Hoy, como implicada, me gustaría hablar de los radicalismos (tú no eres como yo: tú no puedes existir), de la simplificación del pensamiento (incapacidad de estructurar una frase y, por tanto, incapacidad de hacer razonamientos complejos), del triunfo de la estupidez y la intolerancia y de los señalamientos (boicot a quien no piense como yo). No era difícil prever que la decadencia intelectual que hace años que sembramos gracias a los buenistas happyflowers tarde o temprano daría sus frutos. Ahora simplemente los estamos recogiendo. Haber simplificado el temario escolar para no traumatizar a los alumnos y haber optado por una educación en la que está prohibido decir que no, porque, como dijo Laura Gutman (escritora e investigadora de la conducta humana) en Catalunya Ràdio, "Ningún niño pide lo que no necesita. Si un niño quiere dormir con los padres o con un hermano mayor es porque lo necesita" —es decir, que si un niño quiere dormir con sus padres hasta los veintidós años y mirar YouTube en vez de ir a clase es porque lo necesita y, por lo tanto, se le tiene que permitir para que no piense que el mundo es un lugar hostil—, tiene estas consecuencias. Según esta mujer (si es que es cisgénero), son los niños los que se autoeducan (ellos deciden si tienen que mirar YouTube o ir a clase). Un intercambio de roles muy característico de nuestra era y con consecuencias nefastas para los hijos. Con esto no digo que no se deba escuchar a los hijos; al contrario, digo que —en una sociedad ideal en la que todos los padres están centrados y no arrastran traumas no resueltos— los adultos tienen que escucharlos y decidir qué es mejor para ellos (no al revés). Un niño se está formando: tiene que aprender unos valores, unas normas de conducta; en definitiva, tiene que aprender a convivir en una sociedad y a aportar algo a ella. Si dejamos que los niños elijan lo que —ellos consideran que— necesitan en todo momento, tendremos una sociedad en la que todo el mundo vivirá de subsidios (porque nadie querrá hacer nada) y en la que, si no haces lo que quieren o tienes una opinión diferente de la suya, te dirán que eres una fascista y que no mereces vivir. ¿Os suena?
No hay nada peor para la convivencia que la estupidez, la intolerancia, la falta de empatía y la destrucción del debate
Se ha confundido la educación inclusiva con la deseducación. Y pagaremos las consecuencias de ello durante años. En mi caso (y pondría la mano en el fuego que no soy la única que se encuentra en esta situación), el razonamiento deductivo (poco elaborado, obviamente) para señalarme públicamente y marginarme social y laboralmente ha sido este. Primera premisa: Aliança Catalana es un partido racista (aunque las personas que lo afirman crean que las razas no existen). Detengámonos aquí un momento, porque es el colmo. Según el DEIEC, racismo es la "tendencia a considerar unas razas humanas superiores a las otras y, consecuentemente, a discriminar las tenidas por inferiores". ¿Qué razas considera inferiores Aliança Catalana? Creo que confunden no encontrar compatible el islam y los valores occidentales con el racismo, pero yo no soy nadie para llevarles la contraria. Continuemos. Segunda premisa: eres seguidora de Aliança Catalana. Aquí habría que definir qué significa ser seguidor de Aliança Catalana, porque muchas personas creen que ser seguidor significa estar afiliado y tener todo el dormitorio lleno de fotos de Sílvia Orriols. Pero podría querer decir también que compartimos valores o puntos de vista o una misma visión de la realidad en algunos aspectos. Conclusión: eres una racista de mierda que merece desaparecer de este planeta y no encontrar trabajo en ningún sitio. Es decir: conviertes todo aquello que tu cerebro limitado —por una neurosis feroz provocada por una educación nefasta— considera que no encaja con tu manera de pensar en un monstruo y a todo aquel que se le parece, en alguien a quien hay que destruir porque te incomoda y hace tambalear tu estabilidad de "se hace lo que yo quiero". Y aquí empiezan los señalamientos, las humillaciones, los boicots, los insultos y, en los casos más graves, las amenazas de muerte. Una de las consecuencias de tener un pensamiento limitado es que llegas a conclusiones erróneas porque no tienes en cuenta todos los factores (básicamente porque no eres capaz de percibirlos y de entenderlos), porque simplificas la información y porque te basas en suposiciones iniciales que ya son erróneas.
¿De verdad queremos una sociedad polarizada de individuos unineuronales que, de una gama infinita de colores, solo ven los colores blanco y negro? No hay nada peor para la convivencia (porque, sí, tenemos que convivir todos juntos) que la estupidez, la intolerancia, la falta de empatía y la destrucción del debate. Pensemos en ello (si todavía somos capaces).
