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La palabra fósil proviene del latín fossilis: desenterrado o excavado. Antiguamente, fossilis se utilizaba para hablar de todos aquellos objetos que podían ser extraídos de la tierra. A menudo, en las colecciones de los gabinetes de curiosidades de los siglos XVI o XVII, bajo el apartado de fósiles podíamos encontrar también minerales o restos arqueológicos. Con el tiempo, se fue haciendo la distinción entre aquellos restos que se parecían a animales o plantas, y el resto, dejando la palabra "fósil" solo para las primeras.

La pregunta era, pues, ¿por qué estas piedras se parecían a ciertos seres vivos? Y lo que todavía era más inquietante, ¿por qué en medio de una montaña, a cientos de kilómetros del mar, podemos encontrar fósiles de conchas marinas? Las explicaciones eran variadas. Aristóteles decía que los fósiles aparecían en la roca espontáneamente, otros estudiosos establecían que eran errores de la creación divina, mientras que algunos más osados afirmaban que Dios los había creado para decorar las piedras, explicación que a menudo también aplicaban a los minerales.

Los fósiles no solo sirven para estudiar los animales en el pasado, sino que también son instrumentos para ordenar las diferentes épocas de la historia de la Tierra

Interpretaciones más científicas de los fósiles empiezan a llegar a partir del siglo XVII. Por un lado, el inglés Robert Hooke observa que los fósiles también parecen estructuras orgánicas a escala microscópica, llegando a la conclusión de que los fósiles son restos de animales que habían estado vivos.

Por otro lado, destacan también las ideas del danés Niels Stessen, conocido como Steno. Formado como anatomista en Leiden, Steno trabajaba en la corte de los Medici en Florencia. Mientras estaba allí, en octubre de 1666, le encargaron la disección de un tiburón que había quedado varado en una playa cercana. Durante la operación se dio cuenta de que los dientes del tiburón eran idénticos a un fósil muy habitual en la cuenca mediterránea. No era el primero en hacer esta observación, pero a partir de este momento se empezó a interesar en los fósiles y su origen.

Steno fue el primero que desarrolló una teoría estructurada que intentaba explicar el origen de los fósiles. Primero, habló de capas de sedimentos en los cuales los animales morían y se petrificaban, y describió también lo que se llamó principio de la superposición de los estratos: las capas inferiores de sedimentos serán siempre más antiguas que las capas superiores.

Con todo, Steno era un hombre profundamente religioso, por lo que intentó ligar sus observaciones con la Biblia. Así, siguió una corriente que surgía con fuerza en la época que afirmaba que los fósiles eran animales muertos durante el Diluvio: los fósiles los restos petrificados de seres vivos antediluvianos. Este episodio bíblico lo llenó todo de agua, lo que permitió que animales marinos vivieran en la cima de las montañas. Según esta versión, al retirarse las aguas, los animales habían muerto y se habían petrificado. En todo caso, las ideas de Steno fueron fundamentales para empezar a pensar en una edad de la Tierra cada vez más antigua, y en los fósiles no solo como formas de estudiar los animales en el pasado, sino también en instrumentos para ordenar las diferentes épocas de la historia de la Tierra.  

Dr. Miquel CarandellBaruzzi, historiador de la ciencia