de los polos a otras zonas del planeta

El error en la traducción y las implicaciones que conllevaba causaron un enorme impacto en la sociedad del momento, una locura por los marcianos que se extendió como una mancha de aceite. El astrónomo estadounidense Percival Lowell añadió aún más leña al fuego intentando buscar rastros de la civilización que construyó los canales. Además de construir su propio observatorio, Lowell tuvo mucho éxito con varios libros que planteaban, entre otras teorías sobre los marcianos, que los canales servían para llevar agua de los polos a otras zonas del planeta. Escritores de ciencia ficción como Edgar Rice Burroughs, creador de Tarzán, o H.G. Wells y su Guerra de los mundos incrementaron aún más esta pasión por los marcianos, ya convertidos en sinónimo de extraterrestres.

Con el paso del tiempo y la mejora de los telescopios, pronto quedó claro que los llamados canales de Marte observados por Schiapelli no eran artificiales. A pesar de que otras teorías sobre la presencia de vida en Marte fueron surgiendo durante el siglo veinte, las pruebas que confirmarían o rechazarían esta posibilidad, como en muchas otras incógnitas científicas, aún no han aparecido. 

Dr. Miquel CarandellBaruzzi,historiador de la ciencia