Jordi Pujol y Pasqual Maragall, pertenecían a la alta burguesía. Artur Mas a la clase alta. José Montilla fue el ejemplo de que en Catalunya funciona el ascensor social, pero era un hombre de aparato, un político profesional. Carles Puigdemont es una persona como usted y como yo, que ha vivido muchos años de su nómina y que, de carambola, fue candidato a alcalde; que, de carambola, ha acabado de president de la Generalitat y que hace cara de "yo pasaba por aquí". Reconozcámoslo, la historia tiene momentos geniales. Y, a veces, quien la cambia era alguien que pasaba por allí.
Total que volvemos a estar en la plaza de Sant Jaume de BCN para asistir a la toma de posesión de un president. Con aquel clásico de los invitados entrando a Palau a través de un llaaargo pasillo de vallas como si aquello fuera una boda. La función de "abuelas cebolleta" que lo critican todo la hacemos los/las periodistas con comentarios sobre los que passan por delante nuestro del nivel: "éste, ¿cómo se llamaba"? "dónde va ésta vestida así", "Uala, cómo ha envejecido...", "y éste, ¿qué hace aquí"?... Y otros no reproducibles.
18.55. Sala de prensa de Palau. Llena hasta la bandera. Y eso que fuera, en la plaza, hay una tarima rebosante de periodistas televisivos que harán los directos desde allí. Cuando a las 4 y media de la tarde me he acreditado, la persona de prensa encargada de la cosa, cargaba dos inmensas bolsas de tarjetas como esta:

19.08 Dentro del Salón Sant Jordi, regio escenario de la toma de posesión, Jorge Fernández Díaz y Oriol Junqueras hablan durante unos 3 minutos en presencia de Marta Rovira y Enric Millo. Pagaría para saber qué dicen. Y pagaría bastante. Y si hiciera falta, pediría un crédito. O un FLA.
19.11 Los periodistas que estamos en la sala de prensa lo seguimos todo a través un plasma. De repente, una voz en off nos comunica el inicio del acto. Cinco minutos antes, el mítico Lluís Falgàs (TVE) se había quejado durante el directo que hacía desde allí mismo de la falta de puntualidad.
19.16 El president en funciones y el que lo será en breve salen del despacho oficial seguidos de la presidenta del Parlament, Carme Forcadell.
19.17 Jordi Baiget, secretario del Govern en funciones y futuro conseller de Empresa i Coneixement, da la palabra al president Mas. Y Artur Mas agradece a todo el mundo los servicios prestados, cosa que provoca un aplauso que empieza normal, va subiendo y acaba con todo el mundo de pie. Bien, menos la representación del Estado y de los partidos de la oposición presentes. Algunos como Inés Arrimadas y Xavier García Albiol no sabemos que están haciendo en aquellos momentos porque ni han venido. En total, un minuto de aplausos.
Artur Mas no lee el discurso. Ni consulta ninguna nota. Le sale todo de dentro y a chorro. Explica la clásica anécdota marinera (en este caso con el famoso timón que tenía en el despacho) y remata con la no menos clásica metáfora naval deseándole al nuevo president "una buena singladura".
19.28 Carme Forcadell lee el nombramiento firmado por el rey y por Mariano Rajoy Brey, a quien ella renombra como Briei. Y este es el momento de la polémica. Como si aquello fuera el mundial de salto con pértiga, pasa por encima del momento del juramento en el que se promete fidelidad al rey y a la Constitución. Es la respuesta a la decisión de Felipe VI de enviar por Whatsapp la firma del decreto de nombramiento. Nos esperan días llenos de gestos poco amables.
19.29 Artur Mas le impone a Carles Puigdemont la medalla de la Generalitat. Ni Jorge Fernández Díaz ni la delegada del Gobierno mueven un sólo músculo. De hecho no lo han movido desde que han entrado al Palau de la Generalitat. De Marcelo no tengo ninguna información. Imagino que está en el parking de la plaza de la Catedral haciendo su trabajo.
19.30 Carles Puigdemont avisa: él no es de metáforas y menos marineras, pero opta por leer un poema marinero. Tan breve que no tenemos tiempo ni de apuntarlo. Acaba el discurso con dos citas. En castellano nos dice: "Imposible es sólo una opinión". En catalán cita Gaziel, uno de sus referentes: "Sóc fal·lible però insubornable" (no se lo traduzco porque se entiende, ¿no?)
19.37 Acaba el discurso del nuevo president. Todo el mundo aplaude de pie. El ministro del Interior y la delegada se levantan. Las manos, sin embargo, quedan inmóviles. Es el primer signo de vida durante toda la ceremonia. Y si se han levantado es para marcharse a toda velocidad.
19.41. La voz en off del inicio comunica que en el Pati dels Tarongers se servirá un refrigerio. Los periodistas seguimos en la sala de prensa esperando poder subir al patio de los naranjos, lugar del refrigerio en cuestión.
19.56. Los periodistas ya estamos autorizados a subir a la zona noble. Sin micros ni cámaras. Nada más llegar, un alcalde de una gran ciudad me explica que ya tiene procurador en Madrid. "En febrero me harán ir a declarar a la Audiencia Nacional, seguro". Una concejala comenta: "cuando nos empiecen a llamar a todos, será cuando tendremos que estar más unidos que nunca". Aparte de gestos poco amables, vienen días de viajes a los juzgados.
En el fondo del patio están los dos presidentes, el que se va y el que llega. Hay largas colas para besarlos y abrazarlos. Hay gente que cuando le hace el cumplido a Artur Mas, llora. Él no se saca la sonrisa de encima. A los que lo despiden como si aquello fuera un entierro él les dice: "nos seguiremos viendo, que no desaparezco". Una señora se dirige a Helena Rakosnik y le dice: "hemos perdido a un presidente y has ganado a un marido". Ella le responde: "yo tenía las dos cosas".
Joan Coscubiela y Lluís Rabell se pillan un platillo de "vegetales fritos", según descripción de Coscubiela. Y van haciendo. Después estarán bastante rato charlando con el director general de los Mossos, Albert Batlle. Pero no le ofrecerán "vegetales fritos". Básicamente porque ya no quedan.
Pregunto a Jordi Bosch, importante productor televisivo, pero sobre todo un gerundense universal que conoce a todo el mundo y que es feliz, si ahora que el president es de los suyos, definitivamente Girona se declarará independiente del mundo y, en caso afirmativo, donde irá la frontera. "A Blanes –me dice–. A partir de la piedra de Blanes hacia arriba es nuestro. Del camping para abajo, ya queda fuera". "Y ¿por qué el camping queda fuera?", pregunto yo. "Se ve que el río se movió hace siglos y no está claro el límite. Por lo tanto, empezaremos con un buen conflicto territorial, que siempre va bien".
Y mientras continúan los abrazos y las fotos, es el momento del "¿y ahora, qué?". ¿Qué hará a partir de ahora Artur Mas? Si deja el escaño dejará de estar aforado, pero si lo conserva no se puede acoger a los derechos como expresident, incluida la oficina. Ve, si fuera senador, como Montilla, no tendría ninguno de estos dos problemas.
¿Y Carles Puigdemont? ¿Qué hará él, el hombre que dice que le ofrecieron ser president el sábado por la mañana? Bien, pues de momento recibir las posibles impugnaciones de esta su toma de posesión que ha incluido un nuevo récord de salto de pértiga institucional y, en breve, dar apoyo a los alcaldes y alcaldesas que irán recibiendo citaciones judiciales. No está mal para empezar, ¿verdad?
Esta primavera lloverá. Y no sólo agua.