El president de la Generalitat, Carles Puigdemont, ha recogido el aval del expresident Artur Mas y del vicepresident, Oriol Junqueras, antes de anunciar su intención de someterse a una moción de confianza pasado el verano.

La idea se empezó a gestar la semana pasada, especialmente a partir del jueves, cuando la reunión del president y el vicepresident con la CUP hizo evidentes las dificultades para sacar adelante el proyecto de presupuestos.

Eran muy pocos, sin embargo, los que estaban al corriente. A principios de semana, Puigdemont trasladó a Artur Mas la propuesta, parecida por otra parte a la que Mas había ofrecido en el segundo intento de sacar adelante la investidura, pero con un punto de partida totalmente diferente.

Oriol Junqueras

El debate político sobre la estabilidad que se esconde tras los presupuestos ha estado igualmente presente en las conversaciones entre el president y el republicano Oriol Junqueras los últimos días. Si con las negociaciones sobre la investidura la presión política recayó sobre Convergència, con los presupuestos, la tensión con la CUP ha caído de manera especial en ERC.

Puigdemont ha avanzado esta tarde a Junqueras su decisión antes de hacerlo saber al grupo parlamentario. El vicepresident ha hecho una valoración positiva tanto en la conversación privada que han mantenido en el despacho del president en la cámara catalana como ante los diputados.

Receso

Todo se ha desencadenado una vez el proyecto del Govern ha sido tumbado por las enmiendas a la totalidad. Era la primera vez que en el hemiciclo de la Ciutadella un ejecutivo no conseguía hacer prosperar su proyecto. Y la presidenta ha anunciado media hora de receso.

Tiempo para que los diputados se dirigieran a la sala de grups, la mayor de la cámara donde habitualmente se celebran las reuniones de JxSí. Allí, Puigdemont ha hecho una exposición muy similar a la que minutos más tarde haría ante el pleno.

Han apoyado la propuesta, aparte de la intervención de Junqueras, la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, y intervenciones del diputado Germà Bel y el alcalde de Molins, Joan Ramon Casals. Los dos diputados han recalcado que el problema con la CUP no es puramente de aritmética. No hay confianza. Y esta vez todo el grupo se ha sentido cohesionado tras esta impresión.

Confianza

En una democracia normal ver caer los presupuestos es una censura al gobierno en toda regla, ha avisado Puigdemont. Con este argumento ha dejado claro que no tenía más salida que presentar una moción de confianza y hacerlo pasado el verano para evitar susceptibilidades o interpretaciones sobre la voluntad de hacer un uso partidista.

Los diputados han acogido el anuncio con aplausos de pie antes de volver al pleno. En el hemiciclo, el president tampoco ha escondido la irritación con la CUP. “Yo confiaba en ustedes y los he defendido hasta el final. Mucha gente confiaba. Ustedes han decepcionado las esperanzas de millones de personas movilizadas todos estos años”, les ha reprochado.

Deslealtad

Igualmente les ha echado en cara la decepción por el hecho de que no retiraran la enmienda para garantizar la estabilidad del Govern, cuándo hace seis meses JxSí renunció a su candidato para poder poner en marcha la legislatura. “No hay proporción, ni lógica, ni lealtad”, les ha reprochado ante el aplauso de sus diputados.

El anuncio ha sido el punto y final de una jornada de tensión en el Parlament, caras largas en JxSí, pero también en la CUP, donde la habitual coreografía coordinada de los diputados se ha visto sustituida por distancias evidentes. Mireia Boya, que la noche anterior había tuiteado su descontento, tampoco ha escondido la incomodidad en la cámara durante toda la jornada. Incluso, Benet Salellas habría intentado, según algunas fuentes de Presidència, un último gesto durante el día para evitar una respuesta excesivamente contundente del president. Pero era demasiado tarde.

Elefantes con balines

“En estas condiciones no se puede continuar”, ha advertido Puigdemont después de comparar gobernar sobre unas bases tan volátiles con “cazar elefantes con una escopeta de balines”.

Ya no dispone de la mayoría que lo invistió, ni tampoco está dispuesto a “seguir administrando los trastos de un presupuesto [prorrogado] elaborado por un Parlament y un Govern que no tenían el mandato de la independencia”. Los aplausos de los diputados de JxSí han estado tan contundentes como el desconcierto de los cupaires.

“Nos sentimos corresponsables, pero no culpables”, ha asegurado Joan Garriga en nombre de los anticapitalistas ante la protesta de los diputados de JxSí, que de repente, en una tarde, se han vuelto a mover como un grupo cohesionado.