Cargando...

Las elecciones de medio mandato (midterms) pueden tener consecuencias mucho más allá del escenario político. Está en juego la composición de las dos cámaras del Congreso (la Cámara de Representantes y el Senado) y, con esta, la capacidad de supervisar, limitar o apoyar las políticas de Donald Trump. Uno de los ámbitos que puede notar especialmente el resultado es la ciencia.

Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, en enero de 2025, el sistema científico estadounidense vive una etapa de fuerte inestabilidad. Tal como ya explicamos en La ofensiva política contra la investigación en Estados Unidos, la administración Trump impulsó cancelaciones de subvenciones, despidos en organismos públicos, recortes presupuestarios y cambios en las políticas de salud, medio ambiente e investigación. Una transformación que no se quedó afectando solo a los investigadores estadounidenses, sino también a las colaboraciones científicas internacionales y el liderazgo de Estados Unidos en investigación e innovación. Ahora, las elecciones pueden determinar hasta qué punto el Congreso podrá poner límites a esta ofensiva.

La financiación científica en el centro de la batalla política

Actualmente, los republicanos controlan tanto la Cámara de Representantes como el Senado, hecho que ha facilitado la agenda legislativa de Trump. Las encuestas, sin embargo, apuntan que los demócratas tienen opciones de recuperar la mayoría en la Cámara e, incluso, disputar el control del Senado.

Un cambio en la composición del Congreso podría tener consecuencias directas sobre el presupuesto de las principales agencias científicas del país, como el Instituto Nacional de Salud (NIH) y la National Science Foundation (NSF). La administración Trump ha propuesto recortar más de la mitad del presupuesto de la NSF para los ejercicios fiscales de 2026 y 2027. Hasta ahora, el Congreso ha frenado buena parte de estas reducciones, con el apoyo de representantes de los dos partidos. Pero el problema no son solo los recortes presupuestarios.

La administración Trump también se ha dedicado a bloquear subvenciones ya aprobadas y ha dejado sin ejecutar parte de los recursos autorizados por el Congreso. La NSF acabó el ejercicio fiscal de 2026 con unos 1.400 millones de dólares sin gastar, una situación que ha contribuido a registrar el número más bajo de nuevas subvenciones de investigación en décadas, según Nature.

Si los demócratas consiguen el control de una o de las dos cámaras, podrían reforzar la supervisión de las agencias federales, investigar las cancelaciones de proyectos y presionar para que se ejecuten los presupuestos aprobados. También podrían bloquear iniciativas como la propuesta de la administración para dar más poder a los cargos políticos en la asignación de subvenciones científicas, una función que tradicionalmente recae en comités de expertos independientes que evalúan los proyectos por revisión científica. Los demócratas ya han anunciado que, si ganan, quieren impulsar investigaciones sobre las actuaciones de las agencias federales convocando por ejemplo, a responsables públicos y exigir explicaciones sobre las decisiones de financiación.

Récord de personal investigador en las listas

La tensión entre la comunidad científica y la administración también se refleja en las candidaturas electorales. Las elecciones de 2026 han vuelto a impulsar una ola de investigadores, profesionales de la salud y especialistas en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas que dan el salto a la política.

Según recoge Nature, el número de científicos que se han presentado a las elecciones de medio mandato es excepcionalmente elevado. Muchos candidatos demócratas han dado el paso como respuesta a los recortes y a la injerencia política en la investigación, aunque no es la primera vez que ocurre. En el año 2018, durante el primer mandato de Trump, un número récord de científicos también se presentó a cargos públicos, en respuesta a las políticas climáticas y sanitarias de la administración.

Sin embargo, una victoria demócrata no significaría recuperar automáticamente los recursos perdidos ni revertir todas las políticas de Trump. El presidente mantiene el poder de veto sobre las leyes aprobadas por el Congreso, y muchas de las transformaciones administrativas impulsadas desde la Casa Blanca no se pueden deshacer solo con un cambio de mayoría parlamentaria, pero sería un primer paso para hacer las cosas sí más, más difíciles. Estamos en un momento en que la ciencia se ha convertido en uno de los frentes de la batalla política en Estados Unidos y, por lo tanto, las urnas también decidirán el futuro de los laboratorios.