Las elecciones que se celebraron en España el 12 de abril de 1931 arrojaron un resultado que llevó a la proclamación de la II República y al exilio del rey Alfonso XIII. Siempre se ha sabido que, en aquellas elecciones, que eran locales y fueron convocadas por los estertores de un régimen dictatorial tambaleante —la llamada dictablanda—, los ganadores fueron los partidos monárquicos, pero el hecho de que los republicanos ganaran en las grandes ciudades llevó a interpretar los resultados como una evidente pérdida de confianza en una monarquía sustentada por una dictadura militar cada vez con menos apoyos.

Con todo, los resultados pormenorizados de aquellas elecciones no llegaron a conocerse en toda su extensión, pues el cambio de régimen llevó consigo una oleada de alteraciones, entre las que se incluyó la repetición de las elecciones en algunos lugares y la reconversión de muchos monárquicos en republicanos al rebufo de los acontecimientos.

Casi noventa años más tarde, un libro llega para poner algo de luz en aquellos acontecimientos. Se trata de De las urnas a la república. Las elecciones municipales de 1931 en Sevilla (Diputación de Sevilla), cuyo autor es el profesor Julio Ponce Alberca, del Departamento de Historia Contemporánea de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla.

Resultados exhaustivos en Sevilla

Según avanza ABC, el estudio revela de forma exhaustiva los resultados de las elecciones municipales en todas las localidades de la provincia de Sevilla y los distritos de su capital, con datos como que los candidatos monárquicos obtuvieron 966 concejales frente a los 329 republicanos.

El diario citado asegura que ello supone acreditar “el fraude en las elecciones que provocaron el exilio de Alfonso XIII”, aunque, de hecho, la misma pieza periodística no abunda en ello desde el punto de vista clásico del pucherazo, y si fuera así, habría sido a favor de la opción monárquica, que ganó claramente las elecciones en esa demarcación.

En todo caso, lo novedoso de la investigación es la pormenorización de los resultados, muchos inéditos hasta el día de hoy, a lo que cabe añadir el llamamiento a realizar similares investigaciones hasta completar el resultado.

Con todo, defender que las elecciones en sí fueron un fraude no parece acreditado en la investigación, sino en la interpretación que le da el medio citado, por lo demás, monárquico, y que publica la citada pieza en la sección ‘Casa Real’.

En todo caso, lo que pudo ser fraudulento, en el sentido de no ser conforme a la ley, fue la cadena de acontecimientos que llevaron a proclamar la República y la consiguiente huida al extranjero del monarca, algo que conviene contextualizar en el marco social del momento y no exclusivamente en los resultados electorales.

Una monarquía desacreditada

A inicios de 1931 la monarquía estaba completamente desacreditada por su apoyo a una dictadura militar que no dudó en fusilar a los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández tras un intento insurreccional en Jaca. Al mismo tiempo, el republicanismo gozaba cada vez de mayores simpatías en cuanto que significaría el fin de la dictadura. Todo ello conllevó que las elecciones municipales de 1931 —las primeras autorizadas desde el golpe militar de Primo de Rivera— fueran entendidas como un plebiscito sobre el futuro régimen político en España.

En este sentido, la investigación citada aporta una visión casi con lupa de la votación en Sevilla, suministrando datos sobre algunas irregularidades, como que la votación se interrumpió en el municipio de Gerena entre gritos de ‘Viva la República’ y ‘Muera el Rey’, que en La Puebla del Río unos agitadores rompieron las urnas a la hora del escrutinio o que en la ciudad de Sevilla hubo mesas que no se constituyeron y se aplazaron al martes siguiente.

Con todo, acreditar esas irregularidades no significa dar por hecho que las elecciones fueran un fraude, puesto que, de hecho, ganaron los monárquicos. Lo que legalmente fue dudoso fue la vorágine de hechos que se sucedieron tras la votación y que acabaron con la proclamación de un sistema de gobierno republicano y el exilio del monarca. 

 

Imagen principal: Bandera republicana en una imagen contemporánea / Emilio J. Rodríguez Posada