La figura de Newton ha estado siempre acompañada de un aura de genio solitario, introspectivo, aislado de su mundo, que, por inspiración divina, se convirtió en un mito de la ciencia. Esta visión tiene una parte de cierta, el joven Newton, no se casó nunca, no era muy sociable y era un profesor espeso, con pocos alumnos en sus clases. Además, era antitrinitario, no creía en la Trinidad divina, pero, en cambio, formaba parte del Trinity College de Cambridge, hecho que parece alimentó su aislamiento. Pero a esta visión se le pueden hacer muchos matices.
Para empezar, en los últimos veinte años de su vida, Newton se trasladó a Londres, donde fue político, director de la Casa de la Moneda, un cargo con mucha importancia económica, y, finalmente presidente de la Royal Society. Al morir, fue una persona extremadamente conocida en Inglaterra, tanto que fue enterrado en Westminster Abbey, hasta entonces casi exclusivamente reservada para entierros reales. Después, Darwin también recibió este honor.
La visión de Newton como un genio aislado de su mundo empezó a cambiar el año 1931. En el Segundo Congreso Internacional de Historia de la Ciencia en Londres, el historiador soviético Boris Hessen presentó el artículo "The Socio-Economic Roots of Newton's Principia" en el que desgranaba cómo la inspiración divina de Newton estaba también condicionada por las necesidades económicas, industriales y técnicas de su época, por ejemplo en mejoras en la balística de pistolas y cañones. A pesar de estar influenciado por su propio contexto histórico, Hessen puso una primera piedra para investigar al otro Newton.
Todo volvió a cambiar en julio de 1936 cuando se subastaron en Londres un conjunto de documentos manuscritos de Newton inéditos. El conocido economista John Maynard Keynes adquirió buena parte de estos documentos, convirtiéndose en un experto en Newton. Keynes, y después otros historiadores, constataron que Newton tenía otros intereses más allá de lo que hoy llamamos ciencia.
Newton también fue político, alquimista y teólogo
Se calcula que se conocen alrededor de tres millones y medio de palabras escritas por Newton. De estas, un tercio, alrededor de un millón de palabras están dedicadas a lo que hoy conocemos como ciencia, fundamentalmente física y matemáticas. Pero, ¿de qué hablaba Newton en los otros dos millones y medio de palabras?
En primer lugar, en casi un millón de palabras, como muchos otros estudiosos de su época, Newton se dedicó a la alquimia. La alquimia fue un conjunto de prácticas y conocimientos que llegaron a Europa a partir de las traducciones árabes, y que básicamente consistía en realizar diferentes tipos de operaciones, desde mezclar, calentar, destilar diferentes materiales con el objetivo de encontrar la "Piedra Filosofal" y el "Elixir de la Vida". Es decir, los alquimistas hacían experimentos, que los historiadores han mostrado como muy influyentes en la aparición del método experimental y de lo que será más tarde la química moderna. Newton hizo todo esto en secreto, sin publicar ni una palabra. Hay debate sobre la influencia de la alquimia en sus otros experimentos, en óptica, por ejemplo, pero queda claro que la misma persona hacía las dos cosas en la misma época.
Nos falta todavía un millón y medio de palabras. Newton las dedicó a la teología: estudio de profecías, cálculos del juicio final, establecimiento de cronologías bíblicas, medidas del Templo de Salomón… Buena parte de su vida, Newton fue teólogo. Esto se sabía, pero a menudo se ignoraba cuando se estudiaba a Newton. Ahora bien, estudios más recientes han mostrado cómo las creencias y estudios religiosos de Newton fueron capitales para su investigación. Newton creía en un Dios creador de un Universo perfecto con unas leyes perfectas que se podían descifrar. Fue esta creencia religiosa lo que permitió pensar en la gravedad como una fuerza invisible en contra de los filósofos mecánicos de su época.
En definitiva, Newton fue un genio científico, pero no solo eso. Newton también fue un hombre de su tiempo, un político, un alquimista y un teólogo. Todas estas facetas nos ayudan a dibujar un Newton mucho más complejo, interesante, e históricamente preciso, que la visión simple de "mito de la ciencia".
Dr. Miquel CarandellBaruzzi, historiador de la ciencia
