Me daba pereza. Primero porque reconozco mi impenitente simpatía por Marc Giró, y creo sinceramente que no ha estado a la altura en la polémica. Y segundo, porque volver a hablar de discursos contra el catalán vomitados por la enésima progre antipatriarcal-multicultural-LGTBIQ+, antiburguesa, antifascista-transfeminista-antirracista, antiimperialista y toda la retahíla de istas hasta hacer explotar el diccionario..., volver a hablar de ello, da muchísimo asco. Algún día habrá que preguntarse por qué este sector ideológico que, como es evidente en las votaciones, representa una ínfima minoría de la sociedad, está tan sobredimensionado en los medios catalanes. Como “queda progre”, y la mayoría de los periodistas tienen el síndrome del “quedar bien” con la progresía, no fuera a ser que parecieran unos burgueses catalanitos, reaccionarios y antimodernos, venga a llenar los micrófonos de personajes rarísimos con ideas rarísimas, que quieren ser tan posmodernas que acaban representando la última hornada de la carcundia de siempre.
La tal que ahora que ha dicho barbaridades contra el catalán se apellida Vasallo (¿cosas de la ironía de la antroponimia?), y responde a la siempre sinuosa profesión de “activista”, otro de aquellos sustantivos que, sin saber muy bien qué representa, siempre otorga patente de corso para decir cualquier tontería. La frase “el catalán será recordado como un idioma fascista”, dicha así, a boca de jarro, ha sido posteriormente matizada, reinventada, reconfigurada e hipercontextualizada para demostrar que no, que los hiperprogres de la hiperprogresía postmoderna no tienen nada contra el catalán, solo contra aquellos que lo quieren imponer a los ciudadanos que viven en Catalunya, porque “exigir a personas inmigradas que hablen catalán podría constituir un abuso de poder”. Y es entonces cuando Giró se nos ha puesto divino y ha dicho aquello de “el pueblo catalán puede ser oprimido y opresor a la vez”. Cágate, lorito: no solo no ha corregido a la ínclita, sino que le ha dado aún más munición. No, Marc, ciertamente no has estado a la altura.
Su marco mental es España, y toda reivindicación catalana la ponen en el saco del folclorismo, las aspiraciones burguesas o directamente el fascismo
Sin embargo, y más allá de los minutos de gloria de la tal Vasallo, la polémica saca a la luz el comportamiento de esta progresía woke que siente urticaria cuando nos quejamos porque no nos atienden en catalán en las tiendas, o cuando ponemos en evidencia que ser atendido en catalán en un hospital empieza a ser un milagro. Y no solo eso, sino que si osamos elevar públicamente la queja por no poder usar el catalán en nuestra casa, pasamos a ser una especie de burgueses colonizadores, herederos de negreros, que maltratan a la pobre gente que llega a Catalunya. Recordemos la obrita de teatro que, con dinero público, se mofaba del catalán, y tantas otras infamias de esta naturaleza. Xavier Díez ha bautizado este tipo de urticaria como “el síndrome Vasallo”, sufrido por aquella gente que hace del “charneguismo” un orgulloso lema cool. Dice Díez en una lúcida reflexión: “el charneguismo sería un concepto mediante el cual se reivindica el derecho de aquellas personas provenientes de espacios ajenos a la nación a aislarse completamente de la sociedad a la que han ido a parar”. De hecho, es una concepción tan paternalista como reaccionaria porque no solo no defiende los derechos secularmente destruidos de la nación catalana, sino que somete a los recién llegados a los cánones del Estado que justamente los ha destruido.
Todo ello es tan patético como parece, pero no es ni casual ni excepcional. De hecho, la tal Vasallo pertenece al mismo fenómeno de una progresía que en 2017 estuvo del lado de los opresores, porque su marco mental es España, y toda reivindicación catalana la meten en el saco del folclorismo, las aspiraciones burguesas o directamente el fascismo. Lo hemos visto bien claro, por ejemplo, cuando Junts ha reclamado la soberanía en materia inmigratoria, y todos estos lo han acusado de racista. Este marco mental parte de dos supuestos inexistentes: que las aspiraciones catalanas son cosa de la pérfida burguesía y que va en contra de las clases desfavorecidas. Resulta superfluo recordar que la burguesía del XX ha desaparecido completamente, que tenemos el país destrozado, que el Estado español es el motor económico que destruye nuestros recursos, y que las dificultades que tenemos como sociedad provienen de la asfixiante dependencia que sufrimos. Pero todo esto no les interesa, porque deja sus argumentos desnudos. De hecho, llega a ser tan delirante la cosa que las Vasallo de estos tiempos no parecen nada más que la versión posmoderna de los Lerroux de siempre: populismo, victimismo y anticatalanismo. Pero progre antipatriarcal-multicultural-LGTBIQ+, antiburguesa, antifascista-transfeminista-antirracista, antiimperialista... que siempre tiene disculpa.