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En Mataró hay un lugar donde un plato de comida significa mucho más que poder desayunar o comer. Es un espacio donde las personas encuentran una puerta abierta, una rutina y, sobre todo, alguien dispuesto a echarles una mano. Es el comedor social de la Fundació Sant Joaquim, un proyecto que tiene sus orígenes en el año 1908 y que, más de un siglo después, sigue dando respuesta a una necesidad que todavía está muy presente. Todo empezó cuando Miquel Albà, un vecino de Mataró, detectó las dificultades que sufrían muchas personas recién llegadas a la ciudad, especialmente trabajadores y sus familias. De aquella inquietud por ayudar a los demás nació una iniciativa solidaria que ha sobrevivido al paso de las generaciones. Hoy, el comedor mantiene esa misma esencia: garantizar una comida a las personas que más lo necesitan y ofrecerles un espacio donde sentirse acogidas.

Miquel Albà, fundador menjador social de Mataró| Carlos Baglietto


Un día en el comedor social: mucho más que preparar comidas


La jornada empieza de buena mañana. A las nueve, un primer grupo de aproximadamente quince personas llega al comedor para desayunar. Mientras tanto, en la cocina ya hace rato que se trabaja para tenerlo todo a punto para el servicio del mediodía. A las 12:15 horas empieza el turno de comer. El comedor dispone de un aforo de cincuenta personas, que acceden a través de los servicios sociales. Pero el trabajo no termina cuando se retiran los platos. Conscientes de que muchas de las personas usuarias no tienen garantizado qué comerán durante el resto del día, los responsables también preparan bolsas con alimentos, habitualmente un bocadillo y varias piezas de fruta.

Menjador Social Mataró fundació Sant Joaquim | Carlos Baglietto

El funcionamiento de este espacio es posible gracias a la implicación de trabajadores y voluntarios. Actualmente, el equipo de cocina está formado por un jefe de cocina y un ayudante, que se encargan de preparar los menús y controlar los alimentos y las instalaciones. El responsable de cocina lleva diecisiete años trabajando en la Fundació Sant Joaquim. Empezó como ayudante, después pasó a ser cocinero y, finalmente, asumió la responsabilidad de dirigir la cocina. Una trayectoria que refleja el compromiso de las personas que sostienen el proyecto. A esta tarea se suma la colaboración de la Fundació Maresme, que dos días a la semana participa en la organización del comedor, ayudando a poner la mesa y preparar el servicio.


En el comedor social de Mataró saben que tener garantizada una comida puede marcar una diferencia importante en el día a día de una persona. Cuando alguien vive una situación de precariedad o no dispone de un hogar estable, cuestiones tan cotidianas como alimentarse pueden acabar convirtiéndose en una preocupación constante. Y en estas circunstancias, encontrar trabajo y recuperar una cierta estabilidad todavía resulta más difícil. Por eso, el trabajo de la fundación va más allá de servir desayunos y comidas. También contribuye a crear las condiciones para que las personas puedan empezar a reconstruir sus vidas. Algunas de las historias que han pasado por el comedor son una muestra.

¿Cómo mantener vivo el comedor social?


Mantener un servicio de estas características también supone afrontar gastos constantes. Por eso, la Fundació Sant Joaquim trabaja para conseguir recursos que permitan garantizar su continuidad. Después del éxito de la primera cena solidaria, celebrada el año pasado en las instalaciones del comedor, la entidad prepara una nueva edición para el 28 de noviembre en el Casal de l’Aliança de Mataró. El objetivo es reunir a unas 200 personas en un encuentro que servirá para recaudar fondos destinados a cubrir los gastos de funcionamiento del comedor. Más allá de esta iniciativa, la fundación también ofrece diferentes vías de colaboración, como las aportaciones económicas periódicas, las donaciones a través de Bizum para entidades o las contribuciones puntuales. Todas estas ayudas, grandes o pequeñas, son importantes para mantener vivo el proyecto. Más de un siglo demostrando que la solidaridad también alimenta.


Han pasado más de cien años desde que Miquel Albà decidió impulsar una iniciativa para ayudar a las personas que llegaban a Mataró buscando una vida mejor. La ciudad ha cambiado, también lo han hecho las necesidades sociales, pero el comedor sigue teniendo una función esencial. Cada mañana, cuando se abren las puertas, se repite una escena aparentemente sencilla: personas que llegan, una mesa preparada y una comida caliente. Pero detrás hay décadas de compromiso, historias personales, voluntariado y una red de solidaridad que sigue creciendo. Porque a veces ayudar a alguien empieza con algo tan sencillo como ofrecerle un plato en la mesa. Y este primer gesto puede acabar cambiando mucho más que un día de su vida.