La gran mayoría de las civilizaciones antiguas no concebían que la Tierra podía tener una historia tal como la entendemos hoy en día. En general, consideraban un momento de creación mítica, pero raramente pensaban en el tiempo, o la cantidad de tiempo, que había pasado desde ese momento hasta su actualidad. Para los antiguos, el concepto de historia no era temporal, sino descriptivo, la historia natural explicaba el mundo natural. De hecho, la palabra historia proviene del griego y significa "investigación", "indagación".
Por lo menos en Europa, todo cambia con la progresiva hegemonía del cristianismo. La Biblia no solo sitúa un momento concreto de la creación, sino que narra una serie de acontecimientos posteriores que conducen hasta el presente. Este relato ofrece la posibilidad de elaborar una cronología de la Tierra. Así, en la Europa medieval, muchos filósofos naturales intentan reconstruir esta secuencia temporal y establecer una escala histórica del mundo tal como lo entendemos hoy. En este contexto, episodios como el Diluvio Universal adquieren una importancia central: los eruditos creen que no solo pueden encontrar referencias textuales, sino también testimonios materiales en forma de fósiles. Como veremos en el próximo artículo, el Diluvio se convierte en clave en la interpretación de los fósiles, su origen y la posibilidad —o no— de la existencia de especies extinguidas.
Estas cronologías se basaban, pues, en una lectura literal de la Biblia. El ejemplo más conocido de esta tendencia son los estudios del arzobispo de Armagh, en Irlanda, James Ussher, realizados a inicios del siglo XVII. Ussher trabajaba principalmente con dos fuentes: por un lado, el texto bíblico; por el otro, las tablas astronómicas de Johannes Kepler y de otros astrónomos, así como calendarios lunares y solares. Combinando estos datos —calculando las generaciones desde Adán y Eva y correlacionándolas con los cálculos astronómicos— concluyó que la creación de la Tierra había tenido lugar el sábado 22 de octubre del año 4004 a.C., a las seis de la tarde.
Estudios como los de Ussher fueron fundamentales para pensar en la historia de la Tierra a partir de un marco temporal
La conclusión de Ussher nos parece hoy atrevida, incluso ridícula, pero cuando los historiadores han examinado el trabajo de Ussher, intentando verla con ojos del siglo XVII, han visto que las investigaciones del arzobispo están basadas en un estudio razonado, detallado y exhaustivo de sus dos fuentes principales. De hecho, el reconocido paleontólogo y divulgador científico Stephen Jay Gould, también destacado historiador de la ciencia, afirmaba que Ussher "representaba la mejor erudición de su tiempo" y que formaba parte de una comunidad intelectual con un objetivo común, que trabajaba bajo una metodología compartida y ampliamente aceptada.
Así pues, Ussher puede ser entendido como un buen "científico" de su tiempo: un intérprete meticuloso y sistemático que trabajaba a partir de evidencias concretas. Su "problema" no fue la falta de rigor, sino la naturaleza de las fuentes empleadas y, sobre todo, el peso que entonces se concedía a la interpretación literal de la Biblia.
En todo caso, estudios como los de Ussher fueron fundamentales para pensar en la historia de la Tierra a partir de un marco temporal, para alargar este marco progresivamente, así como para el afrontamiento de los problemas que se encontraron por el camino. ¿Problemas como el de los fósiles, cómo interpretarlos? ¿Eran restos de animales ahogados durante el Diluvio? ¿Eran animales extinguidos? Lo veremos en el siguiente artículo.
Dr. Miquel Carandell Baruzzi, historiador de la ciencia
