Los corales son animales marinos que viven en simbiosis con microalgas que habitan en sus tejidos y les proporcionan energía mediante la fotosíntesis. Esta relación es esencial para su crecimiento y para la formación de los arrecifes coralinos, ecosistemas que acogen una gran diversidad de vida marina. Cuando la temperatura del agua aumenta demasiado, los corales pueden expulsar las microalgas que habitan en ellos y perder su coloración. Este fenómeno, conocido como blanqueamiento, los debilita y puede acabar provocando su muerte. La investigación, publicada este octubre en la revista Science Advances ha identificado el contacto físico con otro coral sano como posible vía de recuperación, de momento en el laboratorio.
El descubrimiento comenzó con una observación accidental del investigador Stephen Palumbi de la Universidad de Stanford, en Estados Unidos. A principios de 2025, vio que dos fragmentos de coral que se tocaban dentro de un tanque de laboratorio empezaban a mostrar un cambio de color en la zona de contacto. A partir de esta observación, Danny Collins, investigador de Stanford, diseñó un experimento con diez parejas de fragmentos de Pocillopora damicornis, una especie de coral. Cada pareja estaba formada por un fragmento sano y uno blanqueado.
Un puente de tejido para compartir microalgas
Los resultados demostraron que los fragmentos blanqueados que tocaban los sanos se recuperaron a lo largo de ocho semanas. En solo dos semanas, la población de microalgas simbióticas se había duplicado aproximadamente cada cuatro días. Además, después de una semana de contacto, algunos fragmentos podían seguir recuperándose incluso cuando se separaban del fragmento sano.
En cambio, los fragmentos que no llegaban a tocarse murieron después de veinte semanas. Además, mediante microscopía de alta resolución, el equipo observó que los tejidos de ambos fragmentos se fusionaban y formaban una especie de puente que permitía el paso de las microalgas de un fragmento a otro.
Una posible herramienta para restaurar los arrecifes
La principal limitación que vieron los investigadores es que este mecanismo solo se producía entre fragmentos con la misma identidad genética, es decir, procedentes del mismo individuo. Los fragmentos de corales diferentes, incluso cuando pertenecían a la misma especie, no establecían esta conexión y no conseguían recuperar el fragmento blanqueado.
Esta especificidad hace que el descubrimiento todavía esté lejos de convertirse en una técnica de restauración aplicable a gran escala. Habrá que determinar si el mecanismo funciona en otras especies, si se puede reproducir en condiciones naturales y hasta qué punto puede contribuir a la supervivencia de los corales en un océano cada vez más cálido. En un contexto de calentamiento global, comprender cómo los corales pueden recuperar sus microalgas y restablecer las relaciones simbióticas esenciales para su supervivencia podría ayudar a desarrollar estrategias de conservación más eficaces.
