A diferencia del Frente Amplio, Podemos y otras formaciones, el objetivo último de Vox no es apuntalar la presidencia de otro partido, sino conseguirla. La formación de Santiago Abascal quiere emular lo que ya ha conseguido Giorgia Meloni en Italia o, como mínimo, estar en la posición de lograrlo como Marine Le Pen en Francia. Vox ya no ve tan descabellada la idea de que algún día un líder del partido sea presidente español. Pero, en contraposición a lo que ocurre en Francia o en Estados Unidos, donde el presidente se escoge en unas elecciones y la composición del parlamento en otras, en España todo se concentra en una sola votación; las próximas son el 29 de noviembre.
Si no pasa nada (que todo es posible), todos los modelos demoscópicos apuntan a que —con más o menos margen— PP y Vox sumarán los 176 diputados necesarios para formar mayoría en el Congreso y poder elegir al nuevo presidente español. Ahora bien, a pesar de todo lo que se dice y los mensajes del miedo que se van repitiendo, Vox no tiene tan claro esto de entrar en un gobierno de coalición y tener ministerios. Pensando no en esta legislatura sino en la siguiente, Vox está meditando muy seriamente investir a Alberto Núñez Feijóo, dejar que gobierne en solitario y condicionarlo tanto como pueda de manera externa. Es decir, promoverán la investidura de un presidente del PP, ya habrán cumplido la misión de echar a Pedro Sánchez de la Moncloa, pero querrán evitar quemarse políticamente asumiendo la gestión de algunas carteras.
De hecho, es más que posible que entre las elecciones del 29 de noviembre y la votación de la investidura, en el mes de enero, Vox escenifique que no se está poniendo de acuerdo con el PP, que investirá a Alberto Núñez Feijóo por responsabilidad patriótica española, pero que renuncia a tener ministerios. Feijóo no tendrá más remedio que gobernar en solitario y, durante cuatro años (si es que llega), estará atado de pies y manos con el partido de Abascal. Cada ley, cada presupuesto y cada iniciativa que quiera sacar adelante el PP será un trance que tendrá que superar con Vox, mientras que, por el contrario, cualquier episodio de desgaste del Gobierno (como un accidente de tren, un verano lleno de incendios, una votación parlamentaria perdida o un incidente diplomático) lo asumirá el PP en solitario y Vox se mantendrá intacto.
Cada ley, cada presupuesto y cada iniciativa que quiera sacar adelante el PP será un trance que tendrá que superar con Vox, mientras que, por el contrario, cualquier episodio de desgaste del Gobierno lo asumirá el PP en solitario y Vox se mantendrá intacto
Políticamente, está quedando demostrado que en tiempos de crisis permanente, de subida del precio de los alimentos, de mal funcionamiento de las infraestructuras y de sensación de futuro incierto, gobernar no suma votos; es más, los resta. En las próximas elecciones es posible que PSOE y Sumar pierdan diputados, Salvador Illa no consigue despegarse en las encuestas (más bien perdería escaños) y, contra todo pronóstico y a pesar de que todo el mundo coincidía en lo bien que lo hacía, el presidente andaluz, Juanma Moreno, sacó peor resultado en las elecciones de mayo que en las anteriores, donde había obtenido mayoría absoluta.
Vox es consciente de todo esto y también de que el 29 de noviembre de 2026 no es su momento. La internacional de la extrema derecha (ideada, promovida y tutelada por Steve Bannon) tiene muy claro que la cocción del asalto al poder consiste en una primera fase pensada para crecer a la sombra del cordón sanitario (político, social y familiar), en una segunda para condicionar votaciones y el discurso de los partidos de derecha, en una tercera para reducir todo el debate político al blanco o el negro y, finalmente, conseguir la victoria electoral por desaparición de los matices, de los centros moderados y después de una polarización al límite del enfrentamiento civil. También es cierto que tanto en Francia como en Estados Unidos la polarización ya la comporta el mismo sistema electoral para elegir presidente, en el que solo hay dos opciones. En cualquiera de los casos, para llegar a este estadio, el escenario de ser muleta de gobierno de un partido de centroderecha (a riesgo de desgastarse) no beneficia a Vox en esta estrategia. Están preparando una hoja de ruta mucho más disruptiva.
