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La expansión y aceptación de la teoría heliocéntrica de Copérnico no fue ni rápida ni sencilla. Ante esta nueva visión del universo, algunos astrónomos propusieron modelos alternativos, mientras que otros contribuyeron a perfeccionar la teoría copernicana, haciéndola más sólida y alejándola progresivamente de los esquemas heredados de la tradición clásica.

Uno de los astrónomos más destacados de este período fue Tycho Brahe. Nacido en la actual Dinamarca y procedente de una familia noble y acomodada, Brahe gozó del apoyo de la monarquía danesa, que le permitió construir Uraniborg: un palacio-observatorio situado en la isla de Ven. Este complejo, además de alojar instrumentos astronómicos de gran precisión, funcionaba también como centro de impresión y difusión del conocimiento científico.

En su observatorio, todavía a ojo desnudo, sin telescopio, en el año 1572, Brahe observó la aparición de una estrella, las llamadas novas. Los astrónomos chinos hacía tiempo que habían observado este fenómeno, pero en Europa, fue Brahe el primero en hacerlo. Este fue un descubrimiento fundamental para acabar con una de las creencias clásicas que Copérnico había mantenido, las estrellas fijas. Si podían aparecer nuevas estrellas era que estas no eran siempre iguales. Brahe también observó un cometa, que también hacía tambalear la astronomía clásica, ya que no seguía ni el patrón de las estrellas, ni el de los planetas.

Brahe sacó los planetas de la órbita de la Tierra y los puso dando vueltas al Sol

Después de perder el favor del rey de Dinamarca, en el año 1597, Brahe se fue a Praga, donde el rey Rodolfo sí que patrocinó sus investigaciones. Gracias a todo el trabajo hecho en Uraniborg, en Praga, Brahe elaboró las tablas de observación astronómica más precisas e informativas del momento, superando la información de que se disponía fruto de la herencia mesopotámica y árabe, las llamadas Tablas Rudolfinas.

Brahe, sin embargo, no creía del todo en la teoría copernicana, que no encajaba del todo con sus observaciones, así que elaboró un modelo nuevo del universo. Brahe volvió a poner la Tierra en el centro, con la Luna y el Sol orbitando a su alrededor. Ahora bien, a diferencia de los modelos anteriores, Brahe sacó los planetas de la órbita de la Tierra y los puso dando vueltas al Sol.

En Praga, Brahe contrató a un joven y prometedor matemático y astrónomo, que conocía y aceptaba el modelo de Copérnico, llamado Johannes Kepler. A diferencia de Tycho Brahe, Kepler no provenía de una familia acomodada, y fueron el dinero del rey y de Brahe lo que permitió que se dedicara a la astronomía de forma profesional. De hecho, durante su vida, para mantenerse, Kepler se había dedicado a la astrología, a utilizar las estrellas y planetas para predecir el futuro de aquellos que pudieran pagárselo. Como Copérnico, Kepler fue sobre todo un matemático, no hizo observaciones como Brahe, sino cálculos matemáticos de las trayectorias de los planetas, hechos sobre todo a partir del trabajo de Brahe.

A pesar de colaborar, Tycho Brahe no quería compartir sus datos con Johannes Kepler, ya que este no apoyaba su modelo geocéntrico, sino el copernicano. Después de varios desacuerdos, y una vez muerto Brahe, Kepler accedió a sus tablas astronómicas y las utilizó para desarrollar un nuevo modelo basado en la hipótesis heliocéntrica.

Kepler comprobó que las precisas observaciones de Brahe se ajustaban mucho mejor al modelo copernicano si, en lugar de órbitas circulares —como había propuesto Copérnico—, se consideraban órbitas elípticas para los planetas. Esta fue una innovación fundamental que cuestionaba directamente la concepción clásica de la astronomía, que atribuía a los círculos la perfección que los planetas debían seguir.

Con estos avances, nos acercamos progresivamente a las contribuciones decisivas de dos figuras capitales de la revolución científica: Galileo Galilei e Isaac Newton.

Dr. Miquel CarandellBaruzzi,historiador de la ciencia