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Mientras el activismo de siempre, el que pagamos entre todos y nunca aporta soluciones, aprovechaba las movilizaciones por Maricarmen manifestando una preocupación que es más bien interés oportunista, en Ceuta, debe recordarse, todo sigue igual. Y seguirá estando igual de mal mucho después de que Maricarmen haya vuelto a su casa, a la que dice que es su casa por el hecho de que fue su hogar. Más de uno creerá que soy una desalmada, pero es que, en mi opinión, debe dejarse siempre claro que la caridad es voluntaria, porque Maricarmen, a pesar de su triste situación actual, no forma parte de la legión de desafortunados de los que nuestro Estado social debe ocuparse por compromiso constitucional. Si no lo hace como debería con estos, ¿cuál es la razón por la que debe solucionar el problema de Maricarmen? Se trata de una anciana de 87 años con una posición económica que muchos quisieran para sí, sobre todo teniendo en cuenta el histórico de gastos corrientes que ha tenido a lo largo de su vida. Pero Maricarmen vive en Madrid, de modo que el show que se está armando en la Puerta del Sol tiene un objetivo claro, y no es de tipo humanitario; es orquestar la culpabilización de Madrid y sus dirigentes por el hecho de no aplicar unas medidas en materia de vivienda que desde luego nada tienen que ver con el caso y que, por cierto, en Catalunya se han cumplido a rajatabla sin conseguir nada, excepto contabilizar el suicidio de una madre con dos hijos al cargo en el debe de un municipio socialista, en una Catalunya socialista de una España socialista que, con la ayuda inestimable de otros partidos de izquierda, ha conseguido que aquí seamos campeones de ocupación, campeones en desahucios y campeones en la venta de humo para camuflar la asfixia fiscal de las clases medias. En ese sentido, está claro que el alcalde Almeida ha sido rápido en darle solución a la mujer; recordar que Madrid es la provincia con más porcentaje de vivienda social por habitante, aunque para ello haya tenido que crear un peligroso precedente.

Sé de muchos que habrían querido disfrutar de la seguridad laboral de Maricarmen, una funcionaria que se favoreció durante setenta años de unas medidas franquistas en materia de vivienda

Sé de muchos que habrían querido disfrutar de la seguridad laboral de Maricarmen, una funcionaria que, además de haber vivido con sus padres (de otro modo la prórroga del alquiler no habría podido darse), se favoreció durante setenta años de unas medidas franquistas en materia de vivienda que ahora se quieren recuperar en un decreto-ley que han estado negociando el PSOE y Sumar, ironías de la vida. Un gobierno socialista las eliminó por entender que lo que beneficiaba a unos paralizaba la economía y asfixiaba a los demás, algo parecido a lo que puede suceder ahora en un mundo todavía menos capaz de asumir medidas de ese tipo. Pero a los que jalean en Sol y a los que pelean en el Consejo de Ministros, como a los que se dedicarán al postureo en el Congreso de los Diputados, en realidad eso les interesa poco. La mayor parte de ellos y toda la fanfarria intelectual y artística que se ha indignado con el caso de Maricarmen tienen en su haber, sumándolos todos, la cantidad de inmuebles como para constituir el sueño húmedo de cualquiera de esos fondos a los que llaman buitres, y que está formado por infinidad de personas que hacen una pequeña inversión en su banco para evitar que la galopante inflación se coma cualquier esfuerzo por guardar algo. Vamos, que casi todos somos responsables solo por el hecho de tener una cartilla donde domiciliar los recibos y la nómina. Los que aparentan escándalo y dolor por Maricarmen entre la comida y la cena ni padecen ni padecerán las medidas por las que claman, gracias a sus asesores fiscales y al hecho de que Madrid no haya aplicado la infame ley de la vivienda. No lo dirán, claro, pero se lo agradecen. Que una cosa es cantar y otra, perder dinero.

Mientras tanto, en Ceuta, la economía se desmonta por momentos. Las pérdidas de los negocios son ya incontables y las mujeres de toda edad violadas salvajemente no son objeto de ninguna proclama ni concentración. Pero es que están tan lejos… Bueno, más lejos estaba Palestina, pero, claro, aquello era mucho peor… casi como lo de Maricarmen.