"La tarea de la ciencia natural no es simplemente aceptar lo que nos dicen, sino investigar las causas de las cosas naturales". Pensamientos como este, atribuido a san Alberto, son los que han llevado a declarar a este dominico, nacido en la actual Alemania, el patrón de la ciencia y los científicos. Superado ya hace años el mito de ver la Edad Media como una época oscura, dominada por las supersticiones y sin investigación científica, cuando nos detenemos a conocer este periodo nos surgen personajes con una actividad tan destacada como la de Alberto Bollstädt, también conocido como Alberto Magno.
Hace un par de meses comentábamos la revolución intelectual que supuso la llegada a Europa de trabajos clásicos como los de Aristóteles o Ptolomeo mediante las traducciones del árabe. El trabajo de Alberto Magno es esencial para comprender cómo se introdujeron y asimilaron en las universidades europeas tanto los conocimientos clásicos como los desarrollados en el mundo árabe. Para la integración de estos saberes dentro del marco de la Iglesia católica, la obra de Alberto Magno, junto con la de su discípulo Tomás de Aquino, ejerció un papel fundamental, ya que contribuyó a la adaptación y difusión de estos conocimientos.
Según Alberto Magno, vale la pena el esfuerzo de conocer el mundo natural que nos rodea porque así conocemos también la creación divina.
En este sentido, Alberto fue un prolífico comentador de Aristóteles: comentó todas y cada una de las obras de Aristóteles que le llegaron a las manos. Y lo hizo de forma crítica: a diferencia de otros, que hacían lo imposible para encajar algunas ideas controvertidas de Aristóteles con el catolicismo, Alberto se limitó a rechazar todo aquello que no le gustaba del pensador griego.
Para Alberto, la teología, es decir el estudio de lo divino, debía estar por encima de la filosofía, es decir, el estudio de lo natural. De hecho, la filosofía era una especie de paso previo, de preparación para el estudio divino. Dios es para Alberto la causa final de todo, pero Dios opera mediante causas naturales que se pueden conocer y estudiar. Vale la pena el esfuerzo de conocer el mundo natural que nos rodea porque así conocemos también la creación divina.
Por eso, Alberto no se limitó a la lectura y al pensamiento teórico, sino que también hizo experimentos, salió al campo a recoger plantas y conocer sus propiedades, observó los animales y estudió los minerales. Alberto fue lo que hoy llamaríamos un "químico" y un naturalista variado y complejo en la unión entre los conocimientos antiguos y sus propias investigaciones, sus observaciones empíricas.
Así, partiendo de la idea con la que hemos empezado este artículo, bajo la apariencia de una aproximación crítica a Aristóteles, en Alberto Magno nos aparece un personaje que hizo lo que hoy llamamos ciencia, ¡y lo hizo en un período en el que siempre nos habían dicho que no había investigación científica!
Dr. Miquel CarandelllBaruzzi,historiador de la ciencia
